Agricultura familiar que abastece el 70% de los alimentos del país está en riesgo ante un Niño muy fuerte
El riesgo de que el Fenómeno El Niño Costero alcance una magnitud extraordinaria hacia finales de 2026 y se prolongue hasta abril de 2027 ha puesto bajo presión a la agricultura familiar, actividad que produce el 70% de los alimentos que consumen los peruanos. Las lluvias intensas previstas para algunas zonas del país y los periodos de sequía esperados en otras regiones amenazan a miles de pequeños productores y a cultivos estratégicos para el abastecimiento nacional.
La alerta cobra fuerza luego de que la Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (Enfen) mantuviera el estado de alerta y no descartara que el evento alcance una magnitud extraordinaria durante los próximos meses. De concretarse este escenario, los efectos se sentirían en diversas regiones agrícolas del país, especialmente en aquellas donde la producción depende de las lluvias y donde la infraestructura de riego presenta mayores niveles de vulnerabilidad.
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El impacto no se limitaría a los campos de cultivo. Una reducción de la producción agrícola podría afectar la disponibilidad de alimentos y generar presiones sobre los precios de productos básicos de la canasta familiar.
Las proyecciones recogidas por la Convención Nacional del Agro Peruano (Conveagro) describen un panorama complejo para los próximos meses. Mientras algunas zonas del norte y la Amazonía enfrentarían lluvias por encima de sus niveles habituales, regiones de la sierra centro y sur podrían verse afectadas por periodos de sequía que comprometerían el desarrollo de las campañas agrícolas.
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Papa, maíz y quinua: los cultivos que podrían resentir con mayor fuerza un Niño intenso
La posible alteración de los ciclos climáticos amenaza a varios de los principales cultivos destinados al consumo nacional. Entre ellos figuran la papa, el maíz, la quinua, frutas y diversas leguminosas que forman parte de la dieta diaria de millones de peruanos. Dependiendo de la intensidad del fenómeno, los rendimientos agrícolas podrían disminuir entre 30% y 60%.
La situación resulta especialmente delicada en la sierra peruana. Cerca del 64% de la superficie cultivada corresponde a agricultura de secano, una modalidad productiva que depende directamente de las precipitaciones para sostener sus cultivos. Cuando las lluvias disminuyen o se presentan fuera de temporada, las posibilidades de compensar la pérdida de agua son limitadas.
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Los riesgos también alcanzan a la infraestructura que sostiene la actividad agrícola. El desborde de ríos, los huaicos y la acumulación de sedimentos pueden afectar canales, bocatomas y sistemas de irrigación, dificultando el acceso al agua para miles de productores y retrasando la recuperación de las zonas afectadas.
Los antecedentes permiten dimensionar la magnitud de estos eventos, ya que durante el Fenómeno El Niño de 1983 se registraron más de 520.000 hectáreas agrícolas afectadas o destruidas. En 1998, la cifra superó las 205.000 hectáreas. Años más tarde, el Niño Costero de 2017 dejó alrededor de 51.000 hectáreas dañadas y pérdidas estimadas en US$380 millones para el sector agrario.
La producción agrícola en riesgo y el posible impacto en el precio de los alimentos
Las consecuencias de una menor producción agrícola podrían sentirse rápidamente en los mercados. Cuando disminuye la oferta de alimentos, los precios tienden a elevarse, afectando especialmente a los hogares que destinan una mayor parte de sus ingresos a la compra de productos básicos.
Uno de los productos más sensibles es la papa. Bajo un escenario de afectación del 50%, la oferta disponible para abastecer los mercados podría reducirse en aproximadamente 1,8 millones de toneladas. La disminución de este cultivo tendría efectos directos tanto en los ingresos de los productores como en el gasto de los consumidores.
Las proyecciones también consideran afectaciones sobre el arroz y diversos granos andinos, entre ellos la quinua, el maíz amiláceo, el trigo y la cebada.
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Ante este escenario, las organizaciones agrarias plantean acelerar las medidas de prevención y fortalecer los mecanismos de protección para los productores. Entre las propuestas figuran programas de financiamiento, ampliación de la cobertura del seguro agrario, rehabilitación de infraestructura hidráulica y acciones orientadas a garantizar el abastecimiento de alimentos en las zonas que puedan resultar afectadas.
La evolución del fenómeno climático durante los próximos meses será determinante para el sector. En un país donde siete de cada diez alimentos provienen de la agricultura familiar, la capacidad de reducir los daños no solo influirá en la producción rural, sino también en la estabilidad de los precios y en la seguridad alimentaria de millones de peruanos.