La nueva teoría del Carambolo refuerza la tesis del origen de la tauromaquia
La nueva teoría sobre la funcionalidad del tesoro de El Carambolo , descubierto en 1958 en el cerro de Camas del que toma su nombre y formado por 21 piezas de oro de 24 quilates fundidas en torno a los siglos VIII o VII antes de Cristo; no sólo ha reavivado el interés sobre el importante legado tartesio de esta tierra, sino que además ha reforzado la tesis sobre los antiguos mitos en los que se basa el mundo de la tauromaquia , «entendido en el sentido amplio del enfrentamiento entre el ser humano y el toro». Así lo explica Álvaro Gómez Peña, profesor titular en el departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Sevilla y autor de este trabajo de investigación junto con Marta Bermúdez Cordero, adscrita a dicha área de la Hispalense. Su estudio, adelantado por este periódico, ha puesto de nuevo el foco en el tesoro de El Carambolo y el yacimiento arqueológico del cerro del que toma su nombre. Ellos son los protagonistas de esta nueva hipótesis que divide las 21 piezas del tesoro entre una sacerdotisa que encarnaba a la diosa fenicia Astarté y un monarca que quizás emulaba al dios Baal, para la escenificación de «la ceremonia del matrimonio sagrado», un antiguo rito que simbolizaba la renovación cíclica de la naturaleza y la estabilidad del territorio. La celebración de este ritual está bien atestiguada en diversos enclaves el mundo del Mediterráneo Antiguo en los que se rendía culto a Astarté y, por ende, también habría sido escenificado en el santuario fenicio cuyos restos descansan en el yacimiento arqueológico del cerro de El Carambolo , que corona el tramo de Camas de la cornisa aljarafeña y en cuyo entorno fue descubierto el famoso tesoro. El tesoro y la ceremonia, como precisaba ya este arqueólogo, están íntimamente ligados al mito mesopotámico del descenso a los infiernos de la diosa Ishtar, Inanna en fuentes sumerias y adaptada como Astarté por los fenicios. La leyenda narra el viaje de la deidad al inframundo, reino de su hermana Ereshkigal, para el banquete funerario del marido de esta última, mencionado en este mito como «el toro celeste», identificado en tablillas astronómicas sumerias con la constelación de Tauro. En ese sentido, Álvaro Gómez Peña y Marta Bermúdez Cordero señalan en su trabajo que los vestigios del santuario fenicio de El Carambolo presentan «elementos cargados de un f uerte simbolismo religioso fácilmente relacionables de forma directa e indirecta con momentos previos al descenso de Inanna/Ishtar al inframundo o durante su tránsito por este». Al hilo, señalan especialmente el altar con forma de piel de toro descubierto en el yacimiento, conectándolo con la figura del «toro celeste», es decir el marido de la hermana de la diosa Ishtar, Astarté para los fenicios; el esposo de la reina del inframundo, asociado por los sumerios a la constelación de Tauro. Altares similares han sido descubiertos también en enclaves tartesios como los de Coria del Río, Cancho Roano o El Turruñuelo. Gracias a ello, según Álvaro Gómez Peña, es posible «confirmar la idea de que los altares con forma de piel de toro» descubiertos en el mundo tartesio son representaciones de la citada figura del «toro celeste», que «en definitiva es la constelación de Tauro y que encarna los grandes males y problemas que desestabilizan la naturaleza, como el caos, las enfermedades, la sequía, las epidemias o los terremotos». En este punto, Álvaro Gómez Peña argumenta que en los mitos del Mediterráneo Oriental, « los reyes y grandes héroes se enfrentan a ese toro celeste para devolver el orden a la naturaleza y demostrar sus capacidades sobrenaturales». «Se enfrentan al toro celeste, solos o con un compañero, le dan muerte y con ello devuelven la estabilidad a la naturaleza», resume precisando que este tipo de mitos fueron introducidos por los fenicios en el sur de la península Ibérica con motivo de su implantación en el territorio. «En otros estudios se había planteado ya que es precisamente en e se gran mito en el que está basado el mundo de la tauromaquia », remarca detallando que se trata de un mito a grandes rasgos retratado en el mundo mesopotámico, en el Antiguo Egipto y la cultura romana. En ese sentido, Álvaro Gómez explica que entendiendo la tauromaquia «en sentido amplio como la lucha del ser humano contra el toro», e l altar del santuario de El Carambolo «es el elemento arqueológico o histórico más antiguo en toda la península Ibérica con un reflejo de esa idea y de ese mito». «Al sumar este mito al contexto de El Carambolo, se refuerza esa probabilidad en la que ya algunos autores veníamos trabajando» sobre los orígenes del mundo de la tauromaquia, destaca el autor de este trabajo de investigación que ha puesto de nuevo sobre el tapete el famoso tesoro, el yacimiento arqueológico de Camas al que está ligado y la antigua cultura tartesia.