¿Cómo está cambiando el turismo en Centroamérica? Ventajas y retos de los países que compiten con Costa Rica por los visitantes extranjeros
Para un extranjero de lejanas latitudes, durante décadas Centroamérica se vio como “un mismo paisaje”: volcanes, playas, selvas y paquetes baratos.
Pero los números más recientes cuentan otra historia: la de un territorio pequeño donde cada país empieza a competir con una personalidad propia y donde el viejo liderazgo regional de Costa Rica ya no parece tan indiscutible.
En el aeropuerto de Ciudad de Guatemala, turistas europeos salen con mochilas rumbo a Antigua y al lago Atitlán (todo esto se destaca en un reciente informe de Forbes que destaca a este país, junto con el nuestro, como destino aventurero).
En El Salvador, surfistas estadounidenses aterrizan en busca de olas y un país que promete algo impensable hace unos años: seguridad.
En Panamá, ejecutivos mezclan reuniones con escalas largas aprovechando uno de los grandes hubs del continente.
Mientras tanto, Costa Rica enfrenta una pregunta incómoda: ¿cómo hacerle frente a ese desafío siendo un país tan caro?
Los datos de 2025 ayudan a dimensionar el giro. Guatemala recibió 3,36 millones de visitantes no residentes (según el Instituto Guatemalteco de Turismo), un crecimiento de 11% respecto al año anterior. Costa Rica, por su parte, registró 2,94 millones de turistas internacionales en el 2025 (según el Instituto Costarricense de Turismo) y apenas avanzó un 0,8% con relación al 2024.
Mientras tanto, El Salvador registró más de 4,1 millones de ingresos internacionales en 2025, un récord.
El dato no significa necesariamente que Costa Rica “perdió” el turismo regional —porque las metodologías y perfiles de visitante difieren—, pero sí revela que el relato turístico centroamericano está cambiando (de la lista a continuación, Costa Rica solo registró más visitantes que Nicaragua, aunque hay que tomar en cuenta que el ingreso monetario de los turistas en Costa Rica puede dejar más ganancias que en sus vecinos).
Guatemala: el patrimonio como ventaja (y sus límites)
Guatemala ofrece algo que pocos vecinos pueden replicar: densidad histórica a la vista. La monumentalidad de las ruinas mayas de Tikal, el magnetismo colonial de Antigua y un ecosistema cultural vivo alrededor de pueblos indígenas convierten al país en una mezcla de patrimonio, paisaje y autenticidad difícil de igualar. Además, suele ser más barato que Costa Rica para el viajero promedio.
Eso ayuda a explicar su salto a 3,36 millones de visitantes en 2025.
Pero el éxito tiene letra pequeña. Guatemala sigue arrastrando desafíos de infraestructura vial, percepción de inseguridad y menor sofisticación logística para turismo premium. No tiene la red de aeropuertos, conectividad interna ni el ecosistema hotelero consolidado de Costa Rica. Tampoco ha desarrollado con la misma intensidad un modelo de marca internacional basado en sostenibilidad.
En otras palabras: Guatemala crece rápido, pero todavía no necesariamente captura al visitante de mayor gasto.
Costa Rica: el país que ya no necesita convencer (pero sí reinventarse)
Durante tres décadas, Costa Rica jugó con gran ventaja. Construyó una marca internacional tan fuerte de “ecoturismo” que terminó siendo, para muchos viajeros, sinónimo del país. Naturaleza protegida, estabilidad política, carreteras relativamente confiables, servicios turísticos maduros y un relato ambiental potente hicieron el resto (además de los verdes documentales en NatGeo, así como estar en el radar gracias al reality de las Kardashians o al Instagram de Katy Perry).
El problema de liderar mucho tiempo es otro: crecer se vuelve más difícil.
Costa Rica cerró 2025 con 2.943.991 turistas internacionales, apenas 0,8% más que el año anterior. El país sigue siendo una potencia regional, pero el crecimiento luce modesto frente a vecinos más agresivos. Empresarios turísticos y análisis sectoriales han señalado costos elevados, un tipo de cambio poco favorable para algunos visitantes y preocupaciones crecientes sobre seguridad como elementos que afectan competitividad.
