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Todo será un bonito escaparate

Abc.es 
Los famosos están llegando a Letterboxd para vender sus cosas, y esto es una pequeña tragedia cultural: la comunicación está devorando hasta el último rincón de internet, igual que la nada devoraba el mundo de 'La historia interminable'. Me explico. Letterboxd es una red social donde la gente valora y comenta películas, y que sirve a los cinéfilos para recordar lo que han visto y qué les ha parecido y también para descubrir novedades o joyas ocultas de la filmografía afgana. Letterboxd tiene algo de videoclub y otro algo de cineclub, y está pensado para que el tiempo que pierdas ahí dentro esté dedicado al cine, lo cual no es poco, a estas alturas de la histeria. Ahora mismo tienen más de veintiséis millones de usuarios, además de un prestigio cool difícil de cuantificar: allí están Paul McCartney y Ed Sheeran, Sean Baker y Wim Wenders, Martin Scorsese y Francis Ford Coppola, que le puso cinco estrellas a 'Megalópolis' y por eso le queremos tanto. Muchos otros están por ahí de forma anónima, más divertida. Hace unos días supimos que estaba en Letterboxd Anne Hathaway, que compartió su perfil coincidiendo con la promoción de 'El diablo viste de Prada 2', como contaba Elena Muñoz en 'El país'. La cantante Charli XCX también usó la plataforma para el marketing: allí desveló las canciones que había hecho para 'Cumbres Borrascosas', de Emerald Fennell. Pero lo importante no fue esto, no solo, sino que cuando el perfil privado de Charli XCX se hizo público, la artista se dedicó a borrar todas las películas que no había valorado positivamente. Supongo que pensaría en lo que le ocurrió al actor Hudson Williams, que terminó cerrando su perfil después de que lo sacudieran por sus opiniones (no le gusta Pedro Pascal); la actriz de 'The Bear' Ayo Edebiri siguió su mismo camino. De pronto, Letterboxd ya no es un espacio seguro. De pronto ya no es ocio, sino trabajo; no hay libertad, sino un negocio que proteger. Lo que está sucediendo en Letterboxd es lo que ha ocurrido con el resto de las redes sociales: a medida que crece se va pareciendo más a un escaparate mundial. Lo curioso de esto es que buena parte del público demanda precisamente eso: el marketing frente a la realidad, la publicidad frente a la complejidad. Hay quien no puede soportar que su actriz favorita tenga unos gustos cinéfilos que no coincidan con los suyos, o que haya criticado a un actor que también le cae bien. Y por eso las estrellas acaban sin decir nada arriesgado, que es como no decir nada. Y se limitan a sonreír. Y a posar.

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