Una tarde descarnada y de grandeza: de la cogida de Morante a la apoteosis de Roca y Miranda
Duró diez segundos la cogida y, sin embargo, allí cabía la guerra de los cien años. La vida y la muerte caminaban a la misma velocidad, con los pitones lamiendo la cintura, el pecho, el cuello, la cara y la cabellera de José Antonio Morante, que acabó con un mechón blanco, con medio rostro ceniza. Lo había prendido el de Garcigrande tras un hondo natural; cuando iba a ligar otro, lo cogió por los machos y le partió la pernera. Qué horror, qué percance más terrible. Decía el sacerdote en la misa de diez en la Manquita que celebrábamos uno de los días grandes de la Virgen, y tuvo que ser Ella la que echase su divino manto para que... Ver Más