Cría de elefante marino abandonada al nacer regresó al mar tras siete meses de rehabilitación
Una cría de elefante marino del sur (Mirounga leonina) regresó al océano esta semana en las costas de San Clemente del Tuyú, Argentina, después de permanecer siete meses en rehabilitación. El animal había sido rescatado en octubre de 2025, pocas horas después de nacer en Villa Gesell, tras quedar abandonado por su madre.
La Fundación Mundo Marino informó que se trata de un caso sin antecedentes similares en la historia del centro de rescate. Según la organización, la hembra habría huido debido a una posible perturbación humana en la playa, lo que dejó a la cría sola durante una etapa crítica para su supervivencia.
“Las hembras de elefante marino rara vez abandonan a sus crías de forma voluntaria en los primeros días de vida, un período crítico en el que el vínculo es clave para la supervivencia del cachorro. En casos similares, trabajamos para generar perímetros de seguridad que eviten cualquier tipo de disturbio. En esa situación, quedó claro que hubo imprudencia humana”, explicó Sergio Rodriguez Heredia, biólogo y responsable del Centro de Rescate y Rehabilitación de la Fundación Mundo Marino.
Al momento del rescate, la cachorra presentaba deshidratación y debilidad. Guardaparques de la Reserva Faro Querandí realizaron una búsqueda durante toda la noche para localizar a la madre, pero no obtuvieron resultados. Ante el deterioro del animal, las autoridades autorizaron su traslado al Centro de Rescate y Rehabilitación.
Uno de los principales desafíos fue sustituir la leche materna, cuyo contenido graso resulta fundamental para el rápido crecimiento de esta especie. Las crías de elefante marino suelen triplicar su peso durante las tres semanas de lactancia y alcanzan cerca de 120 kilos antes de independizarse.
Para enfrentar esa situación, veterinarios, biólogos, técnicos y nutricionistas desarrollaron una fórmula alimentaria experimental, ajustada constantemente según la evolución del animal. El trabajo resultó más complejo debido a la escasa información científica disponible sobre el elefante marino del sur.
La cría ingresó al centro con apenas 32 kilos de peso, por debajo del promedio de 40 kilos registrado al nacer. Los especialistas atribuyeron esa condición a la falta de alimentación durante al menos un día.
Durante las primeras semanas, el equipo concentró sus esfuerzos en la estabilización clínica del ejemplar. El manejo incluyó hidratación permanente, vigilancia de su sistema inmune y medidas para evitar infecciones. Además, se implementaron protocolos destinados a reducir el contacto emocional con personas para facilitar una futura reinserción.
Con el paso de los meses comenzó la etapa de aprendizaje alimentario. Los especialistas introdujeron gradualmente pescado entero en el agua hasta que el animal logró alimentarse por sí mismo. Más adelante desarrolló la capacidad de perseguir y capturar peces vivos.
Hacia la fase final del proceso, la elefanta consumía aproximadamente 6 kilos de pescado diarios. Los responsables del proyecto determinaron que debía alcanzar al menos 100 kilos antes de considerar su liberación.
Una vez cumplidos los criterios sanitarios y de peso, el equipo trasladó al ejemplar hasta una playa abierta para evaluar su comportamiento frente al océano. Aunque nunca había estado en contacto directo con el mar, comenzó a explorar el entorno durante varias horas.
La observación permitió confirmar que el animal logró reconocer el mar como parte de su ambiente natural. Después de varios intentos de acercamiento a las olas, ingresó progresivamente al agua hasta desaparecer mar adentro.
Debido a la excepcionalidad del caso, las autoridades activaron un plan de monitoreo en coordinación con la Red de Asistencia a Fauna Marina de la provincia de Buenos Aires. La cría porta una identificación numerada que permitirá evaluar su estado corporal en caso de futuros avistamientos.
La Fundación Mundo Marino destacó que esta experiencia también evidencia la importancia de mantener distancia de los animales marinos durante sus procesos reproductivos. La organización recordó que cualquier alteración humana puede afectar el vínculo entre madres y crías y comprometer la supervivencia de las especies.