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Cuando la decadencia viene envuelta en un ‘lero lero’

Hay expresiones célebres que quedan grabadas en el inconsciente colectivo por su significado profundo, por su relevancia histórica, por su vigencia en la vida cotidiana o por su mordaz ingenio.

La mueca del “lero lero” lanzada por don Rodrigo Chaves a un ciudadano no reúne tales características, pero sin duda quedará registrada en los anales de nuestra historia.

A la velocidad de un suspiro, las grotescas imágenes del “copresidente” sacando la lengua y moviendo los dedos de las manos sobre su cabeza se viralizaron en medios de comunicación y redes sociales.

El blanco de su burla era un vecino que acudió el 14 de setiembre a ver la llegada de la Antorcha de la Independencia en Cartago y se topó con una serie de restricciones impuestas por el gobierno.

Al notar la presencia de Chaves en la Plaza Mayor, el hombre lo cuestionó sobre por qué lo requisaron como si fuese un delincuente. Su insólita respuesta ya se convirtió en meme.

No es la primera vez que el expresidente se mofa así de alguien. En los comicios pasados, respondió igual a un grupo de votantes opositores en las afueras de la Escuela Juan Santamaría, en Curridabat.

Pareciera, entonces, que no se trata de un acto impulsivo o espontáneo, sino que obedece a un estilo de hacer política.

Sin duda, el dichoso “lero lero” es parte de la narrativa utilizada por el chavismo para devaluar la crítica, para desviar la atención ciudadana y para eludir la real rendición de cuentas.

En esa noche infame, la represión policial procuró alejar a las voces congregadas para defender la democracia y despejar el escenario para los aplausos comprados a la secta del arroz con pollo.

Entre las ocurrentes respuestas de Zapote para justificar el operativo, la mueca del “copresidente” quedará enmarcada como la más inverosímil, pero, al mismo tiempo, como la más elocuente.

Cuando el discurso de los gobernantes incorpora expresiones como “lero lero”, “cremita de rosas”, “están chimados” y otras similares, resulta evidente su falta de fondo y contenido.

La banalidad y decadencia del mensaje chavista alienta las sospechas. ¿La intención será no brindar respuestas o encubrir el hecho de que no hay respuestas?

Ojalá lo visto en esta inédita noche de faroles ilumine a los costarricenses sobre la realidad que vivimos.

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