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Españolismo: ¿Si o no?

Abc.es 
El antiespañolismo es un adjetivo que se aplica a todo aquello que es contrario a España, a lo español o a los españoles. Es aversión, rechazo u hostilidad hacia España, su cultura, su idioma o su población. Tal como viene actuando el Gobierno de Sánchez Pérez-Castejón cabe preguntarse si el adjetivo que procede aplicarle, dada su gestión: es el antiespañolismo. Los pactos con partidos independentistas (ERC, Bildu o Junts) son constantes cesiones que debilitan el Estado español y rompen la igualdad entre españoles. La propuesta de un modelo de financiación singular o concertada con Cataluña es un agravio comparativo que perjudica a la solidaridad interterritorial. Colonizar las instituciones poniéndolas al servicio del Gobierno daña a España. Los planes de regularización masiva de inmigrantes irregulares perjudican gravemente al conjunto de españoles. La continua desacreditación del Poder Judicial perjudica a España a nivel internacional. Denigrar a quienes se juegan la vida por España y los españoles –Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, Fuerzas Armadas o servicios de inteligencia– es un comportamiento antiespañol. Abandonar a los ceutíes ante la invasión procedente de una potencia extranjera es traicionar a los españoles y a España. Dado que la Constitución define nuestra forma de gobierno como una monarquía parlamentaria, la falta de respeto al Jefe del Estado y el ignorar el Parlamento es un desprecio constitucional. Financiar con 1.015 millones de euros a Marruecos cuando buena falta hacen recursos económicos para ayudar a familias a llegar a fin de mes o poder adquirir una vivienda es despreciar a los españoles. Tales actuaciones, entre otras, son las que hacen dudar si al actual Gobierno de España cabe aplicarle el calificativo de españolismo o antiespañolismo. Joaquín Mañeru López. Zaragoza Después de leer y escuchar los comentarios y análisis de lo de PISA me viene a la memoria una escena de un espacio televisivo: han adecentado el patio de la escuela; ante el alborozo de los niños la maestra exclama: «Yo lo que busco es que los niños sean felices». Me viene otro: era septiembre de 1963; por primera vez me enfrento a las miradas expectantes de 34 niños de seis a catorce años; era en un pueblecito de la Cabrera leonesa. No pensé en su felicidad; me propuse educarlos y prepararlos para hacer de ellos no sólo hombres formados, sino que fueran capaces de sacar de la pobreza e ignorancia al pueblo y también a España. Todos los días me exigí y les exigí esfuerzo, hincar los codos, como se decía entonces: leía el Rayas con los cuatro chavales de seis años: con los demás dictados; corregirlos cuaderno a cuaderno con aquel lápiz azul y rojo; obligaba a copiar cinco veces cada falta de ortografía; cuentas de las cuatro reglas y problemas de la regla de tres y de compañía. Leían en voz alta uno tras otro. Solicité de la Biblioteca de Acción Cultural préstamos de libros que los niños devoraban. No fueron felices, pero lo mismo que miles de aquellos niños sacaron a España de la miseria de la postguerra. No sé cómo lo vería PISA. Prisciliano Castillo. León

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