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La ‘miss’ que vive con dolor crónico, la cirujana que rompe moldes y la joven que halló su rumbo: así es la vida de tres candidatas al Miss Universo Costa Rica

El camino al Miss Universo Costa Rica 2026 se llena a cada paso de nuevas e intensas emociones, sentimientos encontrados y, sobre todo, de cientos de reflectores, que se posan insistentemente sobre las 14 candidatas que se disputarán la ansiada corona.

Los ojos del mundo están sobre las participantes, ya que, por primera vez, el certamen —que se realizará el 5 de junio en el Centro de Convenciones— tendrá entre sus invitadas a tres reinas universales: Sheynnis Palacios, Victoria Kjaer y Fátima Bosch; además del zar de la belleza, Osmel Sousa.

En este camino, La Nación conversó con otras tres concursantes que rompen estereotipos: desde la vocación de servicio en el área de la salud de Chantal Solano y Samaria Montero, quienes han sabido equilibrar la exigencia de la medicina con la disciplina de los certámenes, hasta la valentía de Nayeli Montenegro, quien representa el crecimiento personal y la superación de los miedos tras un proceso de transformación profunda.

Chantal Solano: la fuerza de la determinación

La representante de la provincia de Alajuela, Chantal Solano, es la voz de aquellos que viven con una enfermedad crónica, en este caso en el sistema nervioso: la condición con la que vive y visibiliza es la fibromialgia.

Desde hace aproximadamente cinco años inició en los concursos de belleza; sobre temas relacionados con la salud intenta ser una voz desde las tarimas, pero además busca serlo desde su profesión, ya que estudia para ser médica.

—¿Cómo inició en los certámenes?

Ya tengo un poco de trayectoria; soy reina regional, nacional e internacional en el Miss and Mr. Beauty Universal. Fui reina “Petit” debido a mi estatura y el concurso se llevó a cabo en Ecuador. Mi sueño era estar en Miss Universo Costa Rica y ahora lo estoy cumpliendo.

—¿Cómo es su vida fuera de los certámenes?

Es muy curioso porque hago muchísimas cosas; no me enfoco en una sola. Soy estudiante de medicina y de violín, practico danza y soy líder de jóvenes. Siempre estoy en muchas actividades, por lo que siento que puedo adaptarme a diversos ambientes. Ese “corre-corre” constante es lo que me gusta y lo que define quién es Chantal.

—¿Cómo nace en usted el estudiar medicina?

Yo tengo una enfermedad llamada fibromialgia. La padezco desde los siete años y, debido a esto, he pasado mucho tiempo en ambientes hospitalarios entre médicos y enfermedades. Siento que a veces hace falta personal de salud que trabaje desde la vocación y el amor. De ahí nació mi enamoramiento por la carrera; lo supe desde pequeña.

—¿Padece esta enfermedad desde la infancia?

Sí, mi fibromialgia es postraumática. Apareció porque no supe llevar bien el luto tras el fallecimiento de mis abuelitos. A partir de ese estrés, me diagnosticaron a los siete u ocho años.

—¿Cómo es la fibromialgia?

Es una enfermedad que no todos conocen; es una ‘enfermedad fantasma’ porque no es visible físicamente. Eso lo hace difícil, porque la gente cree que, si uno está sonriendo y activo, todo está bien, cuando realmente no siempre es así. Uno debe tener la valentía para afrontar lo que venga.

”A veces juzgan sin saber lo que hay detrás de una sonrisa o de una “miss”. Es difícil sobrellevar esta responsabilidad con la enfermedad porque muchos creen que uno actúa con pereza o desgano, sin saber que tal vez te sientes muy mal, pero estás dando lo mejor de vos".

—¿Qué consecuencias ha vivido a raíz de la enfermedad?

Conlleva muchísimo dolor. Algunos libros y pacientes lo describen como tener una fractura constante. Imagínate el dolor de un hueso quebrado durante días, semanas o meses en las crisis más fuertes. Gracias a Dios, mis papás nunca permitieron que esto fuera una limitación.

