Padre Alejandro, cura: «Hice la mili sirviendo en casa de un almirante y eso es ilegal. Y mi jefe no era ningún mando, era la mujer del almirante»
En España, casi todos los hombres nacidos antes de 1982 hicieron el servicio militar obligatorio al cumplir los 18 años. Esta costumbre se eliminó en 2001 pero, hasta entonces, la mayoría de los chicos ya habían vivido la popularmente llamada 'mili'. Pablo Motos , Loquillo y el chef José Andrés son prueba de ello. También los religiosos. Los seminaristas y los aspirantes a la vida religiosa también tuvieron que cumplir con esta llamada inexorable, aunque con otras condiciones. Estaban un año o varios meses a disposición de los mandos militares en un cuartel en algún punto del país. Pero, llegado el momento de repartir tareas, estos chicos recibían encargos de asistencia espiritual y médica en lugar de pasar por la instrucción militar estándar. Para cualquier joven de la España del siglo XX, sea cual fuese su vocación, ese año de formación y actividad en un cuartel español suponía un paso hacia la madurez . El adolescente que dejaba su pueblo con la mayoría de edad recién estrenada volvía a casa como un joven experimentado, sufrido y centrado, que comenzaba entonces su vida adulta. El Padre Alejandro recuerda con detalle su paso por el cuartel. Este fraile y sacerdote carmelita hizo la mili en Cádiz. Se suponía que le mandarían a la capital, a San Fernando o a Rota, donde se hayaban importantes centros militares e instalaciones de la Armada y de Tierra. Pero, en cambio, acabó en la casa de un almirante y obedeciendo las órdenes de su mujer. Así lo ha explicado en el podcast ' La voz descalza '. A lo largo del programa se recorre ese y otros recuerdos de juventud del Fraile Carmelita Descalzo y el encargado de la pastoral juvenil Carmelita. «Me llamo Alejandro», comienza con sencillez, «soy de un pueblecito de Andalucía, se llama Baeza , en la provincia de Jaén». El clérigo apunta sobre su pueblo natal que «San Juan de la Cruz estuvo alló 3 años». A los 18 años comenzó la carrera universitaria de Magisterio , aunque Dios ya le estaba llamando para seguirle en la vida consagrada. « Me tiré 4 años luchando entre mi cabeza y el corazón », reconoce. No le contó a sus padres su inquietudes espirituales, ya que le estaban pagando los estudios, y mientras tanto «negocié con Dios» su futuro inmediato. Como todos los hombres de su generación, tuvo que pasar por la 'mili' antes de continuar su futuro académico y profesional, ya fuera como maestro o como aspirante en un convento. «Entonces terminé magisterio y todavía entonces me vino mi padre, dice, 'Oye, ¿por qué no te quitas la mili? Te quitas la mili y ya después trabajas'. Mis padres no se olían nada», asegura. Su padre no era consciente de la «batalla entre mi cabeza y el corazón» que se libraba en el cuartel mental del joven Alejandro. Alejandro se fue y le tocó servir en Cádiz, «que estaba 4 horas de coche de mi pueblo». Parte del servicio militar obligatorio le tocó desempeñarlo en un cuartel peculiar: «Estuve 6 meses sirviendo en casa de un almirante y eso es ilegal . Tú no puedes hacer en casa de un almirante. Y mi jefe no era ningún mando, ningún sargento ni nada, era la mujer del almirante ». Esa experiencia le sirvió para divertirse, conocer a otros chicos de todo el país y para afianzar su decisión de perseguir una vida entregada a Dios, aunque este último logro no llegó hasta el final de su año. Confiesa que durante la mili «no fui ni a una misa» , pero, sin embargo, «Jesús sí que seguía ahí». El Señor estaba cambiando su corazón de una forma imperceptible: «Vine de la mili de hacer lo que me dio la gana. No hice nada grave , ¿vale? Algunas borracheras sí, pero nada así grave. Yo vine como muy destruido interiormente y vi que Jesús seguía ahí». Alejandro regresó a Baeza con los amigos, las anécdotas y la casa del almirante grabados en el corazón, pero con un nuevo objetivo: ahora sí respondería a la llamada de Dios. «Volví a los grupos de jóvenes. Estuve un año opositando porque todavía seguía en ese combate. Sí, sí, todavía. Me tiré seis meses o casi un año delante de los apuntes no me no me aprendí ni un solo tema». A los pocos meses reunió la fuerza para contar a sus padres que no quería opositar para maestro, sino ser un fraile carmelita.