La Sevilla de Romero Murube que no ha cambiado en 60 años
La respuesta está en la historia. Es una de las claves a la hora de entender lo que sucede en las sociedades modernas y se trata además de una máxima perfectamente aplicable al caso de Sevilla. Así queda de relieve con una lectura de la conferencia pronunciada el 14 de junio de 1967 en el Círculo Mercantil por el insigne periodista y poeta Joaquín Romero Murube , figura indiscutible en la sociedad y la cultura de la ciudad en el siglo XX. No en vano, fue fundador de la revista poética Mediodía, director de los Reales Alcázares, pregonero de la Semana Santa de 1944 y uno de los más célebres articulistas de ABC de Sevilla, donde defendió siempre la fisonomía de la ciudad. La lectura de aquella conferencia, titulada « Algunos problemas de Sevilla» y recogida íntegra en un libro editado en 2004 por el Ateneo, suscita inevitablemente paralelismos con los debates actuales de la ciudad hispalense, desde la Feria, a la conservación del patrimonio histórico, el urbanismo o la vivienda. Como explica en el prólogo del libro el entonces presidente del Ateneo de Sevilla, Enrique Barrero González, dicha conferencia se encuadraba en un ciclo de ponencias organizado en aquel año de 1967 por el Círculo Industrial y Mercantil de Sevilla sobre la Feria, a cuenta del proyecto de traslado del recinto ferial desde el entorno del Prado de San Sebastián a Los Remedios , una operación que «había originado una importante polémica ciudadana» y que no concluiría hasta 1973. Viene a la mente ineludiblemente el debate suscitado a mediados de la primera década de los años 2000 con el planteamiento del Ayuntamiento, entonces gobernado por Alfredo Sánchez Monteseirín, de reubicar el Real de la Feria e n los terrenos del Charco de la Pava , con su consiguiente discusión pública y política. La iniciativa fue aparcada allá en 2010 a cuenta de los estragos de la crisis internacional financiera de 2008, sobre la que ha cabalgado la concatenación de crisis vivida desde entonces. Ahora mismo, sin ir más lejos, el debate está fijado en torno a la ampliación del actual recinto ferial con más de 200 casetas más de la mano de José Luis Sanz , con el horizonte de 2028. En su conferencia, Joaquín Romero Murube destacaba que el traslado del recinto ferial era entonces un asunto «importantísimo , dentro de los muchos problemas graves y difíciles que tiene que resolver el Ayuntamiento de Sevilla», que actualmente afronta grandes desafíos como la solución a los barrios desfavorecidos al contar con seis de los 15 más pobres de toda España, el déficit de infraestructuras de movilidad, la limpieza viaria o la ordenación del turismo. En su intervención, como figura en este libro de 2004, Romero Murube rememoraba su papel como delegado de Fiestas Mayores en la Corporación municipal presidida por el alcalde Miguel Ybarra y Lasso de la Vega entre 1941 y 1943, un detalle poco conocido. Recordaba, en ese sentido, los primeros pasos de la idea de trasladar la Feria, porque «había que p revenir un futuro de mayor crecimiento en la ciudad , de nuevas necesidades de aparcamiento, turismo, afluencias, etcétera», palabras nada alejadas del debate actual de la ciudad. Él fue así el edil encargado de los primeros estudios relativos a la reubicación del recinto ferial en Los Remedios, que cristalizaron en un primigenio anteproyecto materializado incluso en una «maqueta monumental», de la mano de l arquitecto municipal Juan Talavera y Heredia , cuyo diseño definía en su intervención como «un verdadero poema», destacando además el papel de Talavera como jefe de los servicios municipales, otro aspecto igualmente poco conocido. Empero, el mandato municipal de Miguel Ybarra expiró, quedando este anteproyecto sobre la mesa, porque el traslado finalizado y a en 1973 fue acometido en otros términos distintos . En su alocución, Romero Murube defendía precisamente con especial énfasis la idea de Juan Talavera de promover un pueblo andaluz junto al futuro nuevo recinto ferial , recreando la