Reinas de fiestas
En la ciudad que habito la oposición patalea. Y llora un poco. Como los niños malcriados a quienes les retiran las chuches, vocifera, amenaza, se niega a comer, se enfurece, berrea y da manotazos al aire. En la ciudad que habito, la oposición tiene sus motivos para eso y mucho más. La han dejado sin las gominolas que edulcoraron su dieta durante demasiados años: dedicaciones exclusivas, comisiones y comisionistas, adjudicaciones digitales, cazos y cazuelas, subvenciones a colegas, cuentas y cuentos, camaraderías e imbecilidades proclamadas con la seriedad de los pollinos acemileros. Meten el codo para salir en la foto, reclaman minutos de gloria, se cuelan en los actos noticiosos como piojos en costura, corren, van, vienen, ornean y palurdean. Hacen... Ver Más