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Gool, de Yllana en el Rojas: una sátira futbolera que marca sin despeinarse

Abc.es 
Gool es, básicamente, lo que pasa cuando alguien dice: «¿Y si hacemos un espectáculo sobre fútbol… pero sin balón, sin reglas y sin VAR?». E Yllana responde: «Sujétame el refresco». El resultado es una sátira desmadrada , un espectáculo visual y un carrusel de gags. El equipo creativo que produce el espectáculo vuelve a demostrar que domina el humor físico como quien controla un balón pegado al pie: con soltura, con descaro y con una precisión que parece improvisada, pero que está milimétricamente coreografiada. El Teatro de Rojas de Toledo se convierte, por obra y gracia de la compañía, en un estadio donde el público no necesita bufanda, pero sí cuenta con unas banderitas, pues también es protagonista de este dinámico espectáculo participativo cuyo objetivo no va más allá del pasatiempo y la diversión. En esta obra, los creativos se meten de cabeza —y sin casco— en el universo del llamado deporte rey , ese fenómeno social que mueve masas, millones y discusiones interminables entre cuñados, redes sociales y, por supuesto, memes. Gool es una mirada cómica a ese mundo que une, separa, revuelve y emociona a millones de personas que persiguen una pelota… y a veces también a los árbitros. La función más que pretender explicar el fútbol lo desmonta, lo exagera, lo caricaturiza y lo devuelve al público convertido en un espejo deformante donde todos reconocemos algo del hincha que llevamos dentro. La sátira es directa, visual y sin rodeos; y sin cortarse un pelo pasan por el aro de lo cómico hinchas, árbitros, estrellas mediáticas, comentaristas, fichajes imposibles. El espectáculo es marca de la casa, puro desparrame; es tan dinámico que, si pestañeas, te pierdes tres chistes y un regate. El plan de juego está pensado en modo torbellino. El ritmo no baja ni para beber agua. Cada secuencia encadena la siguiente con una fluidez que recuerda a un contraataque bien ejecutado. El humor físico, lo mímico, el gesto exagerado, el tópico futbolero se despliegan con una energía contagiosa, y el público, el jugador número doce, entra rápidamente en ese código gamberro y visual que la compañía maneja con maestría. Todo está pensado para que los aficionados/espectadores colaboren en el espectáculo y se entretengan con el ritmo frenético, el humor, las situaciones absurdas y ese estilo propio que hace que el público ya vaya preparado para reír… no tanto para sorprenderse, porque con esta factoría teatral uno ya sabe que va a ver exactamente lo que quiere ver: desmadre, ingenio y carcajadas. La dramaturgia está construida como una sátira con botas de tacos, un partido loco que en el primer tiempo ofrece calentamiento de risas; en el segundo, ataque constante de gags; y en la prórroga el público pidiendo más. Además, gana el equipo más flojo, ¡como debe ser! Yllana dispara contra todo: la pasión futbolera, los hinchas, los árbitros, los fichajes millonarios, los egos, los himnos, los piques, los comentaristas… Nadie se libra. Es humor que no llega a mordaz, visual y universal, porque todos hemos vivido —o sufrido— el fútbol de alguna manera. La dramaturgia funciona como un partido sin tiempos muertos con escenas breves, gags encadenados, situaciones risibles que se elevan hasta el delirio, y un subtexto que, sin ponerse solemne, apunta a la contradicción humana de perseguir obsesivamente una pelota. La escenografía, de un minimalismo ingenioso , viene a ser un estadio comprimido en un escenario, donde se juega con elementos reconocibles del universo futbolero. Se apuesta por la versatilidad con pocos elementos, pero muy bien utilizados, donde todo se transforma: un banquillo, un vestuario, un túnel de jugadores, un plató deportivo… El espacio se adapta al humor, no al revés, y eso permite que la imaginación del público complete el resto, pues los objetos se pueden transformar en cualquier cosa. Todo vale mientras cumpla el objetivo del entretenimiento. El vestuario de Tatiana de Sarabia aporta color y un guiño constante al imaginario futbolístico. Es funcional, divertido y contribuye al tono satírico sin robar protagonismo a la acción. Los directores David Ottone y Fidel Fernández mantienen el pulso firme, orquestan el caos y realizan el trabajo de un buen entrenador dando juego para que cada intérprete cumpla su papel, que el ritmo no decaiga, que el equipo tenga hechuras y que el público salga sudado… de tanto reír. Su trabajo es un ejercicio de precisión rítmica para generar el máximo efecto cómico. La interpretación es la de un equipo que juega al 'tiqui taca' y al ataque y que no se para en contemplaciones. Rubén Hernández , Susana Cortés, Edu Ferres y Totó Curcio forman un cuarteto que se deja la piel en el campo y funcionan como un engranaje ajustado interpretando una galería de personajes diversos. Corren, saltan, gritan, acaso improvisan, se transforman en personajes imposibles y hacen humor físico con algunos ruidos en ausencia de lenguaje. Son como un equipo de champions: cada uno tiene su rol, pero juntos son imparables. Hay que destacar la versatilidad del conjunto y la complicidad escénica entre ellos, que es lo que sostiene el espectáculo. Gool es una función para un público sin exigencias teatrales, que quiere surfear una ola sin pretensiones; es el típico y tópico teatro para divertirse, desconectar y pasarlo pipa. Una vez más podemos decir que, con esta actuación en el Teatro de Rojas, Yllana juega en casa. El público toledano, que llenaba el teatro, ha aplaudido con ganas como hinchas satisfechos con el juego de su equipo. Título: Gool . Autor: Yllana . Dirección: David Ottone y Fidel Fernández . Intérpretes: Rubén Hernández, Susana Cortés, Edu Ferres y Totó Curcio . Vestuario: Tatiana de Sarabia . Producción: Producciones Yllana . Escenario: Teatro de Rojas .

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