”Con otra crianza, tal vez no estaría donde estoy hoy. Los valores que me inculcaron son la base para no quedarme postrada en una cama, sino enfrentar el dolor y seguir”.

—Tomando en cuenta eso, ¿qué ha sido lo más bonito y lo más complicado del certamen?

Lo más bonito ha sido convivir con mujeres espectaculares que me han enseñado cosas que no sabía que existían. Ya me acostumbré a estar con ellas y voy a extrañarlas. También el tema de las pasarelas ha sido clave; es una de mis fortalezas y de lo que más disfruto.

”Lo más difícil ha sido levantarme cuando estoy muy cansada. Con la enfermedad, a veces mi energía está al mínimo y cumplir con la responsabilidad —aunque lo haga con amor— resulta agotador”.

—¿Cuál es el mensaje que desea compartir?

Las metas y los sueños no son imposibles siempre que uno sepa qué quiere y hasta dónde quiere llegar. Lo más importante es mantener claros los valores de casa y no ponerse limitaciones. Aunque requiera un esfuerzo extra o la energía esté al mínimo, lo vital es nunca dejarse vencer y mantener la mente enfocada.

Samaria Montero: la médica y cirujana que rompe moldes

Samaria Montero es una guanacasteca de 26 años que no es para nada ajena a los certámenes de belleza; su nombre es conocido entre los seguidores de estos concursos. Sin embargo, su momento para aspirar a la corona tica llegó hasta ahora, pues en el pasado mes de abril terminó su carrera como médica, con la cual desea romper el molde de no solo ser bonita, sino de que la preparación es muy importante.

—¿Cómo inició en los certámenes?

Inició como un sueño a los 15 años. Con el paso del tiempo y tras participar en varios concursos, descubrí que los certámenes van más allá de la belleza física. Son una plataforma de disciplina, resiliencia y, sobre todo, una herramienta para inspirar e impactar positivamente la vida de los demás.

”A los 15 años fui Miss Teen Belleza Turismo Mundial. Luego, en 2017, gané la corona de Miss Continente Americano en México. En 2021 también gané Miss Expo World. Mi sueño siempre fue Miss Universo y hoy estoy aquí cumpliéndolo”.

—¿Cómo es su vida fuera de los certámenes?

Soy médica y cirujana, recién egresada. También soy apasionada del mundo equino, algo que me caracteriza como mujer guanacasteca y que heredé de mi papá.

—¿Cómo compagina la medicina con los certámenes, considerando los estereotipos que existen?

Es una pregunta constante. Me la hicieron incluso en la final de Miss Continente Americano. Fue un proceso difícil; tuve que hacer pausas en los certámenes para cumplir con la universidad. Hubo gente que me dijo que, si iba a ser médica, debía abandonar los reinados. Pero yo me pregunté: ¿Por qué abandonar un sueño si soy capaz de lograr todo lo que me proponga?.

”Entendí que no son caminos que se contradicen, sino que se complementan. Acabo de terminar la carrera, así que este año decidí enfocarme al 100 % en Miss Universo porque antes el tiempo en el hospital no me lo permitía”.

—¿Cuál es su historia de vida?

Se resume en una vida de sueños y perseverancia. A través de los certámenes he tratado de crecer tanto en lo académico como en lo personal. Mi vida se basa en creer en mí misma y en la firme toma de decisiones.

—¿Ha recibido comentarios negativos por combinar ambas facetas?

Más que despreciativos, han sido cuestionamientos sobre cómo una médica puede estar en un certamen. Yo quiero demostrar que una mujer en este ámbito no solo es bella, sino que puede estar preparada profesionalmente. Eso ayuda a desenvolverse en cualquier escenario social e internacional.

En redes sociales la ponen como una de las favoritas. ¿Se siente como tal?

