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La pesca turística es un sector económico gigante, pero disperso: Esta iniciativa busca un cambio

En una sala de conferencias en San José, 31 personas están sentadas en un círculo. Parece una escena típica: tazas de café, papel pegado a las mesas, una presentación proyectada, actividades para romper el hielo. Entrando al espacio, un espectador no sabría que este es un encuentro insólito.

Esta treintena de personas representa un sector inmenso —comparable a la exportación de café— según personas que participan y estudian el tema, pero que nunca ha estado presente de manera importante en la toma de decisiones y la política pública.

Esto es algo que el grupo reunido hoy busca cambiar.

Este Taller Nacional, que une a representantes de la pesca deportiva y turística que han viajado desde las cuatro esquinas de Costa Rica para asistir, es la culminación de un proyecto de más de dos años liderado por la Federación Costarricense de Pesca Turística (FECOP), con el apoyo de la Embajada de los Estados Unidos de América en Costa Rica.

Algunas de las personas en la sala empezaron a participar en el 2024 en entrevistas individuales y luego grupos focales regionales, todos con el fin de recopilar diversas perspectivas de las personas que mueven esta actividad económica a nivel comunitario.

Ahora, han llegado a Belén para buscar traducir toda esa información sobre necesidades y oportunidades para la pesca turística, en una hoja de ruta para un sector que nunca la ha tenido.

La pregunta que este grupo busca responder va mucho más allá de la pesca turística y deportiva. Se trata de un desafío compartido por numerosas comunidades costeras y rurales de Costa Rica, así como por distintos sectores que dependen, directa o indirectamente, de esta actividad recreativa y económica.

La pregunta es: ¿Cómo se logra que las voces de las comunidades asociadas a este tipo de pesca las escuchen en la política pública, social y económica de Costa Rica?

‘Sin identidad’

El esfuerzo por levantar las voces de las comunidades y líderes locales de la pesca deportiva y turística en Costa Rica no salió de la nada. Inició gracias al lanzamiento, en diciembre del 2024, del primer proyecto en el sector pesquero turístico que se financia con fondos de la Iniciativa Regional de Seguridad para América Central (CARSI) de la Embajada de los Estados Unidos de América. El proyecto Pesca Turística Participativa, propuesto por FECOP, buscaba sostener diálogos con grupos organizados relacionados con la pesca turística en Costa Rica y con aliados regionales de Centroamérica para identificar los retos del sector y proponer mejoras, desde ellos mismos.

Pero es algo que, dentro del FECOP, se ha ido construyendo y soñando por muchos años.

La FECOP se fundó en el 2009 para dar forma al turismo de pesca deportiva y las políticas de pesca sostenible en Costa Rica. Desde ese momento, ha encabezado notables proyectos locales como la prohibición de la exportación del pez vela, en el 2009; el establecimiento de la mayor área marina para la pesca responsable en Centroamérica, el Golfo Dulce, en el 2010; la prohibición de la pesca de arrastre del camarón, en el 2013; y la prohibición de la pesca de atún con redes de cerco dentro de las 80 millas de la costa de Costa Rica, en el 2022.

Henry Marín, director de proyectos y estrategia de FECOP, explica que, paralelo a estos hitos, la Federación vivió una evolución en su forma de ver la pesca.

“En algún momento, (FECOP) estuvo más interesado también en entender la dinámica biológica y ecológica y ecosistémica de las especies”, explica. “Pero hace unos cuatro o cinco años para atrás… también se le ha adicionado toda la parte de tratar de entender la parte social y económica”.

No hay duda: la parte económica es un gigante. Pero la parte social presenta muchos retos.

A nivel mundial, la pesca recreativa representa una industria valorada en $190.000 millones y convoca a cerca de 700 millones de personas, según la FAO, citado en la Guía de buenas prácticas para la pesca deportiva y turística de Costa Rica, publicado en 2023 por FECOP y MarViva.

Según el informe, elaborado por Henry Marín Sandoval y Fresia Villalobos Rojas, el turismo náutico en el país genera alrededor de 1.000 millones de colones al año; en 2019 atrajo aproximadamente a 150.000 turistas, con ingresos superiores a los $520 millones.

Sin embargo, a pesar de esa magnitud de impacto en la economía nacional y local, FECOP percibía que, ante ciertas problemáticas donde se escuchaba descontento el sector, no se unían para influir en las políticas que las afectan.

“Es un sector que muere de éxito: genera dinero”, dice Carlos Espinoza, consultor del proyecto. “Pero no es un sector unificado o con una identidad”.

