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“40 % (del presupuesto) se tienen que ir en agua y desagüe, no en planillas”, promete candidato de Somos Perú a Lurín Bernardo Silva

¿Por qué quiere ser alcalde de Lurín?

Esa es una pregunta importante, porque mucha gente dice "quiero al distrito" o "quiero hacer el bien" sin más. Hay que entender que la política en el Perú es dura: ser alcalde significa gastar tiempo, gastar plata, alejarte de tu familia y exponerte a denuncias, aunque no hayas hecho nada malo. Por eso siempre me pregunto por qué alguien se mete en política en el país, y creo que hay dos razones posibles: o eres un "ladrón" que busca poder o negocio, o eres de los que él llama "locos", que tienen otra motivación. Me considero dentro de esa segunda categoría.

Veo que Lurín está retrocediendo. En los cinco problemas principales del distrito —agua y desagüe, seguridad, pistas y veredas, saneamiento y ordenamiento territorial, y salud— uno esperaría que el municipio priorice sus recursos ahí. En Lurín es al revés: la ciudad sigue creciendo, no se hacen pistas, las antiguas se rompen y la seguridad está descuidada. Además, tenemos una municipalidad cada vez más agresiva, que usa fiscalización y rentas como mecanismos de presión sobre la población en lugar de apoyarla.

Hoy mismo estamos viendo amenazas por poner carteles de campaña: te dicen que eres de tal candidato y te clausuran, o retiran carteles y llaman diciendo que son de la municipalidad. Sí, creo que hay una guerra sucia en este momento.

Tengo seis generaciones en Lurín —mi papá, mi abuelo, mi bisabuelo, mi tatarabuelo—. Me da mucha pena pensar que mi hija, el día que yo no esté, termine vendiendo todo e yéndose, como le está pasando a gran parte del distrito. Mi razón para meterme en política es parar esa desgracia.

Hablemos de uno de los principales problemas de Lurín: el ordenamiento territorial. ¿Cuál es su propuesta?

Me da mucha pena, porque Lurín era considerado el último valle verde de Lima. Machacamarca y Cieneguilla siguen siendo verdes, pero Lurín ya casi no tiene tierras agrícolas ni espacios verdes. Mucha gente ha migrado a sembrar grass, entre otras cosas por la contaminación: nadie quiere comprar un producto sembrado en Lurín y regado con desagüe.

El distrito ha crecido de forma desordenada. Hay fábricas fuera de zonificación —el plano base que define qué actividad puede darse en cada zona— porque simplemente no se respeta; se ha construido negociando con la municipalidad de maneras poco claras. A eso se suma un desorden registral que viene de la reforma agraria, donde muchas vías y caminos aún figuran a nombre de una hacienda o una comunidad que ya no existe.

¿Propone sanear los espacios públicos?

Totalmente, es uno de los capítulos centrales de mi plan de gobierno. Como geógrafo, es algo en lo que he trabajado mucho: se trata de levantar todo el distrito, jalar la información de registros públicos y sanear las titularidades, porque muchos títulos pertenecen a empresas, asociaciones o comunidades que ya no existen. Si queremos instalar agua y desagüe o hacer pistas sin ese saneamiento previo, estaríamos invirtiendo indebidamente en propiedad privada.

También tenemos mucho desarrollo inmobiliario cuyos proyectos de habilitación urbana nunca terminan de entregarse a la municipalidad —pistas, parques, áreas de salud y educación—. No es porque el empresario no quiera, sino porque la municipalidad pone trabas: así se excusa de mantener esos espacios. El saneamiento físico-legal es crítico también para definir el límite entre lo público y lo privado. Mientras eso no se haga, la gente sigue "comiéndose" la pista, como está pasando en Lurín, y eso ya está generando un caos de tránsito, porque muchas salidas hacia la Panamericana ya no se podrán abrir: se las han apropiado.

¿Qué proponen para combatir el tráfico de terrenos?

