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Benoît Larrouquis, diputado francés, ve oportunidades en movilidad con el nuevo gobierno de Costa Rica: ‘Francia es un socio fiable y previsible’

Con motivo del traspaso de poderes del pasado 8 de mayo, Costa Rica recibió la visita del diputado de Francia, Benoît Larrouquis, representante de los franceses en el extranjero y quien forma parte del partido del presidente Emmanuel Macron.

Durante su estadía, Larrouquis conversó con La Nación sobre la histórica y rica relación bicultural entre ambas naciones, las oportunidades de cooperación en movilidad y sostenibilidad que se podrían abrir con el nuevo gobierno de Laura Fernández, así como los retos de Francia frente a la ola de proteccionismo global y la aparente merma del multilateralismo.

Para él, esta supone una oportunidad para su país y para la Unión Europea hacia una búsqueda de autosostenibilidad estratégica.

Además, analizó el panorama político francés ante el auge de los extremismos, a las puertas de las elecciones presidenciales del 2027. A continuación, un extracto de la entrevista.

La tradición bicultural de Francia y Costa Rica es muy rica. El Liceo Franco-Costarricense y la Alianza Francesa son espacios muy reconocidos. ¿Cómo está la salud de estos programas y apoyos culturales y educativos en el 2026?

—Primero, hay que decir que tenemos una gran oportunidad educativa en Costa Rica debido a que el francés se enseña en las escuelas públicas. Es el único país de Latinoamérica que propone eso y es una palanca extremadamente positiva para nosotros. El Liceo Franco y la Alianza Francesa están en muy buena salud. La Alianza Francesa se está ampliando y remodelando con fondos propios, lo que demuestra que es un modelo exitoso, autosostenible y que responde a una demanda local. El Liceo Franco-Costarricense sigue funcionando muy bien, con más de 1.000 alumnos y un nivel académico sustancial.

En este momento de austeridad y presión fiscal en Francia bajo el gobierno de Macron, ¿están amenazadas estas redes educativas y lingüísticas en el extranjero?

—Estos programas no están en peligro para nada. Sí tenemos temas presupuestarios en Francia; tenemos una deuda importante y un déficit del 5% que votamos el año pasado. Sin embargo, nosotros, los 11 diputados y 12 senadores que representamos a los franceses en el extranjero, defendemos cada año que el punto clave es mantener las escuelas.

“Esto permite que nuestros hijos conozcan la cultura, pero también es una herramienta diplomática y económica extraordinaria. Los ejecutivos de grandes empresas francesas buscan establecerse donde haya una escuela francesa para sus familias. Con la presidencia de Macron no hay peligro; de hecho, se mantuvieron los créditos y las becas para las familias en dificultad”.

En el ámbito global, vemos un regreso de la política de “América primero” (America First) en Estados Unidos y un rechazo del multilateralismo. ¿En qué posición deja esto a Francia y a Europa, siendo potencias que tradicionalmente han defendido ese multilateralismo y que ahora enfrentan restricciones en el financiamiento de organismos internacionales?

—Estados Unidos se inscribe en una diplomacia transaccional; nosotros nos inscribimos en una diplomacia multilateral. Somos miembros del Consejo de Seguridad de la ONU y presidimos el G7 este año. Es un hecho comprobado que somos un socio fiable y previsible. Sin embargo, esto implica una reorganización.

“Por ejemplo, en la Europa de la defensa, ya nos dimos cuenta de que tenemos que agruparnos e invertir en un fondo común porque hoy en día no siempre podemos contar con el apoyo de un aliado histórico como Estados Unidos. Lo vemos como una oportunidad para aprender a sostener estas organizaciones con presupuestos propios”.

En esta nueva era, Europa parece haber perdido cierto protagonismo frente a los grandes líderes tecnológicos o automotrices. ¿Cómo están manejando el retraso en temas como la inteligencia artificial o los vehículos eléctricos?

