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Julio Iglesias Junior: «Mi padre no se merece vivir algo tan feo»

Abc.es 
«¿Sabéis quién es ese?», espeta Julio Iglesias Junior al séquito que observa cómo la fotógrafa de ABC se afana en sacar su mejor perfil mientras él, muy coqueto durante la sesión, le sugiere esta o aquella iluminación. «Es ese periodista que hacía los programas de música en la época de mi padre». Está señalando el cuadro de un señor elegante y bigotudo y seguramente se refiera a José María Iñigo, equivocadamente ya que se trata de uno de los fundadores de la SGAE, en cuya sede ha citado a la prensa para presentar 'Julio Iglesias Experience', una gira con la que recorrerá toda España (a partir del 10 de octubre) interpretando algunos de los éxitos que marcaron la música española de esa «época», los años dorados de Julio Iglesias. —¿Cómo surgió la idea de esta gira, y qué le dijo su padre cuando se la contó? —Lo que voy a hacer es cantar las canciones de mi vida, las que llevo escuchando desde pequeño, desde que fui al primer concierto de mi padre, en 1976 o 1977. Cuando me di cuenta de que mi padre era Julio Iglesias ya fue en los ochenta, cuando las madres de mis amigos me preguntaban cuándo iba a recogerme al colegio, porque querían conocerle, darle un beso... Al verlo actuar en el Bernabéu, con ocho o diez años, fue algo increíble. Y ahora, mi padre ha sido el primero que me ha dicho que tenía que cantar sus canciones, porque también son mi vida, las llevo en el alma, en la sangre. —¿Le ha dado consejos para esta gira? —Cuando voy de gira con su repertorio él siempre me pregunta, «¿qué has cantado hoy?», y cuando le respondo me dice: «¿No cantaste nosecuál?». Y yo «No». «Pues cántala hijo, que esa gusta mucho». Para esta gira su consejo ha sido: «Canta las canciones que tu padre escribió cuando empezó a cantar, que eso es lo que la gente quiere». —¿Qué es lo que más admira de él como cantante, y como padre? —Muchísimas cosas. La disciplina que ha tenido para llegar donde ha llegado. Eso lo tienes o no lo tienes. Yo nunca fui a ver un partido de fútbol al estadio con mi padre, me llevaba algún amigo de mi padre. Pero al mismo tiempo, tuve la suerte de ir de gira durante seis meses con seis años, viéndolo actuar en estadios de todo el mundo. Era una experiencia increíble, impacta mucho. —¿Fue usted un niño comprensivo con las ausencias de su padre, o le dolían? —No... Esto lo he hablado con mi hermano y con mi hermana. Nosotros nos criamos de una manera... Como te he dicho, mi padre no era la persona que me llevaba al fútbol ni me recogía en el colegio, pero al mismo tiempo, nosotros nunca tuvimos ese trauma. Nunca fuimos de quejarnos en plan «nuestros padres no están juntos, uy qué trauma, qué mal estoy», para nada. Al revés, yo recuerdo ir a vivir a Estados Unidos con diez años, y oye, a acoplarnos como fuese, a aprender inglés como fuese, y a vivir otro tipo de vida. A mí me encantaba, porque pasaba allí la mayoría del año, y el verano lo pasaba en España, venía a pasar las vacaciones y a ver a mi madre. No tengo ningún problema con eso. —Es verdad que se le ve agradecido con la vida, sin quejas. —Siempre lo he sido. A nosotros nos crió «la seño», desde que éramos muy pequeños, y mis padres están agradecidos a «la seño» por criar a tres niños cuando mi padre estaba viajando por el mundo entero. Nosotros nos fuimos a vivir a Estados Unidos porque mi madre y mi padre estuvieron de acuerdo en que viniera «la seño» con nosotros. Sin ella, a lo mejor mi madre no nos hubiera dejado irnos. Nos fuimos allí porque a mi abuelo lo secuestraron, esa fue la única razón, si no nos hubiésemos quedado en España. —¿Cómo se vivió el secuestro en la familia? —Pues tengo recuerdos de eso. Era muy pequeño, pero algún recuerdo tengo todavía. Sí, sí. Fue una cosa increíble. —Cuando Enrique debutó en el mundo de la música, ¿no cree que la industria discográfica dio por cumplido el cupo de Iglesias en el mercado, y por eso quizá fue más difícil para usted? —Pues eso lo he pensado yo también, ahora que lo dices. Enrique empezó antes que yo y tuvo un hueco maravilloso. Él ha llegado donde ha llegado porque es excepcional, como artista, como persona y como todo. Porque si no no llegas, ya te lo digo yo. Encontró su hueco, su música, su momento, y así hasta el día de hoy. Yo empecé cantando en inglés, y tenía que haberlo hecho cantando en español. Eso para empezar. No es que me obligaran, pero hubo una parte de mi compañía discográfica que lo veía así. Yo tenía 23 años, y a esa edad todavía no sabes ni dónde estás. Sobre todo yo, en ese momento. —Cuando saltó la noticia de la denuncia de las ex empleadas de su padre, ¿qué pensó usted? —Hombre, no hay nadie que conozca mejor a mi padre que yo. Me pareció una cosa horrible, me pareció feo, me pareció que mi padre no se merecía algo así. Pero así es la vida. Mi padre es una persona muy inteligente y muy sabia, y lo tiene todo en manos de la gente que merece estar ahí para ver lo que es la justicia de verdad. —¿No cree que esa imagen de don Juan, de seductor, que hace treinta o cuarenta años estaba perfectamente aceptada, ahora ha tenido un doble filo? —No, en ese sentido yo creo que mi padre ha sido súper... como es él. Nunca ha escondido nada, ni en una entrevista ni en un escenario ni en su vida privada. Creo que eso no le va quitar nadie nunca. —¿Cree que a su padre le queda algo más por hacer en la música? —Yo creo que sí. Mi padre vive para la música, para su carrera, para lo que ha sido como persona y como cantante.

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