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Ninguna mujer debería tener precio: el debate sobre Jacó

Prostitución. Una palabra que, desde su raíz latina (prostitutio), carga el peso de una realidad que degrada, corrompe y destruye tanto el alma como el cuerpo. Significa “poner delante” o “exponer públicamente”, tal como ocurría en la antigüedad con quienes eran ofrecidas para el comercio sexual.

Según el Diccionario de la Real Academia Española, la prostitución es la actividad de quien mantiene relaciones sexuales con otras personas a cambio de dinero. Se trata de una realidad dolorosa a escala mundial, que también ha golpeado a Costa Rica durante muchos años. Esa preocupación se intensifica ante la información publicada el pasado 26 de junio sobre la propuesta de regularizar la prostitución en Jacó.

De acuerdo con la información divulgada, la iniciativa planteada por el alcalde de Garabito, lejos de proteger a las mujeres, las convertiría en objeto de una actividad registrable. Regular este tipo de prácticas equivale, en la práctica, a legitimar la explotación sexual femenina y, con ello, favorecer otros problemas de fondo, como el narcotráfico y el crimen organizado, además de afectar la imagen de Costa Rica como destino de turismo responsable. Ante esta dolorosa realidad, deseo reivindicar el valor de la dignidad humana.

Dignidad. Del latín dignitas, derivado de dignus, que significa “merecedor”, según la Real Academia Española. La dignidad encierra la capacidad de ennoblecer el alma y el cuerpo, engrandeciendo lo humano. Es el terreno fecundo de la belleza que nos hace iguales en esencia y solidarios en la convivencia, como merecedores del don de la vida.

Para el filósofo alemán Immanuel Kant, la dignidad humana constituye el valor intrínseco y absoluto que hace al ser humano insustituible. Esto significa que las personas no tienen precio ni pueden ser tratadas como simples instrumentos.

En su pensamiento ético, Kant establece una distinción fundamental entre las cosas y las personas. Las cosas tienen un precio y pueden ser intercambiadas; sirven como medios para alcanzar determinados fines. Las personas, en cambio, poseen dignidad y están por encima de cualquier precio: son únicas, irrepetibles y merecen respeto absoluto por su capacidad de razonar, elegir y actuar libremente.

Por su parte, la filósofa estadounidense Martha Nussbaum, una de las pensadoras contemporáneas más influyentes, considera que la dignidad humana constituye el núcleo de la justicia social y de los derechos humanos. Su enfoque vincula la dignidad de la mujer con el desarrollo de capacidades, entendidas como las oportunidades reales que poseen las personas para desplegar plenamente su potencial.

En sus obras, Nussbaum rechaza la explotación sexual y sostiene que una vida digna exige tratar a las mujeres con respeto, nunca como simples instrumentos. Para ella, la justicia es un valor esencial para toda sociedad.

Asimismo, san Juan Pablo II, en su carta apostólica Mulieris Dignitatem (1988), dedicada a la dignidad y vocación de la mujer, fundamenta la antropología cristiana en la igualdad de dignidad entre el hombre y la mujer. Ambos, desde su diferencia y complementariedad, han sido creados a imagen y semejanza de Dios. El documento destaca, además, el papel singular de la mujer como portadora de vida, su vocación al amor y el valor de la entrega a Dios en la vida consagrada.

En tiempos en los que incluso la inteligencia artificial nos obliga a redescubrir qué es lo que nos hace verdaderamente humanos, el papa León XIV nos recuerda que la dignidad no es un concepto abstracto, sino la grandeza constitutiva de toda persona. Esa misma dignidad es la que hoy está en juego en las calles de Jacó.

Por ello, y a partir de esta reflexión, permanece la esperanza de que la dignidad humana siga siendo siempre motivo de defensa y anhelo. La ignorancia paraliza; la formación, en cambio, nos une y nos dignifica. Las humanidades tienen un papel fundamental: ayudarnos a ser más humanos, en el mejor sentido de la palabra. Nuestra dignidad nos humaniza.

modiof23@gmail.com

Marianne Odio Fonseca es profesional en Humanidades y especialista en Talento Humano.

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