—Sí, tenemos un retraso. Nos hemos despertado un poco tarde en inteligencia artificial, al igual que en la industria automotriz y en las energías renovables. Pero estamos invirtiendo mucho dinero para recuperar una posición de liderazgo. Con el problema energético actual, no se trata de pasar de una dependencia de energía fósil en el Golfo a una dependencia de energía renovable con China. Estamos trabajando en cadenas productivas para ganar soberanía en temas estratégicos.

Aterrizando en la relación bilateral, ¿cuántos franceses viven hoy en Costa Rica y cuántos turistas nos visitan?

—Tenemos alrededor de 2.600 franceses dados de alta en el Consulado, lo que nos hace suponer que la cifra real ronda los 5.000. Además, hay entre 100.000 y 150.000 turistas franceses cada año. Con respecto a los franceses residentes en Costa Rica, es una comunidad bastante joven y emprendedora en comparación con el promedio de franceses en América Latina.

La inversión extranjera directa de Francia en Costa Rica creció entre el 2024 y el 2025, pero puede ser difícil de medir porque las empresas invierten a través de filiales en otros países. ¿Cómo ven el panorama económico y de infraestructura con el nuevo gobierno costarricense?

—Es cierto que las cifras de inversión directa son complicadas por ese efecto de los flujos comerciales a través de Panamá o México. Pero tenemos un potencial importante de inversión en Costa Rica. Esperamos que el nuevo gobierno tome su lugar y actúe sobre proyectos estructurales que tienen que ver con energía renovable y ciudades sostenibles.

“De hecho, el 1.º y 2 de junio tendremos un foro en el Hotel Presidente, en San José, organizado por la Embajada de Francia junto a la Cámara de Comercio, para presentar soluciones sobre ciudades sostenibles, temas de energía, transporte y tratamiento de aguas”.

La movilidad urbana, el transporte público y el tratamiento de basura son dolores de cabeza en Costa Rica. Francia tiene empresas líderes en estos campos. ¿Están dispuestos a financiar y participar en estos proyectos?

—Totalmente. Tenemos expertos mundiales en estos dominios trabajando en toda América Latina, y es una necesidad obvia en Costa Rica. Además, no solo tenemos las soluciones técnicas, sino los mecanismos de financiamiento. Nuestra Agencia Francesa de Desarrollo (AFD) fue el primer banco bilateral de desarrollo en Costa Rica y hoy tiene 500 millones de euros en préstamos activos para proyectos de desarrollo sostenible. Esperamos que las autoridades y tomadores de decisiones asistan a nuestro foro para conocer este ecosistema.

Costa Rica ha retrocedido en índices de libertad de prensa y seguridad ciudadana, y se han cuestionado los discursos y acciones orientados hacia la concentración de poder por parte del expresidente Rodrigo Chaves. ¿Cuál es la visión de Francia sobre esta situación interna?

—La posición de Francia respecto a la libertad de prensa es clara y establecida, pero a mí no me toca hacer juicios de valor sobre temas de política interior de Costa Rica. Estoy aquí para apoyar lo que nos une y no para comentar lo que nos desune. Eso se lo dejo a los responsables políticos nacionales.

En Francia tendrán elecciones presidenciales el próximo año. Vemos un auge del populismo y de la extrema derecha con figuras como Marine Le Pen y Jordan Bardella. ¿Qué escenario prevé para su país?

—Estamos preocupados por el alza de los populismos. La extrema derecha lidera hoy las encuestas para la primera vuelta. El mundo se vuelve complejo y ellos pretenden tener soluciones sencillas, lo cual logra canalizar el resentimiento y el enojo de una parte de la población. Sin embargo, no creo que Jordan Bardella logre ganar las elecciones. En la segunda vuelta, la dinámica cambia. Aun así, es un enojo que hay que entender y atender. El reto de los partidos tradicionales y moderados es saber explicar y comunicar mejor nuestras soluciones para que la población recupere la confianza.

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