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ACAM recibe críticas por su financiamiento. Así funciona realmente (y por esto es tan polémico)

Costa Rica es un país lleno de música que pareciera aspirar al silencio cuando llega la factura. Cualquier tico sabe que la música es omnipresente: acompaña el casado del almuerzo, marca el ritmo de las mancuernas en el gimnasio, llena los vacíos de una sala de espera y define la identidad nocturna de cualquier ciudad.

Esa música que está siempre ahí tiene dueño, y el uso de ese ingenio ajeno —cuando hay fines de lucro—, exige una retribución económica.

La discusión, que nunca ha sido sencilla, le corresponde liderarla a la Asociación de Compositores y Autores Musicales de Costa Rica (ACAM) en medio de una efervescente tormenta que atraviesa municipalidades, pasillos legislativos y, por supuesto, las calles.

Este es uno de los momentos más álgidos para ACAM en la arena política, pues un malestar latente del sector comercial encontró su catalizador en la Asamblea Legislativa con el diputado José Miguel Villalobos.

El cuestionamiento del diputado soberanista no se dirige hacia el espíritu de la Ley de Derechos de Autor, sino hacia la ingeniería de su recaudación.

Villalobos afirmó en junio pasado que, durante este cuatrienio, dedicará su tiempo a “revisar y traerse abajo” lo que él considera está mal gestionado por la asociación. “Estas sociedades que se llaman de gestión colectiva pueden fijar las tarifas libremente. Nadie las controla; ellos deciden cuánto cobran”.

Según dijo Villalobos a Revista Dominical, su interés en investigar a ACAM comenzó como una promesa de campaña y asegura que comercios y músicos le pidieron ejercer control político. Ahora incluso plantea crear una comisión legislativa investigadora. “Estoy empezando apenas. Falta mucho todavía contra ACAM”, aseguró.

Así recauda ACAM

En redes sociales han calado críticas hacia la estructura de ACAM y su operación, como las licencias que deben pagar los locales por reproducir música nacional e internacional y la distribución de ese dinero.

Jimmy Bolaños, director general de ACAM, explicó que el tarifario de las licencias se basa en el modelo mexicano Unidad de Derecho de Autor (UDA), el cual establece distintas variables en relación al uso de la música: no es lo mismo su reproducción en un concierto, un bar o en una soda.

De esta manera, se categoriza su uso como “indispensable”, “necesario” o “accesorio” para el comercio. Por ejemplo, una cafetería con capacidad para 16 personas debe pagar ¢5.200 mensuales a ACAM por el uso “accesorio” de la música. La cifra va subiendo según las condiciones del local: si vende licor, si cobra entrada y si tiene capacidad para más de 100 personas.

Un gimnasio donde asistan más de 51 personas tiene una licencia de ¢41.500; una discoteca para 160 personas debe pagar ¢62.200; y un balneario de cinco piscinas, ¢75.200. La licencia más alta le corresponde a los hoteles de siete estrellas con más de 151 habitaciones, fijada en ¢663.700.

ACAM brinda tarifas diferenciadas de menor costo a las micro, pequeñas y medianas empresas o agrupaciones gremiales anexas, como la Cámara De Restaurantes (Cacore) y la Cámara de Hoteles (CCH).

Para José Miguel Villalobos, este tarifario “es totalmente arbitrario, sin ninguna base lógica ni racional”, ya que, a su juicio, no tiene cómo contemplar el tiempo que la música se escucha en un local.

“Póngase con que alguien tiene en la pared del restaurante una reproducción de un cuadro de un pintor residente. Viene el pintor residente y dice ‘como hay una reproducción de la obra mía y está puesta en la pared del restaurante, y con esa obra están atrayendo clientes, entonces me tienen que pagar por exhibir la reproducción de mi pintura’. Es lo mismo, absurdo totalmente. Desde el momento que un músico o un compositor creó con su intelecto y con su capacidad una obra y la colocó en el mercado, ya cobró por eso”, indicó.

Al consultársele sobre cuáles otros mecanismos podrían mejorar el cálculo de tarifarios de ACAM, respondió que “no soy yo ni es el congreso el que tiene que decirles cómo se cobra, es cada compositor y autor”.

“Desde el momento en que un músico o compositor crea una obra con su intelecto y la pone en el mercado, ya cobró por ella. Pretender seguir cobrando cada vez que esa canción se reproduce me parece ridículo. ¿Qué, Armando Manzanero va a ir al bar de Licho, en Quebrada Grande de Liberia, porque está sonando Somos novios para cobrar? Francamente, me parece ridículo", agregó.

