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Obesidad ya es la segunda causa de morbilidad entre adolescentes en Perú: más de 100.000 casos en 2026

La obesidad dejó de ser un problema aislado para convertirse en una de las principales condiciones registradas entre los adolescentes en el Perú. Datos del Repositorio Único Nacional de Información en Salud (REUNIS) del Ministerio de Salud (Minsa) muestran que esta condición pasó del sexto lugar entre las causas de morbilidad adolescente en 2020 al segundo puesto en el primer semestre de 2026.

Según los registros oficiales, en 2020 se contabilizaron 27.673 casos de obesidad en adolescentes, equivalentes al 2,5% de las morbilidades registradas. Para 2021, la cifra aumentó a 48.784 casos (4,4%) y la condición subió al quinto puesto.

El salto fue mucho mayor en 2022, cuando se reportaron 102.032 casos, que representaron el 9,3% y colocaron a la obesidad en el cuarto lugar. En 2023 se registraron 105.255 casos (9,6%), mientras que en 2024 la cifra llegó a 155.489 (14,2%).

Durante 2025, la obesidad avanzó nuevamente en el ranking y alcanzó el tercer lugar, con 182.758 casos, equivalentes al 16,7% de las morbilidades registradas. La tendencia continúa durante este año. Hasta junio de 2026, el REUNIS contabiliza 106.192 casos, cifra que ya coloca a la obesidad en el segundo lugar, únicamente por debajo de la caries dental.

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Una problemática que comienza desde edades tempranas

Para Jessica Huamán, nutricionista e integrante de la Plataforma por la Seguridad Alimentaria, el incremento no debe analizarse únicamente desde el peso corporal, sino como parte de un problema de malnutrición que afecta cada vez más temprano a la población.

La especialista explica que el sobrepeso y la obesidad están creciendo no solo entre adolescentes, sino también entre niños y niñas. Según estimaciones que recoge de UNICEF, para 2030 el Perú podría superar el millón de niños y niñas con sobrepeso u obesidad.

Huamán señala que existen diversos factores detrás de esta tendencia. Entre ellos menciona el consumo de productos ultraprocesados, que suelen contener cantidades elevadas de azúcares, sodio y grasas, además del sedentarismo y el uso excesivo de pantallas.

"Estos productos ultraprocesados, al tener nutrientes críticos como exceso de azúcares, sodio y grasas saturadas, generan esta situación de exponer al organismo desde tempranas edades", explica.

A ello se suma el cambio en las actividades cotidianas de las y los menores. La especialista sostiene que el juego físico —en una cancha, un parque o un patio— ha ido siendo reemplazado por actividades frente a celulares, videojuegos y otras pantallas. "El juego también es parte de la actividad física que puede realizar un niño, niña o adolescente", señala.

El colegio como punto clave para prevenir

Ante este escenario, Huamán considera que una de las medidas más efectivas sería garantizar una evaluación nutricional permanente dentro de la comunidad escolar.

La especialista plantea que los estudiantes deberían pasar periódicamente por evaluaciones antropométricas, que incluyan peso y talla, para determinar su estado nutricional y establecer intervenciones de acuerdo con las necesidades de cada grupo.

El problema, advierte, es que este tipo de seguimiento no se realiza de manera uniforme en todo el país. "Se está concentrando mucho el país en malnutrición por defecto, pandemia y desnutrición, pero la malnutrición por exceso, que es el sobrepeso y obesidad, también está presente en los colegios", sostiene.

La situación también presenta diferencias según la etapa escolar. Huamán señala que, de acuerdo con las tendencias de malnutrición, en primaria el sobrepeso y la obesidad presentan una mayor presencia en varones, mientras que en secundaria la situación se observa más entre mujeres.

Esto puede estar relacionado, entre otros factores, con los cambios hormonales y fisiológicos propios de la adolescencia, etapa en la que las mujeres pueden presentar una mayor predisposición a incrementar su porcentaje de grasa corporal.

Quioscos escolares: una tarea pendiente

La alimentación dentro de los colegios también representa un punto crítico. Huamán considera necesario que el Estado garantice el cumplimiento de las normas de alimentación saludable y que se fiscalice lo que se ofrece en los quioscos y comedores escolares.

La especialista sostiene que, particularmente en colegios públicos, todavía se encuentran productos ultraprocesados a disposición de los estudiantes.

Por ello, plantea reforzar la implementación de quioscos saludables, promover la actividad física y realizar un seguimiento del estado nutricional de los adolescentes en coordinación con los establecimientos de salud del primer nivel.

