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Los psicólogos que atienden a los supervivientes del accidente: «Están tan en 'shock' que no pueden ni llorar»

Abc.es 
Nada más se tuvo conocimiento del choque de un tren de Renfe y otro de Iryo a la altura de Urda (Toledo) en la mañana de este miércoles, los equipos de emergencia que desplazaron a los distintos lugares relacionados con el accidente incluían psicólogos, pues la atención rápida a la salud mental es clave en estas situaciones, defienden. En la Estación de Atocha de Madrid, de donde partieron ambos convoyes, el Summa 112 de la Comunidad de Madrid empezó a atender desde primera hora a familiares que acudían porque no sabían nada de sus hermanos, padres, hijos o maridos más allá de que se habían subido en los trenes. A medida que avanzaba el día iban llegando también pasajeros que se habían subido a los trenes y que afortunadamente solo sufrieron heridas leves. «La mayoría estaban bastante en shock, con una reacción de estrés agudo porque aún estaba muy reciente», explica Miriam Jiménez, psicóloga del Summa 112 que ha atendido tanto a estas personas como a familiares de los desaparecidos . «Muchos ni siquiera podían aún ponerse a llorar», continúa. Y en ese primer momento, insiste, la labor del psicólogo pasa por hacerle ver la realidad y avisarle de lo que puede venir en los próximos días. «Hay que asegurarles en el momento presente, ayudarles a que puedan tener ventilación y prevenir las secuelas psicológicas que puedan tener por vivir algo así», dice Jiménez. De aquí en adelante, apunta, es normal que puedan sufrir estrés postraumático, con pesadillas que parecen muy reales o 'flashbacks'. «En los primeros días es esperable, pero si no se atiende de manera pronta puede prolongarse en el tiempo», afirma esta psicóloga. Los familiares de las personas que iban en los trenes, en cambio, llegaban con mucha incertidumbre y angustia por la falta de noticias. «Esa angustia es normal, es humana, pero nuestra labor es ayudarles a manejarla y a que estén seguros, que no se hagan daño», continúa la psicóloga del Summa 112. En estos casos, explica, la angustia puede generar que se pierdan los nervios. También han visto mucha indignación, rabia e impotencia, además de entre los familiares, entre los propios trabajadores de los convoyes. En el lugar del accidente, en Urda, Carmen García, psicóloga de Cruz Roja, también ha atendido durante todo el día a familiares de las personas que viajaban en los trenes y de los que no tenían ninguna noticia. Las emociones, asegura, eran muy diversas: «Cada persona lo gestiona de una forma totalmente distinta. Hay quien está tan en estado de 'shock' que ni siquiera es capaz de integrar la realidad, gente preocupada, triste, enfadada...». No mostrar las emociones, dice, no significa que no se tengan, sino al revés. «Hay que poner más atención en quien no está llorando porque es quien aún está en 'shock'», defiende García. Reconoce la complejidad ante la falta de información, con muchas preguntas y mucha incertidumbre. «Son momentos muy complicados y la gente necesita saber cómo están sus familiares. Estamos intentado ser lo más diligentes posible con los datos», sostiene. Lo más probable, afirma, es que tanto las personas que viajaban en el tren como los familiares de los desaparecidos sufran estrés agudo durante estos días, pero es importante que una vez pasada la emergencia continúen recibiendo atención psicológica para evitar más consecuencias. «Puede derivar en estrés postraumático», dice. Fernando Muñoz Prieto, profesor del CES Cardenal Cisneros, es experto en psicología de urgencias y emergencias. Estuvo al frente del dispositivo de asistencia psicológica en el 11M y participó también en la atención durante el accidente ferroviario de Angrois y en el aéreo de Spanair. Por su experiencia sabe que tras estas tragedias aparecen varios perfiles a los que atender (heridos, familiares de desaparecidos y familiares de fallecidos) pero con síntomas que coinciden en muchas ocasiones. En estos casos, expone, los familiares presentan sobre todo ansiedad ante la falta de noticias de sus seres queridos. «Con el paso de las horas suele tener una evolución que llamamos en dientes de sierra: con momentos con más y menos ansiedad por el paso del tiempo, porque vean que se está localizando a los familiares de otras personas que están en la misma situación sin que ellos tengan noticias, etc.», afirma Muñoz Prieto, que como sus compañeras insiste en la necesidad de que esa atención psicológica se prolongue en el tiempo para evitar daños mayores. Entre la incertidumbre y el 'shock' surge también no pocas veces la negación, para más tarde dar lugar a la depresión. «También va a venir determinado por el tiempo que tarden en recuperar el cuerpo de su familiar y poder enfrentarse al proceso de duelo», señala. Y remarca la necesidad de ser cuidadosos cuando se comunican los fallecimientos a los menores de edad de la familia: «Es muy importante que se dejen guiar por los psicólogos para dar la noticia».

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