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¿Y después de la secundaria, qué?, por Misión Educación

*Colabora Guiomar Alonso Cano, representante de la Unesco en el Perú.

En el Perú, terminar la secundaria debería ser el inicio de nuevas oportunidades. Sin embargo, para miles de jóvenes representa el inicio de una incertidumbre prolongada. Según datos del Inei (2023) y del Minedu (2024), solo tres de cada 10 logran transitar a la educación superior; en las zonas rurales, cuatro de cada cinco quedan excluidos, lo que profundiza las brechas territoriales.

Esta ruptura en las trayectorias educativas no es individual, sino estructural. La Agenda 2030, a través del Objetivo de Desarrollo Sostenible 4 (ODS 4), compromete al país a garantizar trayectorias educativas continuas y de calidad, con acceso equitativo a la educación técnica y superior, desarrollo de habilidades para el empleo y aprendizajes vinculados a ciudadanía y sostenibilidad. Este miércoles, el Perú está lejos de cumplir esas metas.

El problema excede el acceso. Diversas evaluaciones de la OCDE muestran que muchos estudiantes culminan la secundaria con debilidades persistentes en lectura, matemáticas y resolución de problemas, lo que limita seriamente sus posibilidades de sostener estudios posteriores.

Las consecuencias también son económicas y sociales. El estudio El precio de la inacción estima que mantener los actuales niveles de abandono escolar hasta 2030 podría costarle al país alrededor de 15.200 millones de dólares (6% del PBI), mientras que los bajos aprendizajes generarían pérdidas cercanas a 45.200 millones de dólares, equivalentes al 18% del PBI proyectado (Unesco, OCDE y Commonwealth, 2024). No se trata solo de cifras: detrás de ellas hay millones de jóvenes con oportunidades truncadas, menor productividad, más exclusión y una cohesión social más frágil.

Revertir esta situación exige fortalecer la secundaria como un espacio conectado con el proyecto de vida de los jóvenes, ampliar rutas postsecundarias más flexibles y articular educación, protección social y empleo, especialmente en contextos rurales.

El próximo gobierno no puede seguir tratando esta crisis como un asunto secundario. Garantizar la continuidad educativa de los jóvenes debe ser una prioridad nacional, con visión de largo plazo y articulación con los territorios y gobiernos locales. Porque cada joven que abandona sus estudios no solo pierde oportunidades: el Perú pierde talento, desarrollo y futuro.

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