Ya tenemos identificadas a muchas de las personas involucradas. En Lurín hubo el conocido caso Orellana, que sigue en curso, con sentenciados y otras personas señaladas que tenemos ubicadas. Es esencial que la municipalidad ponga orden: no puede ser que el área de catastro no tenga un catastro real, o que en el área de rentas se permitan barbaridades como doble registro o gente tributando sobre un terreno ajeno. Eso se corrige actuando correctamente, sin permitir que alguien pague por cambiar un nombre de manera irregular.

¿Cuál es su opinión sobre la gestión del alcalde actual?

La peor gestión de la historia del distrito. Es una desgracia. Tienes a toda una población pidiendo, tocando la puerta: "hazme la pista, hazme un muro de contención". Un alcalde no puede vivir de espaldas a su pueblo. Cuando uno mira la estructura de gasto del municipio, uno esperaría que se priorice el desagüe, las pistas y la seguridad por encima de una piscina temperada o un parque de diversiones. En Lurín es al revés: hemos detectado que se gastan más de 30 millones de soles al año en cosas extrañas.

Están saliendo publicaciones esta semana sobre los llamados "gastos mágicos": compras menores a 43 mil soles —por debajo de 8 UIT—, que no requieren aprobación del consejo ni licitación. Hay más de 42 mil soles en sánguches, agua y bloqueador solar, y proveedores que lo mismo te pintan un edificio que te venden alcohol. Es muy probable que ahí se esté perdiendo dinero, porque lo ejecutado en obra es mínimo frente a lo que recibe el distrito.

Siempre digo que uno reconoce la actitud de una autoridad por sus primeras acciones. La primera factura de esta gestión, el 2 de enero, fue por medallas para el alcalde y los regidores: coticé esas medallas y la más cara cuesta 186 soles. La factura fue por 20 mil soles. Ahí uno se da cuenta de que el interés no es ahorrar ni hacer las cosas bien. Si eso no es robar, no sé qué lo es.

Ha tenido una polémica reciente con la candidata Rosa Torrejón, quien lo acusa de prepotencia. ¿Qué pasó?

Vengo analizando a los candidatos desde hace tiempo y tengo información sobre esta candidata que en parte ya ha salido en noticieros. El origen del incidente fue un problema personal: en mi casa tenemos un muro de adobe de más de 60 años que constantemente sufre pintas ilegales. Un día, volviendo con mi familia, vi a un grupo pintando el muro. Bajé, les pregunté si tenían autorización, dijeron que sí pero no pudieron mostrarla —"la tiene tal persona"—. Les dije que ahí estaban pintando mi casa.

Mientras hablábamos, envié un video a gente que investiga conmigo el tema de los albergues en Lima —un asunto que ya ha cubierto La República— y me confirmaron que varias de esas personas provenían de esos albergues. Me molesté, seguían pintando sin hacerme caso, y subí el tono hasta pasarme de la raya; le pedí que le dijeran a la candidata que se fuera, porque vi su nombre en la pinta que estaban borrando —y repintando encima de una pinta nuestra—. Poco después llegó una camioneta a toda velocidad con gente en la tolva, y me preocupé por si estaban armados.

Reconozco que no debí hablar como hablé; después publiqué un video disculpándome. Pero en ese momento no tenía a quién recurrir salvo a la policía, y me sentí en la necesidad de defenderme mientras me insultaban. La candidata luego difundió un video presentándose como víctima, mostrando solo un fragmento de lo ocurrido. Además, insiste en que el muro no es mío, cuando en realidad tenemos dos: el muro de adobe original y otro que levantamos después, unos metros hacia adentro, por un tema de seguridad, para evitar los trámites que implicaba tumbar y reconstruir el primero. Negar que es nuestro muro es simplemente negar la realidad.

¿Por qué usted sería la mejor opción frente a Rosa Torrejón, que lo sigue de cerca en las encuestas del distrito?

Yo no estoy investigado por peculado, ni por organización criminal, ni por ninguna otra causa; nunca he tenido un juicio ni una denuncia archivada. Ella sí enfrenta señalamientos públicos por esos temas, y el caso de los albergues —que resultó terrible— ya demuestra una actitud.

