Samanta Villar: «Estuve viviendo 21 días en la calle. Cuando llegué a mi casa, pasé dos horas de reloj sentada en silencio»
Samanta Villar es una de las periodistas más reconocidas en nuestro país. Saltó a la fama en 2009 por su estilo cercano e inmersivo en una época anterior a la hiperconexión de las redes sociales. Entonces, la audiencia la siguió especialmente por los temas que trataba en esos programas de 'docureality'. Ahora tiene 50 años, es madre y ha dejado los reportajes a pie de calle, pero en su treintena vivió todo tipo de experiencias delicadas gracias al programa '21 días' . Vivió y contó cómo era dormir en la calle, fumar porros a diario, ser feriante o estar ciega, por nombrar algunos episodios. La barcelonesa recuerda esa estapa en una entrevista reciente en el podcast ' La fórmula del éxito ', presentado por Uri Sabat. Especialmente, trae a su memoria cómo fue aquellas tres semanas durmiendo entre cartones en un diciembre en Madrid . Aquella prueba fue el primer '21 días' que se emitió y el que más marca le ha dejado con el paso de los años. «Buscábamos, en ese formato, no solamente explicar la realidad, sino conmover al espectador», afirma. Eligió historias que interpelaran al público que las veía desde casa, que fueran cercanas y cotidianas, y que al mismo tiempo reflejaran una dura facta de la sociedad del momento. Aquella vez, Samanta organizó un reportaje de 21 días viviendo y durmiendo en las calles de Madrid, como tantas personas lo hacen por necesidad en el centro de la capital y otras ciudades españolas. Comenzó a principios de diciembre para poder grabar el último día en Nochebuena y terminar el rodaje en la mañana de Navidad . «Te das cuenta de que te puede pasar a ti en cualquier momento porque se trata de ir perdiendo como los pilares que forman la vida de cualquier persona funcional, normal y corriente. Pues la familia, el trabajo, los amigos, una motivación», explica. Las personas que le rodeaban en la calle perdían uno a uno sus pilares fundamentales. «Por lo que sea, pierdes el trabajo. Como pierdes el trabajo, no puedes pagar la casa. Como no puedes pagar la casa, te desaucian y primero vives en casas de amigos. Esta crisis provoca tu divorcio porque no lo podéis superar», enumera. El paso de esta vulnerabilidad protegida a la soledad del 'sin techo' está en lo psicológico. «Estás en una situación psicológicamente tan frágil , que -cuidado- no caigas en una adicción al alcohol, por ejemplo, y que tus amigos no te puedan alojar más en casa. Lo siguiente ya es ir a la calle». La periodista aprendió que «la primera noche no sabes a dónde ir y te encuentras durmiendo en un banco. Te has pegado la primera cabezada en la calle y viene la segunda, la tercera, la cuarta y se te hace bola ». Durante aquellos días, Samanta durmió sobre cartones, pidió alimento en comedores sociales, se duchó en aseos públicos y recibió ayuda de voluntarios jóvenes que repartían mantas y comida cada día. «Realmente es mucho más fácil que ocurra esto de lo que pensamos», reflexiona. Uno de los momentos que lleva clavados de aquella grabación fue el momento de apagar las cámaras y volver a casa, a su normalidad . El equipo de '21 días' se disolvió a las 8h de la mañana del día de Navidad. Después de grabar sin descanso durante tres semanas y con la emoción a flor de piel después del inusual día de Nochebuena, Samanta recogió su mochila y volvió a su piso. «Yo llego a mi casa, entro, dejo mi mochila, la de los 21 días y me hice un té y me senté en el sofá . Me pasé 2 horas de reloj sentada con la taza de té en silencio», recuerda. Durante aquellos minutos de shock, la periodista tuvo que recordar algo tan simple como que esa casa era suya. Se había olvidado de cómo era su vida antes de la grabación. Su primera reacción después de entender la vuelta a su casa fue querer ayudar. «Estableces una amistad con la gente con la que has rodado. Entonces mis amigos de la calle no tienen este privilegio que yo tengo. Y ahora y ahora yo estoy aquí y tu impulso es, ' voy a ayudarles '», recuerda. Pero no todas las buenas intenciones son útiles o seguras: «¿Y cómo les ayudas? ¿Qué vas a hacer? ¿Te los vas a meter en casa? ¿Cuánto tiempo? ¿Cómo? ¿Qué va a pasar? ¿Sabes que antes o después se va a tener que ir? ¿A dónde?». Le surgían otras preguntas ás duras, como « ¿Qué capacidad tiene esa persona también de soportar una realidad que no sea esa? Es decir, que muchos de ellos no quieren ir a una casa de prestado». Durante un tiempo después de grabar aquella inmersión en la vida de la calle, Samanta Villar ( @samantavillar ) luchó contra la culpa de no poder ayudar. Ahora, repite en su entrevista este mensaje de gratitud que aprendió aquellos días: «Yo que tengo esta suerte tengo que aprovecharla porque ya no es solo que tenga el derecho de ser feliz, es que yo creo que tengo la obligación de ser feliz ».