Crítica de 'Morning sun': Mujer invisible en un cuadro de Hopper
La vida de Charly McBride podría ser la de cualquier integrante de la clase media norteamericana. Una mujer que en la edad madura se siente invisible. La narración de su existencia no parece aportar alicientes a una historia memorable, pero emociona: es vida, en estado puro, sin grandes acontecimientos que la atraviesen. Una mujer mirando por la ventana una mañana. Como aquel cuadro que Edward Hopper, cartógrafo realista de soledades en la multitud, bautizó 'Morning Sun'. Así se titula esta pieza de Simon Stephens estrenada hace cinco años en el New York City Center Stage. La invisibilidad «histórica» de Charly es intercambiable con la de su madre y su hija. Tres mujeres que el británico-irlandés convierte en portavoces de la letra pequeña de la Historia. La tradición «familiar» de Arthur Miller, un poco más dulce. Planos narrativos a tres voces que el director, Pau Roca, dinamiza con solvencia escénica. La voz central es esa Charly que encarna Míriam Iscla, perfectamente conjuntada con Raquel Ferri (en los papeles de narradora, hija, amiga, padre y pareja) y la conmovedora veteranía de una Anna Güell que resulta tan convincente como madre o un piloto que Charly se liga en un bar y la deja embarazada. La escenografía funcional, la cálida tonalidad de la iluminación y la música de Guillem Rodríguez, presente sin avasallar al texto, permiten destilar esas tres vidas de mujeres, la gente corriente que nace, vive y muere sin estruendo; en este caso, la madre que fue a vivir a un pequeño piso social; esa Charly recepcionista en un centro hospitalario: problemas con el alcohol, fan de Joni Mitchell, amores tristes, madre soltera. Su hija Tess, la tercera generación, quiso estudiar audiovisual, se ilusionó con ser guía de la Estatua de la Libertad pero siguió trabajando en una aburrida gestoría. Como advierte la voz en off después de pedir al público que apague los teléfonos móviles, reparemos en la mujer de Hopper ante la ventana que ilustra el cartel de 'Morning Sun'. Al finalizar la función comprenderemos el motivo de la advertencia. El realismo poético de las vidas anónimas. Como la de tanta gente que busca la consolación en el teatro.