World News in Spanish

La diversidad no se tolera; se comprende

Edgar Morin murió hace apenas días, a los 104 años, y su partida nos deja con la obligación de leer su obra con una urgencia distinta. No como ejercicio académico, sino como herramienta para enfrentar el presente.

Morin dedicó su vida a lo que llamó el pensamiento complejo, esa forma de mirar el mundo que se niega a simplificar, que reconoce las contradicciones como parte constitutiva de la realidad y que entiende la diversidad no como ruido incómodo, sino como condición fundamental de lo humano.

Su frase más pertinente para este junio (Mes del Orgullo) es también su desafío más exigente y hermoso: "Aprender sobre la condición humana significa comprender la unidad y la diversidad en la condición humana".

Vivimos en una época que pretende resolver esa tensión por la vía del atajo, reducir la pluralidad a una sola norma, señalar como amenaza lo que no encaja en el molde, confundir la uniformidad con el orden.

Esa tentación no es nueva, pero sí es profundamente peligrosa. Morin nos advirtió de que el pensamiento que no tolera la diferencia no es pensamiento: es dogma. Y el dogma, tarde o temprano, produce exclusión, violencia y un empobrecimiento colectivo que ninguna sociedad puede permitirse. Hay formas de empobrecer un país que no aparecen en las estadísticas económicas; la intolerancia ante la diversidad es una de las más costosas y silenciosas.

El 28 de junio se conmemoran los disturbios de Stonewall, ese 1969 neoyorquino en que personas LGBTIQ+ se hartaron de la persecución y decidieron que su dignidad no era negociable. Lo que comenzó como resistencia en las calles se convirtió en movimiento global, y ese movimiento ha transformado el derecho, la cultura y la conciencia de muchas sociedades.

En Costa Rica, esa historia también se ha escrito con valentía propia, aunque la agenda de derechos plenos sigue siendo una tarea pendiente y urgente. El orgullo de junio no es una celebración vacía, es memoria activa y compromiso con lo que todavía falta por conquistar.

La diversidad –de identidades, de orientaciones sexuales, de formas de ser persona– no es algo que deba tolerarse como si fuera una concesión generosa.

Lo que el pensador francés propone es algo más ambicioso y honesto: comprender. Reconocer que ninguna forma singular de existir agota lo que significa ser humano, que la pluralidad enriquece la experiencia colectiva y que invisibilizarla o criminalizarla es, filosóficamente, un acto de empobrecimiento cultural y humano que nos retrocede como sociedad.

Hay quienes acusan a las universidades públicas de adoctrinar cuando forman personas capaces de cuestionar la realidad. Esa acusación confunde, deliberadamente, la criticidad con la subversión. Morin lo demostró una y otra vez: la misma plasticidad mental que permite dudar de una estructura social injusta es la que permite descubrir una nueva enfermedad, diseñar tecnología inédita o reformular un paradigma científico.

No es posible pedir innovación en los laboratorios y obediencia acrítica en la esfera pública. La mente que formula preguntas incómodas en el aula es exactamente la misma que después transforma el mundo fuera de ella.

Por eso, vale la pena decirlo con claridad. La libertad de pensamiento en toda su amplitud –científica, artística, filosófica y política– no es concesión de nadie. Es condición de toda comunidad que aspire a ser justa y creativa. Y en esa misma lógica, toda persona, con independencia de su orientación sexual o identidad de género, tiene derecho a existir plenamente en los espacios que comparte con otras, sin esconderse, sin miedo y sin tener que justificar quién es.

Morin vivió 104 años mirando el mundo con curiosidad insaciable y con una generosidad intelectual que pocos han igualado. Honremos ese legado con el único gesto que él habría reconocido como válido: comprender antes que juzgar; abrazar la complejidad antes que aplastarla. Porque en cada diferencia hay –como él nos enseñó con paciencia y con pasión– una lección sobre lo que realmente significa ser persona.

----

Jorge Herrera Murillo es el rector de la Universidad Nacional (UNA).

Читайте на сайте