Florentino Pérez debió estar
Es imposible que Florentino Pérez esté tan ausente en esta crisis del Real Madrid como parece. No habla. No se le ve. No acude. El presidente se ha salido totalmente del foco en un momento de zozobra institucional y deportiva. No es nuevo que no viaje a Barcelona porque su relación con Laporta está rota y detesta, como es lógico, sumarse a fiestas ajenas para ver como se levantan copas delante de sus narices. Pero, esta vez, era diferente. El líder debe serlo, sobre todo, en los momentos difíciles, y el domingo fue uno de ellos. Lo mismo que Mbappé , el máximo responsable del club debió acompañar al equipo y transmitir algo de confianza en el futuro, tan sencillo como eso. Una cosa es la prudencia y la discreción, otra la distancia y el desapego. Florentino no estuvo tampoco en el vestuario la pasada semana para ponerle las pilas a los jugadores tras las peleas (plural) de Valverde y Tchouaméni. Hubo sanción, pero ninguna explicación desde el club a todo lo ocurrido. El Madrid se quedó en manos de un comunicado lamentable del uruguayo, otro del francés y la rueda de prensa de un entrenador superado ya por las circunstancias. El club necesita mucho más. No vale con cerrar la puerta, no vale con tu canal de televisión. Todo el mundo habla menos el que tiene que hablar. Él, que siempre ha manejado su relato con una serie de periodistas cercanos, mantiene ahora una nebulosa tremenda sobre sus decisiones. No termina de ser claro ni con los afines. Consciente de lo que está ocurriendo, sabe que necesita un entrenador duro que altere un poco el ecosistema de felicidad que se ha instalado en Barcelona, que le ponga las pilas a los jugadores, que compita y que de paso le pare los pies a la prensa con sus feroces críticas de las últimas dos temporadas. Los caminos le llevan a Mourinho , del que se enamoró ciegamente porque dentro de ese traje azul y esa compostura contenida, hay un presidente muy de ese estilo. Quizá sea la última baza de Florentino. Y quizá le salga bien. Pero ya no le quedan muchas más cartas. Hace un año su apuesta por Xabi Alonso era ilusionante. Esta es distinta, suena a desesperada. Es posible que lo haga porque el más desesperado con todo sea él.