La altura de un lomo
Si me aceptan la altura como uno de los indicadores de la belleza, les voy a contar la historia de un lomo. No piensen en el de un buey de José Gordón ni en el de uno de esos inmensos atunes rojos. Qué va. Se trata de un ejemplar que rondaría los dos kilos, de un auténtico purasangre de los fondos arenosos del Atlántico, un tipo que el día que lo pescaron podría tener quince años de vida, si no más. Lo vi eviscerado y no puedo estar seguro, pero probablemente, por el porte, sería una hembra de gloriosas huevas. Con la mitad comimos dos personas. Cuando entró la cuchara longitudinalmente para abrir y vi los cuatro centímetros de altura... Ver Más