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Hacia una auténtica interculturalidad, por Misión Educación

En los últimos años, la inestabilidad política ha estado acompañada por un debilitamiento de los derechos humanos y de los derechos de los pueblos indígenas. Este escenario plantea importantes desafíos para el gobierno electo, particularmente en lo que respecta a la protección y garantía del derecho fundamental a la Educación Intercultural Bilingüe (EIB) para los pueblos indígenas.

Subrayamos la palabra intercultural porque la educación bilingüe no siempre significó reconocer y valorar las culturas indígenas. Durante la Colonia y gran parte de la República, predominó una visión asimiladora que utilizó las lenguas originarias para la evangelización y la educación como medio para incorporar a los pueblos indígenas a la cultura dominante.

En este siglo hubo avances: en 2012 se creó la CONEIB, con participación de organizaciones indígenas y afroperuanas, y en 2016 se aprobaron la Política Sectorial y el Plan Nacional de EIB. Sin embargo, muchos compromisos siguen pendientes. En un país con 55 pueblos indígenas y 49 lenguas originarias, persiste una mirada que asocia diversidad cultural con atraso. La Ley N.° 32390, que permite prescindir, en determinados casos, del dominio de una lengua originaria para nombrar docentes en escuelas EIB, es una expresión preocupante de ello.

En el país, más de 26 mil instituciones educativas brindan EIB, muchas de ellas con serias carencias de docentes especializados, infraestructura, mobiliario, materiales y equipos. En los internados secundarios, la inseguridad es aún más grave: desde 2010 se han registrado 524 casos de violencia sexual contra escolares awajún y wampís en Condorcanqui, Amazonas.

Nos encontramos ante el proceso de consulta previa de la Política Nacional de EIB, una propuesta elaborada en gabinete sin la participación de los pueblos indígenas. Plantear la EIB como un derecho individual y universal invisibiliza su dimensión colectiva: para los pueblos indígenas, es un derecho fundamental para fortalecer nuestra identidad, memoria histórica, lenguas y cultura. Tratarla como un derecho para todos, sin reconocer nuestras particularidades y prioridades, también oculta las desigualdades estructurales que enfrentamos.

El reto es comprender que interculturalidad significa diálogo entre culturas en condiciones de igualdad, no asimilación. Una EIB de calidad exige reconocer nuestras diferencias y enfrentar las desigualdades que persisten. En el contexto actual, defenderla es más urgente que nunca.

Por Ketty Marcelo López

Líder indígena

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