En el escenario que ACAM deje de operar, Arnoldo Castillo, presidente de ACAM, señaló que Costa Rica podría exponerse a un arbitraje internacional. “Si ACAM fuera degradada o de alguna forma disminuida en su labor de recaudación, y eso es producto de políticas que afectan el derecho de los autores, absolutamente vendria un problema internacional muy importante”, señaló.

“Costa Rica tiene firmados 18 tratados de libre comercio y la médula espinal de todos los tratados habla de la protección de propiedad intelectual. Costa Rica se vería en un problema legal e internacional, empezando por Estados Unidos“, añadió.

Esteban Monge, cantautor y asesor del ente, acotó que la recaudación de las licencias parte de la materia de propiedad intelectual y el derecho de autor de los músicos, el cual tiene su condición de derecho humano reconocido por el artículo 27 de la Declaración Universal de Derechos Humanos y el artículo 47 de la Constitución Política. El artículo 17 de la Ley de Derecho de Autor establece que al titular de los derechos patrimoniales sobre la obra le corresponde determinar la retribución económica que deben pagar los usuarios.

Allí entra ACAM, que gestiona el derecho patrimonial de comunicación pública. “No se ve a Juanes tocando puerta por puerta para decir que estamos usando su música. Eso no existe hoy por hoy”, dice Jimmy Bolaños.

Quien regula y autoriza a ACAM para operar es el Registro de Propiedad Intelectual del Registro Nacional, adscrito al Ministerio de Justicia y Paz (MJP). También forma parte de la Confederación Internacional de Sociedades de Autores y Compositores (CISAC). Según Monge, aunque ACAM es una sociedad privada, deposita los estados financieros en el registro.

Para facilitarle a tanto al usuario como a los titulares el reconocimiento de ese derecho patrimonial, se crean entidades de gestión colectiva que generan un tarifario. Nosotros lo depositamos ante el registro de propiedad intelectual como parte de los requisitos para estar autorizados para operar (...). No es una ocurrencia, no es una arbitrariedad, sino que tiene todo un sustento".

Esteban Monge, asesor de ACAM

ACAM explica su postura

La idea de proteger legalmente las creaciones intelectuales surgió en la Europa del siglo XV. En 1421, el arquitecto italiano Filippo Brunelleschi obtuvo de la ciudad de Florencia el derecho exclusivo para explotar comercialmente una embarcación de su invención, considerado el primer antecedente de una patente moderna.

Décadas más tarde, en 1474, la República de Venecia aprobó el primer régimen jurídico de patentes, que otorgaba a los inventores un período de exclusividad para explotar sus creaciones e impedía que otros las copiaran sin autorización. Esto, siglos después, daría origen a los actuales sistemas de propiedad intelectual y derechos de autor, así como sus esquemas de cobro. La situación para la música se complejizó cuando la música grabada hizo a los artistas buscar esquemas para poder recibir remuneración por su trabajo.

Uno de los más relevantes es el Convenio de Berna, que fue adoptado en 1886 y al cual Costa Rica está adscrita.

En el país, ACAM nació en 1990, ocho años después de la aprobación de la actual Ley de Derechos de Autor. Para entonces, recuerda su presidente, Arnoldo Castillo, el país llevaba décadas con una legislación que protegía a los creadores, pero sin una organización capaz de administrar colectivamente esos derechos.

La necesidad era simple: ningún compositor podía recorrer el país cobrando personalmente cada vez que una de sus canciones sonaba. Por eso surgieron las sociedades de gestión colectiva, un modelo que Costa Rica adoptó décadas después de otros países; por ejemplo, Francia lo implementó hace 200 años.

“ACAM representa hoy a cerca de 5.000 autores costarricenses y, mediante acuerdos de reciprocidad con sociedades homólogas, también administra el repertorio internacional”, señala Castillo.

Sin embargo, Castillo considera que la música sigue enfrentando un problema: muchas personas no perciben que existe un trabajo detrás de ella. “La gente entiende que cuando llena un carrito en un supermercado debe pagar por lo que lleva, pero la música es intangible y muchas personas creen que es gratis”, afirma.

Castillo insiste en que el debate trasciende las tarifas o la gestión de una asociación. Para él, los derechos de autor son el reconocimiento de que la creación intelectual también constituye una forma de trabajo.

”Costa Rica ha firmado 18 tratados de libre comercio y en todos la propiedad intelectual ocupa un lugar central. Nuestros derechos están protegidos por la legislación nacional y por compromisos internacionales", afirma.

”Nos preocupa que este debate se esté utilizando políticamente, porque se transmite el mensaje de que eliminar un requisito administrativo elimina también el derecho de autor, y eso simplemente no es cierto", explica.

