Trump empieza a recular para legitimar su presidencia ante la creciente contestación social
Pocos días antes de las elecciones del pasado día 8 de noviembre Donald Trump declaraba que solo reconocería el resultado electoral si ganaba él. En esos días Trump amenazaba a Hillary Clinton con meterla en la cárcel si él llegaba a la Casa Blanca, y por supuesto repetía sin cesar que iba a derogar la reforma sanitaria de Obama y a repatriar a los 11 millones de inmigrantes ilegales, en línea con otras de sus muchas promesas radicales.
Pues bien, Trump ya ha empezado a recular. Ha elogiado a Hillary Clinton y a Barack Obama, dice que solo anulará una parte de la reforma sanitaria, ya veremos que hace con los inmigrantes e incluso con los impuestos y está sufriendo una dura contestación social en muchas manifestaciones por varias capitales americanas donde se dice que no le reconocen como presidente de los Estados Unidos.
Lo que, en un principio, provocó una brusca reacción de Trump que dijo en Twitter que estaban orquestadas por 'profesionales y por la prensa'. Y a las pocas horas también tuvo que rectificar con la un llamamiento a la unidad de los ciudadanos.
Quien siembra vientos recoge tempestades, y ese es el caso de Trump que ganó la presidencia en votos electorales de los Estados, pero las perdió en el cómputo global de votos de todo el país donde sí ganó Hillary. Y son muchos de esos votantes, que se sienten amenazados por Trump, los que ahora le niegan el reconocimiento de su presidencia como el se la negó a Hillary si ganaba las elecciones.
Y si esto sigue así el día de su toma de posesión del cargo en las escaleras del Capitolio podría coincidir con una 'marcha sobre Washington' de los indignados con Donald Trump desluciendo el acto y dañando su imagen en USA y en todo el mundo.
De ahí la transformación urgente de Trump de violento candidato a la Casa Blanca a un coloquial y pretendidamente amable presidente electo que busca legitimarse como el presidente de todos los norteamericanos, lo que sin duda le va a costar. Incluso tendrá problemas en su partido republicano y dentro de sus actuales mayorías de la Cámara y del Senado, donde están sentados senadores republicanos como John McCain a quien Trump insultó.
Incluso puede que Trump esté ahora pensando moderar el sesgo ideológico de su gobierno que en principio parecía que iba a ser ultra conservador para no tensar más su relación con esa mayoría de ciudadanos que votaron por la candidata demócrata.
Porque Trump empieza a descubrir que las 'élites' políticas, económicas y económicas y mediáticas tienen más poder del que se imaginaba y que los ciudadanos de a pie también cuentan y mucho en la gobernabilidad del país.
Como descubrirá pronto el peso real de la instituciones como el Congreso y de la prensa que va a seguir sus pasos muy de cerca subrayando cuantos abusos, disparates e incorrecciones -que no serán pocas- cometa a partir del 20 de enero, dentro y fuera del país, el 45 presidente de los Estados Unidos. Una alta dignidad que no solo se gana en las urnas sino en el día a día de la gobernabilidad.
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