Costa Rica mantiene, sin embargo, un músculo difícil de copiar: reputación.
El turista que aterriza aquí suele gastar más, quedarse más tiempo y buscar experiencias organizadas, desde hoteles ecológicos hasta wellness y aventura. Su apuesta no va por la cantidad, sino por el valor agregado. El reto será evitar convertirse en un destino tan caro que pierda atractivo frente a vecinos más baratos.
En el portal para turistas angloparlantes CentralAmerica.com se detalla que aquí un viajero promedio gasta alrededor de $115 al día, frente a $79 en Panamá, $61 en El Salvador, $58 en Honduras, $54 en Nicaragua y $49 en Guatemala. Naturalmente, la metodología de cálculo varía y hay muchos matices para estas estimaciones, pero el costo es alto en nuestro país.
El Salvador: cuando la seguridad se vuelve producto turístico
Si hay una historia inesperada en Centroamérica, probablemente sea la salvadoreña.
Durante años, El Salvador fue evitado por turistas extranjeros debido a la violencia. Hoy vende exactamente lo contrario: la posibilidad de viajar sin miedo. El relato de seguridad, impulsado por su presidente Nayib Bukele, se convirtió en un activo económico, al punto que en el 2023 incluso recibió el concurso Miss Universo, lo cual terminó de catapultar una popularidad creciente.
También proyectos como Surf City y el reposicionamiento internacional del país impulsaron cifras récord: alrededor de 4,1 millones de visitantes internacionales en 2025.
La dolarización simplifica la experiencia del visitante —sin conversión monetaria ni volatilidad cambiaria— y facilita gasto e inversión. Pero el boom convive con preguntas políticas: críticas internacionales sobre derechos civiles, alta concentración de poder y dudas sobre sostenibilidad institucional podrían afectar la percepción internacional.
Panamá: la ciudad de rascacielos que aprendió a vender escalas
Panamá no compite igual que el resto, pues es un centro de conectividad. El país cerró 2025 con más de 3 millones de visitantes internacionales, impulsado por la centralidad de Aeropuerto Internacional de Tocumen, uno de los grandes nodos aéreos latinoamericanos.
La ventaja competitiva está en acceso, negocios, compras, conectividad y un turismo urbano que el resto de Centroamérica no iguala todavía.
Por otra parte, Panamá todavía lucha por construir una identidad “emocional” tan fuerte como la de Costa Rica o Guatemala. Tiene infraestructura de primer nivel, pero menos “narrativa” (aunque han estado invirtiendo en fotalecer su perfil cultural local).
Honduras: belleza que necesita mercadeo
Honduras suele aparecer como la promesa incompleta. Tiene arrecifes espectaculares en las Islas de la Bahía, patrimonio arqueológico en Copán y naturaleza abundante. Pero enfrenta el obstáculo de la conectividad. Sus rutas aéreas internacionales son menores comparadas con Panamá, Costa Rica o incluso Guatemala, y el país todavía depende mucho de nichos específicos como buceo y cruceros.
Aún así, el turismo escala: Honduras recibió 3.1 millones de visitantes en 2025 (o sea, también más que Costa Rica).
La percepción de seguridad y la debilidad de marca-país también limitan su expansión regional. Pero el tema es que Honduras no carece de atractivo, sino carece de volumen y podría seguir “escalando”.
Nicaragua: el destino barato que seduce por autenticidad
Nicaragua ocupa otro lugar en el tablero: el de la experiencia barata y menos domesticada.
El viajero encuentra precios más bajos, estancias largas y una sensación de descubrimiento que muchos destinos más maduros ya perdieron. Lugares como Granada o Isla de Ometepe conservan parte de esa sensación de viaje “antes del turismo masivo”. Las cifras oficiales indican que Nicaragua recibió alrededor de 1,2 millones de turistas internacionales en 2025.
Pero la imagen internacional del país y las tensiones con gobiernos y organismos multilaterales funcionan como un techo invisible para una industria que, por precio y naturaleza, pareciera que podría crecer mucho más.