El papel estratégico del BNCR en la transformación productiva
Costa Rica enfrenta hoy un desafío esencial para su futuro: cómo transformar el crecimiento económico en mayores oportunidades, mejores salarios y bienestar para la mayor parte de la población y del territorio nacional.
Durante las últimas décadas, el país logró avances extraordinarios. La apertura económica, la estabilidad institucional y la atracción de inversión extranjera permitieron consolidar sectores altamente dinámicos vinculados a manufactura avanzada y servicios intensivos en conocimiento. Estos logros explican, en buena medida, por qué Costa Rica hoy es miembro pleno de la OCDE y ha sido clasificada por el Banco Mundial como economía de ingreso alto.
Sin embargo, alcanzar ese nivel de desarrollo implica enfrentar desafíos más complejos. El principal ya no es únicamente crecer, sino aumentar sostenidamente la productividad del país. Es decir, lograr que más empresas nacionales puedan innovar, digitalizarse, adoptar nuevas tecnologías, integrarse a cadenas de valor sofisticadas y generar empleos de mayor calidad.
La realidad es que Costa Rica convive hoy con una marcada dualidad productiva. Mientras algunos sectores compiten exitosamente en mercados globales, miles de empresas nacionales enfrentan dificultades para acceder a financiamiento, capacidades gerenciales, digitalización, certificaciones, innovación y acceso a mercados. Superar esta brecha requiere una visión moderna de desarrollo productivo. Y la experiencia internacional demuestra que ello no ocurre de manera espontánea.
Las economías más exitosas han contado con instituciones de banca de desarrollo capaces de complementar a la banca comercial tradicional en áreas donde existen fallas de mercado, altos riesgos, retornos de largo plazo o necesidades de transformación productiva que difícilmente son financiadas bajo esquemas convencionales.
Alemania utilizó al banco público KfW para impulsar innovación, digitalización y financiamiento verde. Corea del Sur contó con el Korea Development Bank para acelerar industrialización, upgrading tecnológico y expansión exportadora. Finlandia fortaleció su ecosistema de innovación mediante organismos financieros públicos especializados que apoyaron el surgimiento de empresas tecnológicas de clase mundial. En América Latina también existen experiencias relevantes: BNDES en Brasil, Bancóldex en Colombia, y CORFO en Chile, han desempeñado un papel estratégico en innovación, transformación productiva, financiamiento empresarial y desarrollo tecnológico.
Costa Rica posee una institución con capacidades excepcionales para evolucionar en esa dirección: el Banco Nacional de Costa Rica (BNCR). Por su escala financiera, cobertura territorial, experiencia sectorial y legitimidad histórica, el BNCR podría convertirse en un actor clave dentro de una agenda moderna de productividad, innovación y crecimiento inclusivo. No para sustituir al sector privado ni para crear más burocracia, sino para complementar estratégicamente al sistema financiero en áreas críticas para el desarrollo.
La propuesta no consiste en apoyar indiscriminadamente a todas las empresas. El enfoque debe concentrarse en emprendimientos dinámicos y empresas con potencial de crecimiento, innovación y generación de empleos de calidad. Muchas de estas empresas poseen talento y oportunidades, pero enfrentan restricciones para financiar procesos de transformación digital, automatización, adopción tecnológica, sostenibilidad o expansión productiva. Además, requieren acompañamiento técnico, fortalecimiento gerencial y acceso a ecosistemas de innovación.
Complementariamente, Costa Rica posee un activo extraordinario que aún puede aprovechar mucho más: la presencia de empresas multinacionales altamente sofisticadas. Países como Irlanda, Finlandia y Corea del Sur lograron convertir esas inversiones en plataformas para desarrollar proveedores locales, nuevos emprendimientos dinámicos y ecosistemas nacionales de innovación. Nuestro país tiene el potencial para avanzar en esa misma dirección. Pero el verdadero desafío no es únicamente financiero. Es institucional.
Costa Rica ya cuenta con numerosas capacidades públicas y privadas: SBD, MEIC, Micitt, PCCI, Procomer, INA, universidades, gobiernos locales y cámaras empresariales, entre muchas otras. El problema no es la ausencia de instituciones, sino la fragmentación con la que frecuentemente operan.
Precisamente por ello, la OCDE ha enfatizado en la importancia de fortalecer los llamados “Centros de Gobierno”: mecanismos de coordinación estratégica desde el Poder Ejecutivo capaces de alinear prioridades nacionales, recursos e instituciones alrededor de objetivos compartidos.
Ese enfoque resulta particularmente relevante para Costa Rica. Una agenda moderna de productividad e innovación requiere liderazgo estratégico desde Presidencia y Mideplán, coordinación interinstitucional efectiva y una clara orientación hacia resultados. En ese marco, el BNCR podría actuar como una poderosa plataforma ejecutora y articuladora de instrumentos financieros y programas de transformación productiva.
Aumentar la productividad no es un objetivo tecnocrático ni ideológico. Es una condición indispensable para generar mejores salarios, fortalecer la competitividad, reducir brechas territoriales y ampliar las oportunidades para miles de personas y empresas. La productividad, cuando es inclusiva, beneficia a toda la sociedad.
Costa Rica no necesita reinventarse desde cero. Necesita dar un nuevo paso en su evolución institucional y productiva, aprovechando mejor las capacidades que ya posee y construyendo una visión compartida de largo plazo. La oportunidad está frente a nosotros. Aprovecharla dependerá de nuestra capacidad para coordinar esfuerzos, construir consensos y apostar juntos por una economía más innovadora, dinámica e inclusiva.
rmonge@academiaca.or.cr
Ricardo Monge González es el presidente de la Academia de Centroamérica.