“Existen importantes polos donde se concentra la actividad, y precisamente eso representa una gran oportunidad para fortalecer la coordinación, la articulación y el trabajo conjunto entre los distintos actores del sector”, dice Damián Martínez, director de conservación de la FECOP y coordinador del proyecto Pesca Turística Participativa. “Es un sector con un enorme potencial de articulación y fortalecimiento”.

Martínez dice que la fuerte imagen turística asociada a la pesca deportiva muchas veces invisibiliza la diversidad social y económica de las comunidades que sostienen esta actividad en las costas del país.

Según señala, detrás de la actividad existe una amplia red de pequeños operadores turísticos, capitanes, marineros, transportistas, personal administrativo, sodas, talleres, comercios locales y emprendimientos familiares que dependen directa o indirectamente de esta economía.

“Muchas veces no se dimensiona toda esa actividad de pequeña escala que existe dentro del sector, ni la cantidad de trabajos asociados a la cadena de valor de la pesca turística y deportiva. Esa es precisamente una de las cosas que este proceso ha permitido visibilizar”, agrega.

‘Hubo muchos cambios de actitud’

La FECOP contrató a la bióloga Lucía Vargas como apoyo de coordinación y al biólogo Carlos Espinoza como el investigador y líder de las entrevistas, grupos focales y taller nacional. Junto a todo el equipo de FECOP decidieron cómo llevar a cabo el proceso, lo cual llevó a Carlos a abrir su pantalla de Zoom y también a hacer maleta, conociendo a diversos personajes del sector de pesca deportiva de forma virtual y presencial, individual y grupal durante casi un año.

Primero, se realizaron 19 entrevistas semiestructuradas entre noviembre 2024 y abril 2025, conociendo las perspectivas de personas recomendadas por FECOP por su liderazgo dentro del sector. Segundo, llevó a cabo 10 grupos focales entre mayo y setiembre de 2025. Juntos, estos esfuerzos recopilaron las perspectivas y comentarios de 86 personas.

“Siempre al reunir personas es un poco complicado. Todo mundo trabaja”, dice la participante Marbely López, quien ha trabajado por 14 años de Marina Pez Vela en Quepos como concierge y asistente de torneos. “Sin embargo, el tema de la pesca deportiva es un tema que involucra a todo el sector y a la gente le interesa para poder lograr un bien en común… No es solo una cuestión socioeconómica, sino también una cuestión generacional. Si no cuidamos las aguas de Costa Rica, nuestros hijos no van a tener mares limpios, no van a tener especies, no van a tener pesca en el futuro”.

Su colega en la Marina, Alcides Alfaro, quien tiene 13 años trabajando en la marina y es el gerente del Guest Center, también participó en el grupo focal de Pacífico Central. Destaca el hecho de que en el grupo, había gente de diferentes facetas del sector de la pesca turística y deportiva —personas que de otra forma no se encontrarían—.

“Hay gente como capitanes, marineros, otros son turoperadores, otros tienen tal vez un hotel que vive de la pesca deportiva, hay gente que venden insumos y servicios a la pesca deportiva”, recuerda Alfaro. “Fue una gran iniciativa eso de los focales para ir depurando un montón de temas”.

Una vez reunidas, ¿qué hicieron?

“Los participantes comenzaron un proceso de análisis y construcción colectiva guiado por el modelo situacional de los Estándares Abiertos para la Conservación (Open Standards), una metodología reconocida internacionalmente para la planificación y gestión participativa”, explica Damián Martínez. “A través de este enfoque, el proyecto facilitó la identificación de los principales valores y prioridades del sector, así como de las amenazas directas que los afectan, los factores que impulsan esos desafíos y las oportunidades existentes para generar impactos positivos y fortalecer la actividad”.

En palabras más sencillas: el equipo salió a encontrar, junto a las personas en los diferentes grupos, qué tenían en común.

‘Estamos creando ese tejido’

Según todos los involucrados, las lecciones que ha venido dejando el proceso son numerosas. Carlos Espinoza empieza contando el impacto que han tenido en su propia percepción de la pesca deportiva, empezando con la historia personal de una persona entrevistada.

“Me contaba como la pesca lo ayudó a salir de la depresión… por el contacto con la naturaleza”, recuerda. “Los pescadores tienen que estudiar sobre los árboles, la flora y la biología, porque ellos mismos diseñan sus propios señuelos para capturar los peces. Hay todo un tema de conocimiento sobre ecología, sobre las especies.” Carlos dice que estas conversaciones le iban “abriendo el panorama” de lo que normalmente se percibe como una actividad de extranjeros, un mundo homogéneo y lujoso.

