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Sin Leo no hay récords que valgan

Merecido cartel el del Levante, que comparecía al duelo ante el Barcelona con la vitola de equipo más en forma de la Liga. Y partido loco, de aquellos que desfloran los nervios del cronista pero que le otorgan a este deporte la belleza que supone la incertidumbre. Solo así se explica que un equipo que ha ganado la Liga con cuatro jornadas de margen, pueda encajar cinco goles por parte de otro equipo que hacía unas semanas peleaba por no descender. Y que aquellos que han anotado esos cinco tantos acaben pidiendo la hora porque una remontada amenace con dejar en nada la exhibición realizada. No obstante, los minutos finales del Barcelona, apretando y rozando el empate, aferrándose a la épica y tratando de emular una misión similar como aquella eliminatoria ante el PSG del año pasado, no justifican el partido de los de Valverde.





Paco López le ha lavado la cara y le ha quitado el tufillo a descenso que llevaba impregnado el Levante. No obstante, la ausencia de Leo Messi desluce levemente la gesta y pone en evidencia la vulgaridad de un equipo al que solo sostuvo a ratos la calidad de Iniesta, el pundonor de Piqué y el acierto de Coutinho. Película con leves reminiscencias a la vivida en Cornellá, en el Sánchez Pizjuán y en Balaidos, en la que la carencia del argentino permitía a los rivales poner contra las cuerdas a los azulgranas. Pero ahí estaba Leo, en el banquillo, como un seguro de vida, para salir en la última media hora y salvar al menos el empate.


No obstante, en el Ciudad de Valencia no estaba Messi para sacar las castañas del fuego. Valverde cometió el error de ir a por un récord histórico sin la red que supone el rosarino. Y no solamente se quedó sin el registro histórico de acabar el campeonato invicto, sino que se marchó humillado, goleado, derrotado, sonrojado y un sinfín más de adjetivos calificativos poco agradables.


Yerry Mina, retratado
Las rotaciones evidenciaron que el fondo de armario culé está apolillado y las razones por las que el técnico mantiene a Yerry Mina alejado de las convocatorias. Comentaba Ernesto Valverde tras el último partido que cada encuentro era un examen, sobre todo para aquellos futbolistas que no tienen un puesto asegurado. La prueba de Mina fue de suspenso rotundo. Quedó retratado en casi todos los goles y su recital fue celebrado por la afición del Levante. El central compró todos los boletos para marcharse cedido en junio y, en estos momentos, no hay ninguna duda que le tocará el premio.



La defensa azulgrana fue una madre ante Morales, Boateng y Bardhi. El primero se marchó de una forma pasmosa del colombiano del Barça, entró como Pedro por su casa en el área culé y le puso un balón al segundo para que batiera a Ter Stegen. Era el minuto ocho. Tres minutos más tarde Bardhi mandó un balón al palo y a la media hora, Boateng anotaba el 2-0. La lesión de Vermaelen hizo bueno aquello de que no hay mal que por bien no venga y la entrada de Piqué fue un revulsivo. Suya fue la jugada que permitió a Coutinho acortar distancias. Pero fue un espejismo. La efervescencia del equipo se disipó como la gaseosa cuando lleva un rato abierta sobre la mesa.


Si alguien pensaba que el descanso sería un punto de inflexión para los culés quedó desengañado a los pocos segundos. Bardhi anotó el tercero, inmediatamente después, Boateng culminaba su hat trick, y Bardhi colocaba la manita en el marcador. Ter Stegen, que hasta hacía poco peleaba por el trofeo Zamora, ha encajado 12 goles en los últimos cinco partidos. Valverde no sabía adonde mirar y, donde no debía hacerlo era al banquillo, donde no había soluciones.


Final emocionante
La belleza que tiene este deporte es que suele ser impredecible. Tanto que ni siquiera un 5-1 es definitivo. Y menos cuando delante están los mejores jugadores del mundo, aunque tengan un mal día. Coutinho quiso justificar los 160 millones que ha costado y trató de liderar una remontada con dos goles seguidos que dieron algo de alas a los azulgranas. El Barcelona actuaba mas con el corazón que con la cabeza. Nadie entendería que ninguno de los dos equipos no se jugaban nada. Y la emoción la acabó de poner Luis Suárez al transformar un claro penalti cometido sobre Busquets tras el lanzamiento de un saque de esquina.


Faltaban 20 minutos y un partido enterrado y finiquitado volvía a abrirse. Iniesta trataba de maquillar la humillación que estaban sufriendo. Mala manera de poner punto y final a la trayectoria en un equipo en el que has jugado toda tu vida. El capitán no pudo mantener la imbatibilidad de su equipo en esta Liga que han dominado completamente, aunque podrá lavar la imagen este próximo fin de semana, ante la Real Sociedad. Ante los donostiarras sí que estará Messi y seguro que con el argentino en el campo el equipo recupera su compostura y sus señas de identidad.

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