Rajoy juega a perpetuarse hasta octubre y Sánchez va a la caza de un pacto que evite las elecciones
La clave para Sánchez está en que, hasta ahora, no ha tenido una negociación propiamente dicha con Podemos, que es la única pareja que puede salvarle del fracaso. El líder de esa formación, Pablo Iglesias, insiste en que lo que quiere es una cumbre. “Yo tengo mucho interés y voluntad de ver a Pedro Sánchez”, ha dicho este viernes tras reunirse con representantes de Compromís. Para él, “lo normal” es verse para hablar del Gobierno de coalición, pero no parece contemplar la necesidad de que antes se desbrocen los respectivos programas para establecer prioridades y aparcar todo aquello que les enfrenta. Iglesias quiere firmar el compromiso cuanto antes sin pasar por el cortejo previo y eso ha mantenido la negociación encallada hasta ahora.
A primera hora de la tarde, se ha abierto un resquicio para forjar ese pacto de la izquierda al que aspiran PSOE y Podemos gracias a la iniciativa del diputado de IU, Alberto Garzón que ha propuesto una reunión a cuatro bandas: los tres mencionados y Compromís. Pedro Sánchez ha tardado en responder pero finalmente lo ha hecho aceptando.
Si tanto él como Iglesias asisten a la cita, que podría celebrarse el próximo lunes, será una oportunidad para que superen el malestar por los reproches que se han dirigido recíprocamente, llamándose “prepotentes” y “arrogantes” unos a otros. "Para nosotros es un gesto muy claro de que el PSOE no vendrá sólo a que nos hagamos una foto, sino a hablar de gobierno", ha dicho el líder de Podemos que reiterado sus condiciones: no a la simultaneidad en la negociación con Ciudadanos y no a un Gobierno monocolor del PSOE. El Ejecutivo de Pedro Sánchez "será plural o no será", ha asegurado. En ese punto es en el que se levanta el muro más difícil de superar para ambas partes. En su carta de aceptación del encuentro, Pedro Sánchez habla de “pactar un programa de investidura”. Iglesias, sin embargo, ha hecho hincapié en que hablar solo tiene sentido si es para hacerlo sobre un “pacto de Gobierno”.
Con la calculadora en la mano y a semana y media de que comience el debate de investidura de Sánchez, las cuentas siguen sin cuadrar. El PSOE ha volcado su estrategia en la negociación con Ciudadanos, pensando que a los 130 votos que resultan de sumar los 90 propios y los 40 del grupo de Albert Rivera podría añadir 6 del PNV, 2 de Izquierda Unida, 4 de Compromís y 1 de Coalición Canaria y que, dada la proximidad de dos de esas formaciones (IU y Compromís) a la de Pablo Iglesias, Podemos optaría por la abstención en el caso de no incorporarse al acuerdo. De esa manera, con 143 apoyos se podría ganar por la mínima -y por mayoría simple el próximo 5 de marzo- a los 142 ‘noes’ procedentes del PP, ERC, Democracia y Libertad (DL) y EH Bildu. Pero eso supondría una rectificación en toda regla de Iglesias.
Además, también Garzón, el líder de IU-Unidad Popular, ha puesto un nuevo obstáculo a los socialistas al asegurar que se siente "incómodo" respaldando un Gobierno que cuente con el apoyo de Ciudadanos, del que dice que representa "políticas regresivas para las clases populares". Y lo mismo cabe decir de Compromís cuyo diputado Joan Baldoví ha proclamado que esta coalición no estará "bajo ningún concepto" en un futuro gobierno en el que esté C’s y ha abogado por un acuerdo con el PSOE, Podemos y IU-Unidad Popular. Baldoví ha pedido al secretario general del PSOE y al líder de Podemos que se sienten "para llegar a acuerdos" y ha mostrado su "disposición total" a negociar en esa "reunión a cuatro" que propuso Garzón.
El PSOE, por otra parte, sigue confiando en que Podemos se avenga a razones, las suyas, ante la disyuntiva de elegir entre dos caminos: el de Rajoy, para que España vuelva a tener elecciones, o el de Sánchez, para que haya un cambio de gobierno. Si se impusiera la primera alternativa, piensan en Ferraz, el partido de Iglesias quedaría estigmatizado por “hacer la pinza con el PP”. Es el mensaje en el que ha insistido este viernes el portavoz socialista en el Senado, Óscar López, que ha pedido a Podemos que no desperdicie "la ocasión de oro" de que "en tan solo doce días" pueda haber un gobierno liderado por Pedro Sánchez que "ponga fin a la corrupción del PP" y a la etapa de Mariano Rajoy.
El traje autonómico, el calendario socialista y los cálculos de Rajoy
Lo único cierto es que el proceso sigue tropezando a cada paso con nuevas dificultades. Las últimas han surgido por la predisposición de Sánchez a atender las reclamaciones de Mónica Oltra, de Compromís, sobre el pago de la deuda histórica con la Comunidad Valenciana. La federación andaluza que dirige Susana Díaz ha saltado inmediatamente para advertir, a través de su consejera de Hacienda y Administración Pública, María Jesús Montero, de que estará "alerta" para que no se produzca "ninguna tentación" de llegar a acuerdos bilaterales que, a su juicio, perjudiquen a Andalucía. Mucha atención, también, al mensaje que ha lanzado este viernes la propia Susana Díaz: "Si seguimos tirando del traje autonómico empezaremos a llevarnos jirones unos y otros".
Entretanto el tiempo se agota. Aunque quede más de una semana para el debate de investidura, el PSOE tiene que celebrar antes la consulta a la militancia sobre el eventual pacto de Gobierno a la que se comprometió Pedro Sánchez. El calendario previsto pasa por formalizar los pactos con Ciudadanos, Compromís e IU-UP -Podemos queda a expensas de lo que suceda en la reunión a cuatro bandas- entre el lunes y el martes para que el miércoles puedan recibir el visto bueno de la Ejecutiva socialista. El jueves y el viernes se destinarían a informar a la militancia sobre los acuerdos que se votarían el sábado, 27 de febrero. Como el domingo 28 se celebra el Día de Andalucía, el Comité Federal que debe dar su aprobación definitiva se celebraría el lunes 29. De ese modo, Pedro Sánchez podría dedicar el 1 de marzo a preparar su discurso de investidura y el miércoles 2 presentarse ante el Congreso de los Diputados con su programa de Gobierno.
Al único que le viene bien que se vayan quemando etapas sin que se vislumbre una salida es a Mariano Rajoy. Si Pedro Sánchez no consigue ser investido el 5 de marzo, el PP y su líder podrían perpetuarse en el Gobierno hasta octubre. Una vez celebrada la primera votación de investidura -siempre que resulte fallida- empieza a correr el plazo de dos meses para ir a unas nuevas elecciones. Teniendo en cuenta los tiempos para disolver las Cortes y convocar los comicios, estos se celebrarían el 26 de junio. A partir de esa fecha, y según el artículo 68 de la Constitución, el nuevo Congreso que salga elegido deberá ser convocado en los veinticinco días siguientes. Eso ocurriría a finales de julio. Después, se sucederían nuevas rondas de consultas para designar un candidato a la investidura como presidente del Gobierno y, teniendo en cuenta la flexibilidad para la convocatoria del debate, llegaríamos a octubre con un Ejecutivo aún en funciones. De ahí que Rajoy comente con tanta soltura la probabilidad de un adelanto electoral con otros líderes europeos.
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