”Hay un enorme valor cultural. Nosotros no fabricamos objetos; construimos cultura. Siempre he dicho que un país que no protege a sus creadores no puede tener éxito; difícilmente podrá aspirar al desarrollo. Los países que protegen la propiedad intelectual son los que lideran la innovación.

Así se distribuye lo que recauda ACAM

Con el dinero recolectado con las licencias, ACAM distribuye los fondos en distintas partidas: 34% a los derechos conexos y 66% a los derechos de autor.

De la categoría de derechos de autor, 10% se dirige al Fondo Social y Cultural -que gestiona actividades y programas para estimular la composición de obras musicales y producción discográfica-, 30% a los gastos operativos y 60% a la distribución de los titulares del derecho de autor.

Ahora bien, ese 60% de distribución es el que más críticas ha recibido, ya que se divide en 95% para músicos internacionales (que incluye las remesas efectivas y el impuesto sobre la renta) y 5% para artistas nacionales. Estos rubros se fijan mediante un monitoreo de las canciones en las plataformas digitales, la radio, la televisión y los conciertos; es decir, entre más se escuchen las obras, más dinero recibirán sus autores.

De acuerdo con Edín Solís, expresidente de ACAM y vocal, ACAM repartió ¢225 millones a 1.407 artistas costarricenses en 2025. Cada asociado recibe el dinero semestralmente. Ese mismo año, ¢1.314 millones se dirigieron a 123 sociedades del extranjero y otros ¢250 millones fueron asignados al Fondo Social y Cultural.

“Usar el argumento de que la mayor cantidad de dinero se va para fuera como para deslegitimar la gestión no es de recibo, porque no es una situación que la gestión colectiva provocó. Tiene que ver con otros factores, con el desarrollo de industria costarricense, de las políticas públicas y culturales”, añade Monge.

No conozco a nadie de ACAM. No tengo el gusto o el disgusto de conocerlos, no tengo ningún contacto con ellos, no sé ni quiénes son. Creo que es un señor que se llama Edín y otro señor de apellido Castillo. No es un tema personal, nunca me han afectado a mí en lo personal, no tengo negocios donde me estén cobrando ni a mí ni a parientes ninguna suma de dinero, así que el tema no es personal".

José Miguel Villalobos, diputado

Enredo municipal

Durante muchos años, si usted quería abrir un negocio, la municipalidad le exigía presentar el recibo de que ya le había pagado a ACAM. Si no, se quedaba sin patente.

¿Qué ha cambiado? Que se descubrió que las municipalidades venían pidiendo ese requisito apoyadas en un artículo de un decreto derogado en 2009. Al darse cuenta, municipalidades como San Ramón, Desamparados, Garabito, Liberia y Limón eliminaron el requisito, pero algunos comerciantes confundieron un trámite municipal con una ley nacional.

Un ejemplo hipotético: si una municipalidad decide que ya no va a pedir el marchamo al día para otorgar una patente de transportes, usted puede sacar su patente sin el marchamo. Sin embargo, el marchamo sigue existiendo por ley nacional. Si usted saca el carro a la calle, la Policía de Tránsito lo va a multar y le va a quitar las placas, porque la ley nacional sigue vigente, aunque la municipalidad ya no se lo pida para su trámite.

Lo mismo pasa con la música: la municipalidad quitó el trámite de pedir el papel de ACAM, pero la Ley de Derechos de Autor sigue vigente y quien incumpla con la licencia, estaría infringiendo en delito. Se multa desde cinco a veinte salarios base hasta tres a cinco años de prisión.

Para Monge, el requisito municipal debería mantenerse porque brinda un factor de seguridad jurídica tanto para el usuario como para el músico; levantarlo afecta la capacidad operativa de ACAM (53 personas).

“Si yo llego a pedir una licencia de venta de drogas ilegales, ¿será que la municipalidad me la va a dar? ¿O si yo llego a vender mercadería falsificada? La municipalidad no me va a dar la patente. Entonces igual, yo voy a poner música, pero no voy a pagar a los titulares“, ejemplifica.

“No tendríamos la capacidad de supervisar todos los negocios para ver si tienen música o no. Tendríamos que hacer giras por los territorios, ver donde se está utilizando la música y después hacer la gestión”, agregó el director Bolaños, aclarando que también existe el software de monitoreo BIMAT, el cual fue incorporado en ACAM hace más de 10 años.

Este sistema tiene base en España y se utiliza por las demás asociaciones de gestión colectiva en Europa y Latinoamérica. “Es una maravilla porque podemos saber, minuto a minuto, segundo a segundo, lo que suena en la radio, la televisión, etc”, añadió Castillo.