arquitectura tradicional andaluza, con albercas, corrales y patios, por ejemplo. En ese sentido, 24 años después de que finalizase aquel mandato municipal en el que «se planeó todo» para la nueva Feria, el poeta y ex edil de Fiestas Mayores lamentaba «que aquellas arquitecturas que se pensaron para Sevilla» estuviesen ya «en todas partes», como en la Costa del Sol, menos en la capital andaluza. «Esto no hay quien lo comprenda» , se encogía de hombros, como podría hacerse a día de hoy, cuando la ciudad carece del modelo de urbanismo contra el calor planteado como proyecto piloto en la Cartuja para la Exposición Universal de 1992 o con asuntos como los fallidos toldos de la avenida de la Constitución. Defendiendo aquel proyecto que jamás vio la luz, Joaquín Romero Murube explicaba con pesar cómo allá en los años 40 el plan inicial de nueva Feria encontró voces detractoras que aseguraban que «su gran defecto era la grandiosidad con la que se concibió». Igual destino han sufrido los túneles proyectados para la autovía metropolitana SE-40, enterrados por el Gobierno de Pedro Sánchez por la racanería de que sustituirlos por un puente costará menos dinero. Tanto entonces con aquel primer proyecto de nueva Feria como ahora con los túneles, ha pesado ese prejuicio de que Sevilla ha de ser conformista, que no puede aspirar a superarse y apostar con valentía pensando en grande. Tras no prosperar aquel «plan de Feria» original promovido en el mandato municipal comprendido entre 1941 y 1943, Romero Murube criticaba que casi 25 años después hubiesen «desaparecido hasta los planos», como han desaparecido en la actualidad de la agenda de prioridades proyectos como la ampliación de la línea de trenes de Cercanías de la Cartuja hasta la estación de metro de Blas Infante o la ronda intermedia SE-35, otrora estandarte de las soluciones a los problemas de movilidad que padece la ciudad. Joaquín Romero Murube mostraba así su reluctancia a la idea de trasladar la Feria a Los Remedios mediante el proyecto fruto del cual luce actualmente entre dicho barrio y el de Tablada. «No está concebido con la armonía, con el respeto que la Feria sevillana merece y con las previsiones de grandeza que Sevilla reclama », aseveraba, con unas palabras que, a día de hoy, bien se podrían extrapolar al caso del aeropuerto de Sevilla, que tras cerrar 2025 con casi diez millones de pasajeros, rozando las previsiones planteadas para 2031; no ve despegar su demandada ampliación. Joaquín Romero Murube alertaba además de la «destrucción de lo peculiar de Sevilla», en referencia a la facilidad del momento para «derribar un palacio, mermando el tesoro monumental y la peculiar fisonomía» de la ciudad , inmersa aún en no pocas controversias en materia de patrimonio histórico, por aspectos como los mamotretos promovidos en la avenida de la Palmera desnaturalizando su esencia. «Hay gente de información atrasada que estima que en Sevilla hacen falta edificios modernistas, de arquitecturas ingenuamente revolucionarias. Es una catetada insigne», planteaba mucho antes de que la ciudad afrontase las profundas controversias derivadas de proyectos como las Setas de la Encarnación o Torre Sevilla. Avisaba así de «las monstruosidades que están convirtiendo a Sevilla en una ciudad híbrida» , como sucede quizá actualmente en unas calles tomadas por las franquicias en contra de la personalidad propia de la ciudad. « En Sevilla lo que hace falta son viviendas , para que sirvan las gentes como personas e hijos de Dios», introducía además Romero Murube, cuando ahora el acceso a un techo a precios asequibles se ha convertido en uno de los principales quebraderos de cabeza para la ciudadanía sevillana, a cuenta de los estratosféricos precios. Y ya en el tramo final de su intervención, Joaquín Romero Murube dejaba un mensaje indeleble con relación al urbanismo y la arquitectura: «Sevilla es una gran ciudad y no somos quién para granjearla en perjuicio de todos y de las más nobles categorías universales», palabras válidas ayer, hoy y siempre.