El algoritmo es un lobo para el hombre
Lo primero que hice cuando ganamos el Mundial fue acordarme de los amigos argentinos. Escribí a Jorge Fernández Díaz, a Diego Chiaramoni y a Javier Calles-Hourclé y a los tres les dije lo mismo: «La superioridad de España es lo de menos. La verdad es que pudo ganar cualquiera. En todo caso, enhorabuena por la garra y el orgullo». Es evidente que en algunos momentos del partido –no tantos, aunque ahora queramos exagerar– algunos jugadores argentinos se comportaron de modo inadecuado. Fueron sancionados por ello y no pasa más: esto es una final de la Copa del Mundo, no una reunión de monjas clarisas. El límite del reglamento sigue siendo parte del reglamento y está bien que así sea. Más... Ver Más