En la vanguardia desamparada
Uno tarda en darse cuenta de que sobrevivir es quedarse solo. Lo sabe la persona longeva que celebra cada cumpleaños como un regalo, pero que en tanto tiempo de camino lúcido ha ido perdiendo a demasiados de los que quería. Un día los números le dicen que ya tiene más amigos en el cementerio que fuera y se aferra a la gente que le queda y a la que ha llegado en los últimos recodos para no tener que pensar que estará mejor cuando se mude allí donde están los suyos. Donde lo esperan. Nunca me atreví a preguntarlo porque me parecía demasiado crudo, pero se me figura que si en la vida se camina hasta cierta edad con gente... Ver Más