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«La verdad es solo una, pero la humanidad ha estado matándose por cómo la presentaba»

Abc.es 
Vestido totalmente de azul eléctrico, con su reconocible melena rizada nívea y su bigote travieso, Rafael Álvarez, 'El Brujo' (Lucena, Córdoba, 1950), aparece en el escenario. Con su voz al tiempo cálida y rugosa agradece la presencia de los medios de comunicación, que están allí para la presentación de su nuevo espectáculo, ' La segunda venida de Cristo o el yoga de Jesús ', que tras su estreno en el Teatro del Soho Caixabank de Málaga el mes pasado, desembarca ahora en el Teatro Alcázar de Madrid , donde estará hasta el 27 de septiembre. El Brujo es un francotirador de nuestra escena; su teatro personalísimo es un cóctel en el que agita filosofía, religión, arte medieval, política, cotidianeidad, humor, el teatro de Darío Fo y la juglaría… Todo ello desde la atalaya de su sabiduría escénica y una actitud ante la vida distante y escéptica. El Brujo cuenta que 'La segunda venida de Cristo o el yoga de Jesús' -en el que le acompaña el músico Javier Alejano - es, de alguna manera, continuación de un trabajo anterior, 'Autobiografía de un yogui'. Los dos se basan en el libro de Paramahansa Yogananda , un yogui y gurú hinduista, precursor del yoga en Occidente. «En este espectáculo quiero profundizar en las enseñanzas de Yogananda, y quiero dar a conocer más aspectos de su obra. Aquí se toca el conocimiento espiritual y la tradición de Occidente. Para él las enseñanzas de Jesucristo y las de los grandes maestros eran las mismas; enseñaban que la divinidad es algo a experimentar. No es un concepto teológico, sino una experiencia viva con la que los yoguis entran en contacto a través de las técnicas de meditación. Y eso enlaza con los conocimientos del Occidente místico: las técnicas de respiración también han sido utilizadas en Grecia por los monjes, que son monjes ortodoxos, ermitaños y que conservan todavía algunas formas de meditación en las que intervienen la fisiología, la respiración… El canto gregoriano, por otra parte, tiene algo en sus cadencias que es parecido a las recitaciones de los mantras en las técnicas del pranayama de la India… De todo esto habla Yogananda, que dice que la verdad es una, y que a ella se accede por diferentes caminos; cada cultura y cada religión expresan esa verdad de acuerdo con sus connotaciones históricas y su propio lenguaje, pero la verdad es esencialmente una sola. Y sin embargo, la humanidad ha estado enfrentándose y matándose por esas presentaciones de la verdad: mi religión, la tuya; mi concepción, la tuya. Y eso es muy importante en una era en la que la globalización de la cultura y de la información ya es un hecho, y que cualquier persona de un pueblo de España puede tener conocimiento de algo que ocurre en la India, y puede ver cómo se visten, cómo hablan…» Pero que nadie se alarme. El Brujo es un actor y ofrece un espectáculo, no una conferencia sobre filosofía y religiones. La risa del público es imprescindible en sus trabajos. Y se mira en el espejo del italiano Darío Fo , que con alma de juglar utilizó el humor y la sátira para hacer una feroz crítica social. El intérprete lucentino, que lleva más de tres décadas pisando el escenario en solitario, emplea la falsilla del Nobel italiano en una «puesta en escena que combina la ciencia del alma con la rítmica, el humor y el sentido de la fiesta; mis espectáculos necesitan la complicidad permanente de la risa del público», asegura. ¿Y cuál es el papel de los espectadores? «Están muy en la superficie de todo ese proceso. Hay una parte interna del público que está conectada, que es el subconsciente colectivo, la sensibilidad colectiva que hay en la sala; y eso es eléctrico, se puede experimentar, no es ninguna tontería. Hay otro público que simplemente se ríe , se divierte con el chiste». «El humor es un vehículo conductor, es el entretenimiento, es la relajación, es lo que le da el ritmo, es lo que le da la vida al espectáculo», añade. Reconoce que el descubrimiento de la filosofía oriental ha supuesto un antes y un después en su vida. «Me ha aportado, por ejemplo, u na mayor seriedad con mi trabajo y paradójicamente, por contraste, me ha dado un mayor cachondeo. El teatro siempre es un juego, y este conocimiento ha hecho que me sienta menos dependiente de los prejuicios, de las opiniones. Al adquirir mayor seguridad interior te permite que exteriormente estés más relajado». No ha habido en Occidente mucho interés por la cultura oriental. «Pero en el siglo XIX, Arthur Schopenhauer, el filósofo alemán, se interesó mucho por ella, y tiene escritos sobre los Vedas, los textos sagrados de la antigua India. Otros estudiosos de Oriente fueron Max Müller , también alemán, o el suizo Carl Gustav Jung, que estudió los mitos y las propiedades terapéuticas del yoga». ¿Le hubiera ido mejor a Occidente haber conocido más esta cultura? «Seguro que sí; el conocimiento amplía siempre la mente, y una mente amplia es una mente más receptiva a la verdad y está menos a la defensiva. A España toda esta cultura llegó a través de los árabes y de la cultura persa. Cervantes habla en el 'Quijote' de los gimnosofistas de la India -a quienes caracteriza por su desnudez y su extrema austeridad, vinculándolos con una forma de sabiduría que prescinde de las comodidades materiales-; eran los yoguis. Aldous Huxley, más tarde, hablaba de la filosofía perenne -la idea de que, por debajo de las distintas religiones y tradiciones espirituales, existe una verdad profunda y común que ha sido intuida por los seres humanos en diferentes épocas y culturas-, y que está también en la 'Odisea' y hasta en Arthur Miller». Las obras que concibe, escribe, dirige e interpreta Rafael Álvarez 'El brujo' tienen una estructura sobre la cual improvisa . «Para mí es muy importante, es un andamiaje interno cuya construcción supone también un trabajo de reestructuración mía personal, alineamiento con el orden. Es una forma de dialogar con el concepto de orden, con la armonía a través de ese mismo orden. Y ese juego de resonancias que hay en la estructura de una obra es lo que me permite improvisar… Y si no recuerdo el texto, hago el 'Lazarillo', que sí lo sé», bromea.

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