Además, a ACAM le ha tocado enfrentar otro dilema público, pues la noche de San José estuvo a punto de quedarse con las luces encendidas antes de tiempo. El 7 de julio, el Concejo Municipal del cantón capitalino aprobó un polémico reglamento que pretendía prohibir la música en vivo, los DJs y el baile en bares y restaurantes después de las 10 p. m.

El acuerdo aún no estaba en firme y, una semana después, los regidores tuvieron que echar para atrás y congelar el plan. San José se salvó del silencio temprano, pero el amago dejó al descubierto una vulnerabilidad gigante para ACAM.

¿Qué dicen los artistas?

Una canción tarda tres minutos en sonar, pero puede tardar décadas en escribirse. Así piensa Tapón, quien antes de grabar su primer disco, en 1998, ya había llenado cuadernos con más de un centenar de canciones.

Desde entonces ha publicado 24 discos de estudio y ha grabado más de 500 composiciones, un catálogo que sigue generando regalías. Por eso observa con extrañeza que la discusión sobre ACAM se concentre en cuánto paga un comercio y no en quién creó la música.

“¿Qué hacen las discotecas sin música? Hubo alguien que pasó horas escribiendo esa canción, haciendo los arreglos, grabando un video y logrando que la gente la conociera para que después simplemente la pongan, armen el baile o se ponga bonito el ambiente. No reconocerlo es aprovecharse del trabajo de los demás”, reflexiona.

“Yo soy de los que piensa que la música es para todos y ojalá la escuche la mayor cantidad de gente. Pero también es justo que quien crea la música reciba aunque sea una pequeña parte”, afirma.

Aunque reconoce que en el pasado hubo ocasiones en las que esperaba un mayor respaldo de ACAM, considera que el trabajo de la organización sigue siendo indispensable para proteger a los compositores. Hoy, dice, mantiene una excelente relación y asegura que, desde que comenzó a recibir sus liquidaciones, cada seis meses, nunca le han fallado, y confía en el liderazgo de Arnoldo Castillo.

Eso sí, revela que las regalías distan mucho de un salario fijo; muchas de estas transacciones no alcanzan los seis dígitos. “Es muy circunstancial. No vivís con esto”, explica. “Lo difícil es que hoy ya no vivimos de vender discos, sino de las reproducciones”.

Para Tapón, una forma de fortalecer esa cadena sería que Costa Rica siguiera el ejemplo de otros países e impulsara por ley cuotas obligatorias de música nacional en la radio. “Debería ser un 50% de lo que suena. Aquí hay mucha música buena, pero he estado en conciertos donde un DJ toca durante una hora y no pone ni una sola canción tica”.

“No es la cantidad; es el porqué”

Cuando Gandhi lanzó su primer disco, en 1997, Luis Montalbert admite que ni él ni el resto de la banda entendían qué significaban los derechos de autor. Fue ACAM, recuerda, la que les explicó que una canción no terminaba cuando salía del estudio y seguía teniendo una vida económica cada vez que sonaba.

Hoy, el cantante dice mantener una excelente relación con la asociación. Cuenta, eso sí, que el monto que siempre recibe cada seis meses nunca ha representado un ingreso capaz de cambiarle la vida, pero sí una confirmación de que su trabajo creativo conserva valor.

“No me cambia la vida la cantidad. Lo que sí me cambia es el porqué me lo pagan. Ese porqué incentiva a que yo quiera seguir haciendo música”, dice.

Incluso, cuenta, temas como el que la banda grabó para la Selección Nacional incrementan las regalías cuando La Sele atraviesa un buen momento deportivo. “Cuando la Sele no clasifica, perdemos todos”, comenta entre risas.

Pero el músico señala que existe otra fuente de ingresos menos conocida (y más favorable para el músico). Cuando una banda nacional abre un concierto internacional, ACAM recauda el porcentaje correspondiente por la ejecución pública de todas las canciones interpretadas esa noche y luego distribuye ese dinero entre los titulares de las obras.

“Si Gandhi abre un concierto de Guns N’ Roses en un Estadio Nacional lleno, la recaudación de esa noche se divide entre todas las canciones que se tocaron. Esa liquidación puede ser incluso más grande que la semestral. No es una suma despreciable”.

Más allá del dinero, Montalbert lamenta que el debate alrededor de ACAM haya evidenciado, a su juicio, una falta de comprensión sobre el valor del trabajo artístico. “Me parece triste que algunas municipalidades hayan tomado esa actitud. Como país nos ha faltado educarnos sobre la importancia de los artistas. Hace falta apoyo del Estado. No veo un buen futuro económico para nuestros artistas. Esto no es una ocurrencia de unos maecillos. Es un movimiento mundial que tiene mucho sentido.”

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