En esa línea, considera fundamental incorporar nutricionistas dentro de las comunidades escolares, quienes podrían encargarse de la educación alimentaria, la evaluación nutricional de los estudiantes y el acompañamiento para la implementación de quioscos saludables. "Los nutricionistas también podríamos formar parte incluso de Serums", propone.

El problema no termina en la adolescencia

Para Huamán, el incremento de la obesidad entre adolescentes resulta especialmente preocupante porque esta etapa puede marcar la salud durante la vida adulta. El sobrepeso y la obesidad durante la adolescencia pueden aumentar el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas no transmisibles, entre ellas hipertensión, diabetes y problemas cardiovasculares.

La consecuencia, explica, no se limita al paciente. El incremento de estas enfermedades también supone una mayor presión sobre el sistema sanitario y puede comprometer los años de vida saludables de las personas. "Esta situación termina generando no solamente un costo para la familia, sino también para el país a nivel socioeconómico", advierte.

Por ello, considera que el Estado debe implementar una política integral de alimentación saludable desde las primeras etapas de vida, en lugar de abordar el problema únicamente mediante medidas aisladas.

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La otra cara: salud mental y trastornos alimentarios

La especialista también llama la atención sobre un aspecto que suele quedar relegado en el debate sobre obesidad adolescente: la salud mental. Huamán advierte que los adolescentes con sobrepeso u obesidad pueden enfrentar situaciones de bullying y estigmatización, lo que puede afectar su salud emocional y contribuir a problemas relacionados con la conducta alimentaria.

En ese sentido, menciona el incremento de trastornos de la conducta alimentaria (TCA), como la anorexia y la bulimia, y considera que estos tampoco están siendo abordados de manera suficiente por el Estado. "Una malnutrición por defecto o por exceso podría poner en riesgo la vida de un adolescente", sostiene.

Por ello, considera necesario articular el trabajo de los establecimientos de salud del primer nivel con los centros comunitarios de salud mental, de modo que los adolescentes puedan recibir una atención integral.

Reforzar el primer nivel de atención

Huamán considera que una de las principales tareas pendientes está en fortalecer los centros de salud que funcionan como primera puerta de entrada al sistema sanitario. Estos establecimientos deberían contar con profesionales capacitados para identificar tempranamente alteraciones nutricionales y prevenir enfermedades futuras. Sin embargo, la falta de nutricionistas constituye una de las dificultades.

La especialista señala que en algunos establecimientos un solo nutricionista debe concentrar sus esfuerzos en programas relacionados con la anemia, sin contar con suficiente capacidad para desarrollar intervenciones de alimentación saludable en los colegios de su jurisdicción.

Por ello, plantea aumentar el número de profesionales de nutrición en el primer nivel de atención y evaluar incluso su incorporación mediante Serums en las comunidades educativas.

Programas sociales también deben mirar el sobrepeso

Huamán considera que las políticas públicas destinadas a combatir la anemia y la desnutrición también deberían incorporar el problema de la malnutrición por exceso.

Como ejemplo, menciona investigaciones relacionadas con programas de alimentación escolar en las que se habría observado la presencia de sobrepeso y obesidad entre algunos de los niños, niñas y adolescentes beneficiarios.

La especialista aclara que esto no significa necesariamente que los programas sean responsables del problema, sino que puede existir una falta de focalización cuando determinados estudiantes reciben alimentos adicionales pese a no necesitarlos nutricionalmente.

Uno de los escenarios que menciona es el de estudiantes que podrían recibir doble desayuno, pese a que sus necesidades alimentarias no justifican necesariamente ese aporte adicional. Para Huamán, esto evidencia que las políticas contra la anemia y la desnutrición no pueden diseñarse sin considerar que el país enfrenta simultáneamente otro tipo de malnutrición: el sobrepeso y la obesidad.

Una alerta para el sistema de salud

El avance de la obesidad dentro de las estadísticas de morbilidad adolescente plantea, así, un desafío que trasciende la alimentación individual.

La nutricionista considera que el Estado debe pasar de una respuesta centrada en atender las consecuencias a una estrategia de prevención desde la infancia, con participación de colegios, familias, establecimientos de salud y profesionales especializados.

El objetivo, sostiene, debe ser identificar tempranamente el estado nutricional de los estudiantes, mejorar la alimentación disponible en las escuelas, promover la actividad física y atender también los problemas de salud mental asociados.

El dato del REUNIS funciona como una señal de alerta: en apenas seis años, la obesidad pasó del sexto al segundo lugar entre las principales causas de morbilidad registradas en adolescentes. Y, aunque los 106.192 casos contabilizados hasta junio de 2026 no permiten afirmar por sí solos una prevalencia nacional, sí muestran el creciente peso que esta condición está teniendo dentro de los registros del sistema sanitario.

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