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Los años no pasan para Óscar Wilde

Abc.es 
Reconocía Ramón Gómez de la Serna en su 'exhumación' de la edición española de 'El retrato de Dorian Gray' de 1918 que era la obra más autobiográfica de Óscar Wilde . Destacaba «la intensa locura, el intenso martirio de los pocos que tienen esta intensidad y encuentran la difícil expresión». Se calificó a la única novela de Wilde de terror gótico o decadentismo 'fin de siecle'; pero es, sobre todo, una fábula moral. Casi todo el mundo conoce la trama que Wilde ideó cuando una pintora le hizo un retrato en 1887: «Qué cosa tan trágica. Este retrato nunca envejecerá y yo sí. Ojalá fuera al revés», lamentó el escritor. Nacía Dorian Gray, capaz de pactar con los heraldos del mal para mantenerse bello hasta que su otro yo del lienzo le revela una faz putrefacta. Marc Rosich condensa a Wilde en hora y media y lo relee con la música de Jordi Cornudella. Acierta. No es la primera vez que las corcheas 'dicen' a Wilde: recordemos 'La importancia de ser Frank' que dirigió David Selvas. La inmarcesible Àngels Gonyalons se desdobla en todos los personajes de la novela. Es Dorian, el narciso diabólico al modo de Fausto, obsesionado por conservar su juventud a costa de su alma. Es Basil Hayward, el pintor enamorado de Dorian que concibe su retrato como la obra de su vida. Encarna a Lord Henry, maestro de la depravación: como un Virgilio en modo dandi conduce a Dorian por los infiernos de los libertinos. Y también la joven Sibyl Vane, actriz primeriza en teatros de segunda categoría: la única persona con la que Dorian conoce el amor. Gonyalons brinda una interpretación potente, tanto en su faceta actoral como canora. Le acompañan Jordi Vidal, Pau Oliver y Pol Blancafort: cual coro griego complementan con verbo y coreografías la narración escénica. Al fondo de la minimalista escenografía, el Leos Quintet desgrana la banda sonora de Cornudella. Cuando Gómez de la Serna 'exhumó' la novela corrían tiempos de vanguardias y arte deshumanizado. En 2026, con el narcisismo ocupando las redes con toda su obscenidad, el retrato de Dorian traza una lección moral. Los años no pasan para Óscar Wilde.

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