La realidad es otra.

“Realmente es mucho más diversa y genera pasiones de vida. Fue interesante conocer esos pequeños submundos: se dividen en referencia al arte de pesca que aplican”.

Los grupos focales lograron identificar preocupaciones compartidas: la gestión de recursos marinos, la regulación pesquera y la inclusión de mujeres en el sector. En términos de intensidad, varios gremios registran niveles muy altos en aspectos como la preocupación por la sobrepesca y la necesidad de fortalecer capacidades técnicas.

A nivel grupal los desafíos económicos, como la falta de financiamiento estable o la dependencia de patrocinadores, se combinan con limitaciones organizativas que van desde estructuras informales hasta dificultades en el relevo generacional.

Durante este proceso de definir las preocupaciones y deseos del gremio en cada reunión, se notó otro impacto: el de la actitud de los participantes.

“La gente está harta de las reuniones. Una de las cosas que hemos identificado es el desgaste de los liderazgos”, dice Espinoza. En este proceso, al llegar a un espacio donde ellos construían el conocimiento y marcaban la pauta de qué era importante y qué no… en ese sentido, creo que les gustó mucho.

“Les hizo verse reflejados. Muchos dijeron, ‘Es un espejo de lo que somos nosotros, pero nunca lo habíamos visto así”.

A pesar de que el proceso tenía sus limitaciones. Por ejemplo, durante los conversatorios se logró identificar a otros grupos y sub-sectores que se deben incorporar a la conversación a futuro. Según Henry Marín, lo más importante del proceso ha sido también “lo más básico”: sencillamente sentar juntos a estas personas de vidas y trayectorias tan distintas.

“No había pasado antes”, dice. “Estamos juntando en espacios de diálogo a diferentes partes del sector: personas que pertenecen a marinas, a tiendas, al Caribe, a pesca de kayak. Esas personas, esos grupos nunca antes se habían sentado a discutir sus ideas… En todos esos espacios y en las conversaciones estamos creando como ese tejido, y es algo muy abstracto que todavía es muy difícil de medir. Pero ese paso inicial ya se dio”.

La prueba de fuego: el Taller Nacional

Todo el proceso culminó en el Taller Nacional en Belén, en octubre del 2025. Incluía a uno o dos representantes de cada uno de los 10 grupos focales, más otras nuevas personas que se fueron sumando al proceso. El objetivo era revisar los insumos como grupo y salir con una versión final de la ruta a seguir.

Fue la primera vez que un grupo de representantes de todo el sector se reuniera a nivel nacional, y algunos de las participantes dijeron después que llegaron al hotel sintiéndose inciertos, sin claridad sobre lo que se lograría de verdad.

“Cuando me invitaron, no tenía la más mínima idea de lo que venía”, admite después el capitán José Moya, de Golfito. Sin embargo, las bromas y la camaradería no tardan en aparecer. Entre rompehielos y risas, el grupo se enfocó en el plato fuerte: la revisión de las preocupaciones expresadas por cada grupo focal.

Había varias. Los recursos pesqueros están en declive, debido a varios factores incluyendo conflictos institucionales, pesca ilegal,no declarada y no reglamentada (INDNR), vacíos regulatorios específicos, contaminación y degradación de hábitats. Hay debilidades de recursos humanos: falta de capacitación formal, desconocimiento de buenas prácticas, brechas de género, débil relevo generacional, baja participación juvenil, y dependencia de líderes veteranos.

Pero había noticias positivas. Cuando Carlos Espinoza presentó su mapeo de actores, incluyendo a diferentes organizaciones a nivel nacional con potencial para impactar estos temas, se escuchó una voz del grupo: “Es bastante alentador”, dice Kiara Guzmán, de Flamingo, Guanacaste.

El facilitador explicó al grupo que el potencial está allí: es cuestión de unificar para poder abogar mejor para lo que se necesita este sector para seguir beneficiando económicamente y socialmente a sus comunidades.

Al final del segundo día de trabajo, los participantes habían definido acciones prioritarias en cada uno de los temas claves.

Antes de despedirse, varios miembros del grupo expresan que están sorprendidos por la claridad que ha salido de un proceso que, a veces, parecía confuso. Marbely López, de Quepos, les dice al grupo que había momentos entre los papeles y dibujos cuando “sinceramente no le encontraba ni pies ni cabeza… pero “a todos nos une una misma pasión”.