Agradezco muchísimo el apoyo nacional e internacional; es un motor diario. Me siento lista y preparada porque he trabajado para esto desde los 15 años. Daré lo mejor de mí y, de la mano de Dios, que sea lo que Él quiera.

— ¿Cuál es su mensaje final?

Que nunca se rindan y crean en sí mismos; ese es el primer paso para lograrlo todo. No permitan que los demás les digan que no pueden. No importan los obstáculos ni de dónde vengan, nunca es tarde para hacer realidad un sueño.

Nayeli Montenegro: la joven que vive un sueño

Nayeli Montenegro, de 22 años, es la representación de una joven que tiene una vida llena de sueños, pero también de miedos que no esconde y sentimientos que la convierten en la persona que es hoy.

Esta asistente dental no tenía claro su rumbo antes del certamen, pero la competencia y salir de su amado Siquirres la llenó de mucho aprendizaje y un nuevo camino por descubrir.

—¿Cómo inició en los certámenes?

Mi historia empieza con ese sueño de niña, pero siempre tuve miedos. Un día sentí la “espina” de experimentar y este es mi primer certamen; no tenía nada de experiencia. Cuando surgió Miss Universe Limón quise participar, pero me frenaba el “qué dirán”. Yo era de muy bajo perfil en redes sociales.

”Una muchacha que me maquillaba me decía que participara, que era bonita, y yo le respondía que el miedo me ganaba y que no me sentía preparada. Ella me dio un consejo: ‘Uno nunca está realmente preparado para nada, simplemente hay que intentarlo’. Entonces me animé y sin pensarlo mucho me inscribí en el casting de Limón y me aceptaron”.

—¿Cómo fue ese proceso inicial?

Al principio no tenía la ambición de ganar, solo quería aprender. Éramos siete chicas y, al quedar seleccionada, tuve miedo de venir a San José porque no tenía experiencia y el nivel es muy alto. Días antes pensé en no venir, pero luego recapacité: es una gran oportunidad que me abrirá puertas.

”Nunca había sido parte de algo así; terminé el colegio y no hacía mucho más. Era mi primera vez conociendo a tantas personas. Llegué a San José con miedo, estando lejos de mis papás, quienes además estaban pasando por un proceso duro de separación. Entré como precandidata, me subestimaba mucho y era muy negativa, pero mis compañeras siempre me motivaron. Al final, en la academia, fui seleccionada oficialmente".

—¿Cómo se siente ahora?

Siempre tengo presente que no debo dejar de ser yo misma. Nunca trato de forzar algo que no soy. Fue difícil adaptarme, pero ahora me siento más tranquila. He tenido un gran avance porque antes no salía de mi casa ni socializaba con nadie; la pasaba muy mal.

—¿Cuál fue la principal dificultad de llegar aquí y qué es lo más bonito de estar a menos de un mes de la gala final?

Lo más bonito son mis compañeras y el equipo de producción; nos llevamos muy bien. Lo más difícil ha sido estar lejos de mi casa y de mi perrita, Venus, que ha sido mi mayor compañía, ya que soy hija única.

—¿Cuál es tu historia de vida?

Soy de Siquirres, hija única. Mis papás se separaron hace un año y ha sido un proceso muy difícil. A pesar de tener 22 años, sigo siendo “la bebé” de ellos y me costó adaptarme a la vida adulta; siento que no me prepararon para eso, fue de la nada.

Soy scout y técnica en asistencia dental; este año me gradúo y quiero seguir con la carrera de Odontología. Este certamen me ha dado una dirección, porque antes vivía el día a día sin una noción clara de qué quería hacer.

—¿Cuál es el mensaje que deseas enviar?

Me pone muy sensible contar esto... Mi mensaje es que nunca dejen de luchar por sus sueños, por más difícil que sea el camino. Y que no dejen a Dios de lado; Él es el motor. En estos procesos difíciles me tomé de la mano de Dios y esa ha sido la clave para seguir adelante. Nunca se rindan.

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