Rocío Ramos-Paúl, 'Supernanny', explica cómo abordar el aburrimiento de los niños en verano: «Es gestión emocional»
El «me aburro» de los más pequeños de la casa es un clásico de todos los verano, sobre todo en esos viajes de carretera en coche o en algún que otro desplazamiento para veranear en avión. Y es que muchos niños, acostumbrados a agendas repletas de juegos, pantallas y actividades dirigidas durante el curso, sienten el vacío del tiempo libre. Para algunos padres, la frase resulta desesperante, pero expertos en psicología y neurociencia insisten en que es una oportunidad. ¡No está todo perdido!. El aburrimiento activa la imaginación, favorece la autonomía y entrena funciones cognitivas como la planificación o la resolución de problemas. Lejos de ser un enemigo, puede convertirse en un aliado del desarrollo cerebral. Los especialistas recomiendan no llenar cada minuto, sino ofrecer tiempo y espacio para crear, imaginar y decidir sin estímulos constantes, también durante los viajes largos de verano. Así, aburrirse deja de ser un problema y se convierte en aprendizaje valioso. Además, fomenta la tolerancia a la frustración, mejora la regulación emocional y refuerza la capacidad de atención en contextos menos estimulantes, clave para su futuro académico y personal. En este contexto se ha pronunciado la psicóloga y educadora infantil Rocío Ramos-Paúl, conocida como 'Supernanny', que en una de sus últimas publicaciones en las plataformas digitales defiende el aburrimiento en la infancia como una herramienta clave para la gestión emocional. En una reciente intervención en el programa 'Atrévete' de Cadena Dial, la popular experta ha ofrecido pautas a las familias para afrontar los meses de vacaciones, un periodo en el que los niños pasan más tiempo en casa y aumenta la demanda constante de estímulos. Lejos de interpretar como un problema el «me aburro», la psicóloga insiste en que el aburrimiento es una sensación necesaria que permite a los menores identificar emociones desagradables y aprender a gestionarlas por sí mismos. En este sentido, advierte del error habitual de muchos padres, que intentan llenar la agenda de sus hijos con actividades para evitar ese malestar. «Si el adulto resuelve inmediatamente el aburrimiento, el niño no aprende a enfrentarse a esa sensación». explica. En cambio, propone dejar espacio a ese momento incómodo para que el menor sea capaz de generar sus propias soluciones. La clave, según la especialista, está en acompañar sin intervenir de forma directa. Permitir que el niño experimente esa incomodidad le obliga a activar recursos internos. «Con eso trabajamos frustración, creatividad, toma de decisiones. De manera que la actividad siguiente que vaya a hacer, elegida por él, le va a decir eres capaz de, cuando tienes malestar, resolverlo», indica la experta, que ahonda en que esta época veraniega ofrece una oportunidad ideal para trabajar estas habilidades ya que ofrece más tiempo libre. «Hay que aburrirse. Atrévete», concluye.