Un hombre de casi 90 kilos levantó un país hundido que acababa de perder la final del Mundial
Para mí el Mont Ventoux no es una montaña, es una rueda. La rueda de mi compañero, que pedalea delante de mí como única referencia, un pequeño refugio contra el viento y contra mis propios pensamientos. En esa tarde de Junio no miro la cima ni calculo cuánto falta. Sólo trato de mantenerme allí, a unos centímetros de aquella rueda, consciente de que perderla significa quedarme solo frente al Gigante de la Provenza.]]>