“Intercambiamos conocimiento y vimos que la situación que yo vivo en Barra del Colorado es diferente de lo que se vive en Parismina, en Guanacaste”, dice María Carrillo. “Ahora uno lleva todos estos rostros grabados en la mente.”

José Moya expresa su motivación por estar aquí y por seguir involucrado en el futuro.

“Quiero volver a ver, en Golfito, a Costa Rica, a los mares, como estaban desde hace 20 años. Quiero que mis hijos y nietos puedan ver (esa cantidad de peces) que vimos 20 años atrás”, dice. Menciona estructuras y mecanismos que existen en otras latitudes: el servicio de Pesca y Vida Silvestre en Estados Unidos, los mecanismos de trazabilidad que han logrado en Guatemala. “¿Por qué no soñar?”.

‘Allí está la magia’

Después de que esas personas que se encontraron en Belén volvieron a sus trabajos, principalmente en comunidades costeras, siguió un trabajo fuerte de parte de FECOP para dar seguimiento a todas las ideas que se pusieron en el papel durante el Taller Nacional.

En marzo de este año, la FECOP hizo una mesa técnica de validación 22 actores provenientes del sector público, cooperación internacional, sociedad civil y sector de la pesca turística. Incluyeron a instituciones como GIZ, Fundación Amigos de la Isla del Coco, Conservación Internacional, INA y la Embajada de Estados Unidos, junto con marinas, operadores turísticos y organizaciones de la sociedad civil.

La Ruta publicada incluye cinco estrategias enfocadas en identidad y gobernanza; monitoreo participativo; buenas prácticas de pesca turística y deportiva; acceso y zonificación de áreas de pesca; y competencias sectoriales y satisfacción del cliente. Esa última estrategia busca consolidar programas de formación y mejorar acceso a financiamiento, entre otras acciones.

Todo obedece a una visión para “un sector de pesca turística-deportiva con identidad y una voz propia, articulado y profesionalizado, que gestiona su actividad con base en evidencia, acuerdos participativos y estándares de sostenibilidad, contribuyendo de manera verificable a la conservación de especies clave y al bienestar de las comunidades costeras”.

Alcides Alfaro, de Quepos, dice que espera que estas estrategias sean parte de lograr una voz más unificada, y mejor representada en el Gobierno, de una actividad económica que sostiene a miles de familias costarricenses.

“Que seamos escuchados. Que tengamos una voz. Ya luego con esa fuerza de gremio, ya podríamos trabajar en muchos otros temas, ya seríamos escuchados en la parte política, en la parte social, en la parte de los medios, en la parte de darnos a conocer”, dice. “Si usted ve otros gremios, cuando pasa algo en contra de esos gremios, se manifiestan rapidísimo, hay una unión increíble. Nosotros tenemos esa dispersión, y hay que ver como nos logramos unir”.

José Moya dice que espera que esa unidad de la que habla Alcides podría lograr “que el gobierno nos vuelva a ver. En el sector pesquero deportivo, tanto como en la Zona Sur, Pacífico Central, Norte, en el Caribe: todos estamos necesitando de la ayuda.

Es hora que el Gobierno tome una gran importancia en la pesca deportiva, porque para mí la pesca deportiva es el futuro de Costa Rica en el sector acuático”, dice. “Con la pesca deportiva hay muchos ingresos, la economía es mucho mejor, pero si dejamos la pesca deportiva a un lado, siento que vamos a tener una problemática el día de mañana que va a comprometer muchos trabajos”.

Los encargados en FECOP indican que la Ruta ya está ayudando a estructurar las conversaciones entre las comunidades de la pesca deportiva y turística, y las personas que los representarán en el Poder Ejecutivo y Asamblea Legislativa a partir de mayo.

“Durante años, este sector ha trabajado de manera dispersa, pese a sostener miles de empleos y comunidades costeras enteras. Lo valioso de esta Ruta es que reúne las voces de capitanes, operadores, marinas, pescadores y comunidades turísticas en una agenda común. Esta ruta pertenece al sector y a las personas que dependen de él,” dice Damián Martínez.

“El siguiente paso es convertir esta Ruta en acciones concretas. El sector ya hizo el trabajo de organizarse, dialogar y definir prioridades; ahora necesitamos voluntad política, articulación institucional y apoyo para implementar soluciones. La urgencia es real, porque muchas comunidades costeras dependen directamente de esta actividad para su sustento”.

Este reportaje fue creado en el marco del proyecto “Pesca Turística Participativa”, liderado por la Federación Costarricense de Pesca Turística (FECOP), con el apoyo de la Embajada de los Estados Unidos de América en Costa Rica.

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