Nikolás Sánchez Izquierdo, 279 del mundo y un partido del cuadro final de un ATP
Se habla de Carlos Alcaraz , en la cima del tenis, pero hay muchos escalones en los que se desarrolla este deporte. Nikolás Sánchez Izquierdo se mueve en ese estamento en el que se cimenta la ilusión de alcanzar esas alturas; con deseo, ambición y pies en la tierra. En el puesto 279 ranking, se cruza el planeta de 'challenger' en 'challenger', de aprendizaje en aprendizaje. Aunque su nombre salga ahora a la luz por un desagradable incidente relacionado con las apuestas deportivas y no por su proyección. Casi era normal que se dedicara al tenis, pues es el deporte rey en su familia. Su abuelo jugaba, y muy bien, y quiso que alguno de sus hijos fuera tenista, pero no lo consiguió. Así que es el nieto el que protagoniza por fin el sueño del abuelo, que no se pierde sus partidos desde que comenzara con 12 años. De la generación de Alejandro Davidovich, fue creciendo con paso seguro y éxitos en categorías inferiores, subcampeón de España sub-16, y campeón por equipos. Y a partir de los 18, dedicación absoluta sin hacer caso a los aires de grandeza. Al contrario, es lo que se puede llamar un currante del tenis: ocho horas diarias en el gimnasio, estricto plan de alimentación, entrenamiento y descanso. Y con la cabeza lo suficientemente amueblada como para saber que esto se trata de una carrera de fondo y nada fácil. Que son muchos viajes, treinta semanas al año fuera de casa, y hoteles y gastos que intentaba minimizar al máximo porque ha querido siempre buscar su propio camino, en solitario, incluso si todo salía de su bolsillo. Más allá del tenista, también está la persona, muy cercano a su familia, adora a su hermano, y es muy querido en el circuito. En plena dana, cogió el coche sin decir nada a nadie y se plantó, pala en ristre, para ayudar donde hiciera falta. Ha tenido oportunidades, becado en el CAR de Madrid por su buena proyección, pero también algunos momentos de mala suerte con las lesiones. Como algunos problemas con la muñeca que le frenaron la progresión. No obstante, títulos Futures, finales, y muchas ganas de seguir en este proyecto de vida que le llegará a donde sea, con golpes potentísimos y disciplina. En este 2026 se casa después de un inicio de curso por Argentina, cuartos de final, Brasil, semifinales, Chile, primera ronda. Un periplo para intentar conseguir esos puntos que lo ayuden a impulsarse en la clasificación. En 2022 alcanzó su mejor plaza en la ATP, 238, en unos meses de crecimiento en las fases previas del ATP 500 del Conde de Godó y del ATP 250 de Gijón. Sus éxitos en esta categoría anterior lo volvieron a llevar en volandas al circuito profesional en 2024, en una primavera estupenda de experiencias con los grandes que disfrutó en Barcelona, Lyon y Bastad. En la ciudad francesa llegó la confirmación de que el camino era el adecuado, pues pisó un cuadro final por primera vez y le hizo partido a todo un Tomás Etcheverry, que ya era 29 del mundo (1-6, 6-2 y 6-2). Después de pasar también por la cara amarga de las lesiones, el barcelonés quiso para este curso dar un salto de calidad, y contrató como técnico al argentino Pedro Cachin . Ya colaboraban por temporadas, pero tras la retirada a finales de 2025 del campeón de Gstaad, se comprometieron de forma más formal y estrecha. «Desde el año pasado ya lo venía ayudando algunas semanas y ahora empezamos a hacerlo también en torneos. Estoy muy contento porque tiene un potencial muy grande y está en una edad en la que se deja ayudar», señalaba el argentino sobre su pupilo. «En un momento de mi carrera, yo también necesité a alguien que ya hubiera pasado por estas situaciones, por eso me llamó».