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Una pequeña aventura de Star Wars para resucitar el imperio galáctico en el cine

Abc.es 
La serie 'The Mandalorian' sobrevivió a la polémica de Gina Carano, al coronavirus y al confinamiento, e incluso a la progresiva desaparición del omnipresente Pedro Pascal, al que cada vez se le ve menos la cara, firme converso ya del credo mandaloriano. Pero la huelga en Hollywood cambió sus planes. Iba a seguir con una cuarta temporada, pero surgió la posibilidad de continuar el viaje de Din Djarin y Grogu, pegado al wéstern espacial casi como una buddy movie a la carretera, en la gran pantalla por «la necesidad de devolver Star Wars al cine». «La gente conocía a Mando y a Baby Yoda, son parte de la cultura pop. Contactaron conmigo y fue la oportunidad de mi vida, porque vi Star Wars por primera vez en el cine cuando tenía 10 años, cuando se estrenó», cuenta a ABC Jon Favreau, director de 'The Mandalorian & Grogu', que se estrena el 21 de mayo en cines. La película obligaba a contraer el metraje, pero les ofrecía también la posibilidad de construir sets reales, hacer una animación por ordenador más «refinada» para los personajes y usar miniaturas y 'stop motion'. Y les daba tiempo –tardaron tres años en lugar de unos meses–, que casi nunca sobra en la industria, oprimida por los plazos. También les permitió fichar a Martin Scorsese , que renegó hace unos años de los superhéroes pero terminó pasándose al cine comercial poniendo voz a un comerciante ardenniano de cuatro brazos en la franquicia creada por su amigo George Lucas. «Cuando escribí este papel, hice una lista con el director de casting de las opciones soñadas y pensamos en él. Kathy Kennedy lo conoce bien. Dijo: 'Déjame llamarlo'. Y dijo que sí, así de fácil (...) Se reía, improvisaba y estaba feliz de formar parte del proyecto de otra persona. Scorsese aprecia los efectos visuales, 'La invención de Hugo' es tan mágica… y habla de los inicios con Georges Méliès. Ama el cine en general. Por la razón que sea, en algún momento habló sobre lo que era el cine de género, pero las cosas han evolucionado. Ahora hay diferentes preocupaciones existenciales sobre el cine. Tener películas a las que les va bien significa que el cine no ha caducado», explica el director del filme, alter ego de Happy en el universo Marvel . La guerra de las galaxias no es tan vieja como el cine, claro, pero su universo tiene algo de inmortal. «Parte del legado de Star Wars en los últimos 50 años es que cada generación conecta con una era diferente basada en la edad que tenían cuando la descubrieron. Espero que esta película también cumpla ese propósito, porque han pasado casi siete años desde que empezamos a la sombra de los árboles grandes [la última trilogía de los Skywalker estaba en cines cuando se estrenó la serie] y hay espectadores que eran demasiado jóvenes entonces como para haber visto una película en el cine. Queríamos que esto fuera acogedor para ellos, pero siempre con la prioridad de los fans que nos han acompañado durante toda la vida. Queríamos contar una historia que encajara en un arco mayor y que tuviera un significado más allá de una aventura de dos horas», abunda. Lo tiene, porque 'Star Wars' siempre ha sido más que una guerra espacial, un enredo familiar, una lucha de andar por casa entre unos pocos para decidir el destino de toda la galaxia. Ha sido un espejo de la política contemporánea, desde Vietnam en la trilogía original hasta el ascenso del autoritarismo en las secuelas. Ahí reside parte de la Fuerza. Y también la de 'The Mandalorian & Grogu', que explora ese limbo donde el viejo orden ha muerto y el nuevo está todavía en pañales, algo que resuena pertinente en estos tiempos de desorden mundial, tan violentos y catárticos. «Lo que George Lucas hizo tan bien fue separar su historia de los eventos actuales. Cada vez que ves las películas, ves diferentes aspectos que hablan de tu tiempo. Lo que me fascinó de la primera y me hizo apreciarla al envejecer fue que, cuando era joven y escuché la frase de 'el Emperador ha disuelto el Senado', parecía una frase pasajera pero, si ves las precuelas, entiendes que esa frase hacía referencia a un patrón que ha ocurrido en la sociedad humana. Se repite. Podrías estar hablando de Julio César, de la Segunda Guerra Mundial o de la era napoleónica. Son patrones que vemos porque somos humanos, y los humanos somos iguales desde hace miles de años«, cuenta Favreau. Y sigue: «Cuando George Lucas decía 'hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana', estaba invocando el mito, no solo estaba haciendo una película de acción y aventuras; estaba haciendo una fábula, un cuento de hadas. Él estudió con Joseph Campbell y entendió que hay que hablarle a la condición humana. A los jóvenes hay que presentárselo como entretenimiento con magia y efectos visuales, pero lo que nos acompaña son estos personajes que perseveran ante la dificultad. Star Wars nunca fue un mundo seguro, pero siempre hubo esperanza. Y los personajes, a través del entrenamiento, el trabajo duro y el sacrificio, logran salir adelante. La perseverancia es una historia para cada generación, y es importante infundir esperanza», reflexiona el cineasta. Es lo que intentó Jon Favreau con esta historia que empezó como algo íntimo, más pequeño, y fue creciendo a medida que la relación entre ese bebé verde de cincuenta años y el cazarrecompensas, entonces un paria, se estrechaba. «Mando empezó como un personaje con muchos defectos, que no parecía tener conciencia. Ve a este niño vulnerable, toma una decisión, y esa elección lo llevó a más decisiones. A lo largo de estos años, pasó de no ser un buen tipo a ser uno de los pocos buenos padres en Star Wars. Demuestra que se puede cambiar con el tiempo (...) Me gusta la idea del subtexto de redención para este personaje que podrías parecer un villano y termina siendo un héroe. Creo que es una buena historia para este momento», concluye con una sonrisa. Ese, suponemos, es el camino. «This is the way».

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