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120 años después... ¡Vive, vive! ¡Cartago Vive!

El fútbol tiene la capacidad de inventar sus propias religiones. Un partido puede prometer la salvación. Una circunstancia una maldición. De todo esto bien lo sabe el Club Sport Cartaginés que con 120 años ha hecho vivir a su afición (y a todo el país) una historia completamente singular.

Cada siete días (o el tiempo que pasa para el partido entre semana), el Cartaginés vuelve a decirle al creyente que ahora sí, que esta vez será diferente, que el pasado ya no importa. Pocas aficiones han practicado ese acto de fe con tanta disciplina; con el aprendizaje que la esperanza también se viste de blanco y azul.

Tantísimos años de tradición

El Cartaginés nació cuando Costa Rica apenas aprendía a imaginarse como país moderno. Desde entonces sobrevivió a guerras mundiales, terremotos, crisis económicas, pandemia y revoluciones tecnológicas. Cambiaron los balones, los estadios, las estrellas en la cancha, las reglas del juego y hasta la forma de seguir un partido. Lo único que nunca cambió fue esa multitud que, cada domingo, decidió creer otra vez.

Porque, siendo sinceros, ser cartaginés nunca fue el camino fácil.

Durante décadas, el club cargó con una espera que terminó convirtiéndose en parte de su identidad. Una generación le contaba a la siguiente que algún día llegaría la miel.

Finalmente, llegó la fecha el 6 de julio de 2022, tras casi 82 años de sequía futbolística a nivel nacional, y justamente en el que sería el cumpleaños 102 de José Rafael Meza. Los hijos heredaban una promesa que los padres tampoco habían visto cumplirse. En pocos lugares del mundo una sequía deportiva fue capaz de producir tanta fidelidad. Y, sin embargo, nadie se fue.

Quizá porque el Cartaginés enseñó algo que el fútbol contemporáneo parece haber olvidado: que el amor verdadero no siempre premia de inmediato.

Pero esta imagen, tan recordada de los últimos años, es solo la punta del iceberg de la grandeza del club.

A veces se olvida que el decano del fútbol costarricense no construyó su prestigio únicamente desde la nostalgia. Lo hizo también desde las hazañas. Fue campeón nacional en 1923, 1936 y 1940, cuando el fútbol apenas comenzaba a definir la identidad deportiva del país. Medio siglo después, en 1994, alcanzó una cima que solo otros dos clubes costarricenses han logrado conquistar: levantar la Copa de Campeones de la Concacaf, frente al histórico Atlante de Ricardo La Volpe.

Los números ayudan a entender la dimensión de esa historia. Más de 2.800 partidos en la máxima categoría, más de mil victorias y más de cuatro mil goles anotados frente a 44 rivales distintos. Son cifras que hablan de permanencia, pero también de protagonismo. Porque un club no sobrevive ciento veinte años por inercia; necesita reinventarse generación tras generación.

Además, cada generación tuvo sus propios héroes. José R afael “Fello” Meza (quien jugó en México y Argentina) terminó dándole nombre al estadio. Leonel Hernández convirtió el gol en una costumbre: 164 tantos lo mantienen como el máximo anotador en la historia del club y también como el seleccionado brumoso con más goles.

Danny Fonseca hizo del uniforme una segunda piel durante 537 partidos, más que cualquier otro futbolista. Randall Brenes llevó el escudo hasta la Selección Nacional en 39 ocasiones, mientras Marcel Hernández escribió el capítulo más prolífico entre los extranjeros con 106 anotaciones.

También hubo quienes construyeron la historia desde el banquillo. Ningún entrenador dirigió más veces al Cartaginés que el español Juan Lorenzo Hernández, con 254 partidos. Todos estos datos fueron recopilados por el estadígrafo Gerardo Coto Cover (quien aparece en Facebook como El Zar de las Estadísticas).

Todos estos números son tan solo la piedra con la que se construyó el mito viviente del Cartaginés, el equipo del Vive, Vive, el de las generaciones de aficionados que siempre convertirán el Fello Meza en su propia ciudad de los domingos. ¿Hasta cuándo? Pues todos bien sabemos que mientras ruede la pelota...

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