Instalaciones, dibujo, cerámica, textil y escultura en la muestra colectiva “Maneras de estar vivo”, por Czar Gutiérrez
El agotamiento ambiental, la aceleración tecnológica y la progresiva desvinculación entre humanos y su ecosistema gatillan una exposición cuyo punto de partida será el libro homónimo de Baptiste Morizot, quien plantea que la crisis ecológica contemporánea es, ante todo, una crisis de sensibilidad: hemos dejado de percibir aquello que nos rodea como una comunidad de seres vivos para convertirlo en paisaje, recurso o simple decorado.
Esta colectiva recoge la premisa para transformarla en experiencia estética. La sala deja de ser un espacio neutro, deviene en una geografía donde cada obra es un organismo autónomo y, al mismo tiempo, trama mayor donde materiales, símbolos y relatos establecen vínculos inesperados. Lo que emerge es una constelación de preguntas sobre nuestra posición en la Tierra y sobre las posibilidades de coexistencia en un mundo profundamente herido.
La obra de Luisi Llosa, “Humanidad residual”, sitúa al visitante frente a una dimensión geológica de la existencia. Piedras intervenidas con pan de plata dialogan con lienzos de cromática mineral para construir una reflexión sobre la fragilidad humana y la persistencia de la materia. Las grietas, lejos de ocultarse, se exhiben como marcas de experiencia. Para que la piedra se convierta en metáfora del cuerpo y la erosión adquiera la dignidad de una escritura, como si el tiempo hubiese aprendido a grabar sus memorias directamente sobre la piel del mundo.
En contraste, Andrea Tregear propone con “Naturaleza viva” y “Naturaleza viva 2/3” una mirada donde lo artificial parece adquirir comportamiento biológico. El acrílico y el plexiglass generan formas translúcidas que evocan organismos marinos, corales mutantes o criaturas que emergen de un futuro todavía indescifrable. La artista transforma materiales industriales en presencias orgánicas, cuestionando las oposiciones tradicionales entre naturaleza y artificio. Cada transparencia es la piel fósil de un océano extinguido intentando emitir, desde la luz, una memoria.
Los dibujos de Nicole Franchy desplazan radicalmente la perspectiva humana. En “El amo de la tierra” y “La mirada del Jaguar” el animal deja de ocupar el lugar de objeto representado para convertirse en sujeto de observación. El jaguar nos contempla. La artista subvierte así una larga tradición visual occidental para proponer una relación más horizontal entre especies, pues la mirada también puede ser territorio y el mundo no pertenece exclusivamente a quienes creen nombrarlo.
La dimensión ritual aparece con fuerza en las instalaciones de Mariú Palacios. “Dile lo que no pudiste decirle” construye un espacio de memoria mediante tejidos, camisas, teléfonos y caracoles, elementos que evocan tanto la comunicación como la ausencia, mientras su “Blueprint, matriz” explora el símbolo uterino como origen, refugio y arquitectura afectiva. Sus obras poseen la intensidad silenciosa de los objetos que sobreviven a quienes los utilizaron.
Por su parte, Alice Wagner presenta “Panteísmo”, instalación cerámica compuesta por cuarenta y cinco piezas que cuestionan las formas tradicionales de espiritualidad. La artista sugiere que el futuro espiritual del mundo no residirá tanto en las viejas trascendencias verticales como en una sensibilidad horizontal capaz de reconocer inteligencia en todas las formas de existencia. Como si la materia, exhausta de servirnos, reclamara por fin una dignidad sagrada entre animales, minerales, ruinas, cuerpos y raíces.
La potencia de la muestra está en la trayectoria de sus protagonistas. Tregear ha dedicado más de veinte años a una rigurosa investigación sobre el acrílico y las posibilidades expresivas de la luz. Wagner es una de las artistas peruanas más reconocidas de su generación, con presencia en importantes museos y colecciones internacionales. Franchy ha desarrollado una carrera internacional marcada por residencias y exposiciones en Europa y Estados Unidos. Palacios ha construido una práctica multidisciplinaria atravesada por la memoria, el territorio y la experiencia ritual. Llosa, por su parte, ha consolidado un lenguaje propio donde la piedra se transforma en una reflexión filosófica sobre vulnerabilidad y permanencia.
Así, Maneras de estar vivo dialoga con debates fundamentales sobre antropoceno, ecologías críticas y pensamiento decolonial. Todo un tránsito a través del ecosistema donde cada piedra, tejido, animal y organismo híbrido funciona como umbral hacia una conciencia más vasta donde lo humano deja de ocupar el centro para reintegrarse a la trama infinita de relaciones existenciales. Un manuscrito coral, mineral y biológico cargado de entrañable belleza.
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Datos:
▪ Lugar: Vesper Tzu Galería
▪ Dirección: Av. Santa Cruz 1068, Miraflores. Lima – Perú
▪ Temporada: Hasta el 24 de junio de 2026
▪ Horario de visita: lunes a sábado, de 11:00 a.m. a 7:00 p.m.
▪ Ingreso: libre