Me considero un vecino de Lurín con mucha historia en el distrito. Además, soy geógrafo: estudiamos el territorio, las dinámicas sociales, los recursos, y cómo conjugarlos para generar una ciudad sostenible. La mayoría de los demás candidatos son abogados, y un abogado no necesariamente tiene visión de futuro sobre el desarrollo de una ciudad —no es su especialidad—. Por eso muchas campañas se limitan a listas de obras en cada pueblo, sin una visión de conjunto, y por eso la gente termina decepcionada cuando no se cumple.

¿Lurín debería industrializarse, como proponen otros candidatos y las visiones de expansión de Lima hacia el sur?

Lurín ya está industrializado. Vienen inversiones grandes —Volvo estaría evaluando una planta de ensamblaje— y Macrópolis sigue creciendo. El desarrollo es positivo siempre que sea ordenado y controlado. Hay que consolidar la zona industrial existente, zonificarla y ordenarla bien, pero ya no queda mucho espacio para expandirla: hacia el este está El Portillo Grande, uno de los botaderos de basura más grandes del país. Lo que realmente va a limitar el crecimiento del distrito es el agua y la situación municipal.

¿Qué propone respecto al agua en Lurín?

Me gusta pensar las cosas de manera sencilla. Si la municipalidad hoy invierte entre 10 y 15 millones de soles al año en obra, tenemos que multiplicar esa cifra por diez —usando mecanismos como obras por impuestos; este año había 57 millones aprobados y no se ejecutaron—. Creo que podemos llevar el presupuesto de obra a 100 millones de soles al año, y de eso, entre 40% y 50% debería destinarse a agua y desagüe.

El tema del agua potable y alcantarillado le compete a Sedapal, pero la municipalidad puede hacer convenios, entregar terrenos para cámaras de bombeo, lagunas de oxidación o plantas de tratamiento, y buscar aliados como el gobierno japonés, que financió en el pasado uno de los proyectos de tratamiento de aguas más grandes, por 500 millones de dólares. Hay que sentarse a conversar con Sedapal y, si hace falta, presionar para que cumplan con el mantenimiento de sus plantas. Agua hay —tenemos río, tenemos playa—; el problema es que las entidades no están haciendo su trabajo.

Lurín tiene dos realidades muy distintas: zonas de grandes casas y exhaciendas, y sectores mucho más precarizados y abandonados. ¿Qué les propone a estos últimos, además del agua? ¿Cómo garantizará la participación vecinal?

Mi propuesta no consiste en prometer obras, sino en generar un quiebre: que desde nuestra gestión en adelante, los siguientes alcaldes tengan que trabajar bajo otra metodología. Hoy se destina un 70% u 80% del presupuesto a planillas y un porcentaje alto a gastos poco lógicos, dejando muy poco para lo esencial. Hay que actualizar la municipalidad —que hoy opera bajo unos 11 sistemas que no se comunican entre sí, generando trabajo redundante— e impulsar un programa de "papel cero" que agilice la gestión y libere presupuesto para las prioridades: agua y desagüe, seguridad, pistas e iluminación.

Mi compromiso es asegurar que el dinero se gaste bien en lo importante, actualizando además las ordenanzas municipales, muchas de las cuales datan de hace años y hasta contravienen la ley vigente. Ya hemos comenzado a armar equipos técnicos —por ejemplo, de ingenieros que levantan información para armar expedientes—. Vamos a los pueblos, explicamos la propuesta y, si hay interés, la población se acerca y nos dice qué necesita priorizar: pistas, agua, lo que sea. A partir de ahí trabajamos juntos el expediente, y cuando llega financiamiento —obras por impuestos u otro mecanismo—, priorizamos los proyectos que primero se organizaron. Es una forma de recompensar al vecino que se involucra: el que participa, su proyecto avanza primero. Es retomar algo que existía antes en Lurín, cuando los dirigentes se organizaban con la población para gestionar sus proyectos, y que se perdió hace muchos años. Ya hemos retomado la comunicación con los dirigentes de todo el distrito.

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