Un león suelto, un ladrón nervioso y una radio reparada
Si Alajuela es realismo mágico con fisga, la cuadra de mi casa ciertamente lo confirma. Fantasmas inquietantes, de los que hay que ir a expulsar, y otros de ficción, que hace 40 años perseguían chiquillos, en traje de momia, y por pura diversión.
Por la calle 7, aún sigue abierta la legendaria panadería Leandro: con sus galletas blancas, para untar con mantequilla, sus “melcochones”, suspiros, rosquillas dulces y sus doradas quesadillas.
Allí trabajaba Sole, comunista de hueso colorado y mano derecha de la educadora y escritora Luisa González. En el barrio, decían que Sole era tan rojitica que hasta tenía la bandera de la Unión Soviética en el cuarto y guardaba un dije o un anillo hecho con acero de aviones derribados por el Viet Cong. Cosas fascinantes que decía la gente del barrio. Para mí, todo un personaje.
Cuando yo iba a comprar pan, Sole siempre me daba un cachito dulce de feria. Ella también le vendía pan a mi tío Rodrigo, quien era tan anticomunista que hasta viceministro del gobierno de Otilio Ulate fue.
–Buenos días, don Rodrigo.
–Buenos días, doña Sole.
Y ahí se cruzaban un chiste o un comentario ingenioso y veloz. Es que, en Alajuela, el agua y el aceite siempre han sabido mezclarse, y la gente, tarde o temprano, llega a estar por encima de los pleitos y las ideas contrarias. El pan de un lado se come con gusto en la mesa del que piensa diferente. Al menos en la Alajuela donde yo nací, me crié y me enseñaron. Eso sí, mejor si la mano se estrecha con ingenio y un guiño.
Sin ninguna duda, la historia estrella de mi cuadra la tiene el león Rómulo, adquirido por la familia Picado (la de canal 7) cuando tenía su casa allí, entre las avenidas 8 y 10. Rómulo se encargaba de despertar a los vecinos con sus rugidos, porque mi cuadra siempre ha sido particular: aquí cantan los pavorreales y han rugido los leones, y a pesar de estar rodeados de Pollo Macho y Pollo Ávila, aquí nunca ha cantado un gallo. He de decir, eso sí, que una vez tuve que perseguir uno por media cuadra, pero eso es otra historia.
Cuentan que, una noche, Rómulo salió de su jaula. Como la propiedad no tenía muros, sino una cerca de amapolas, el león salió a la calle fácilmente y se echó frente a la panadería Leandro. Quizá lo atrajo el olor de los suspiros que allí estaban horneando y que, cuentan algunos, le encantaban.
A pocos metros de distancia, en la casa de un vecino, un ladrón aprovechó la ausencia de los dueños para poner una sábana en el suelo y empezar a echar cuanto candelabro, adorno y cosa valiosa hubiera a la vista. Ya llevaba la tarea a medio camino cuando de pronto oyó una sirena de patrulla en la calle.
Se asomó por la ventana y vio con horror que, en frente de la propiedad, se acumulaban los curiosos, junto a agentes de policía, que venían a atender la emergencia de un león echado frente a la Leandro.
Asustado por verse sorprendido in fraganti, el ladrón dejó los objetos sobre la sábana y agarró lo primero que encontró: una vieja radio, y salió de la casa con esta, mezclándose con los curiosos.
Mientras eso sucedía, los Picado calmaban a los policías pidiendo que no le hicieran daño al león, que era manso y pronto volvería a su jaula, como en efecto sucedió. Justo en ese momento, llegó el dueño de la casa del robo y se encontró con la escena del crimen: la sábana con los objetos valiosos… todo intacto, menos la radio.
Aprovechó la presencia policial para poner la denuncia y se movilizó el operativo hasta dar con el culpable. Cuando devolvieron la radio al dueño, este notó algo curioso: funcionaba.
–Es curioso, oficial. Esa radio estaba mala. Parece que el ladrón la reparó. Nadie sabe para quién trabaja. Quizá todo se lo debamos a Rómulo.
No sé si la historia es cierta. Pero no importa. Mi cuadra tiene realismo mágico con humor, un rasgo alajuelense que aprecio tanto como el valor de poner a las personas por encima de los pleitos. Me gusta recordarlo la víspera del 12 de octubre, cuando decidimos una vez cantarle a mi cuidad su cumpleaños.
rgonzalez@utn.ac.cr
Rodolfo González Ulloa es periodista, investigador histórico, docente y cuentacuentos.