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El Madrid convence y ya es líder

Hay algo impenetrable en el perfil de denario de Zidane, pero después de unos cuantos años ya podemos aventurar que en él, además de muchas otras cosas, hay un punto fuerte de terquedad. Una tozudez que no es la tozudez como aragonesa que conocemos, sino otra exótica, quizás de la Cabilia, tan suya y tan íntima que ni se advierte. Por eso no extraña nada que el Madrid perdiera la Copa del Rey, después de una buena competición, por intentar las rotaciones contra la Real Sociedad, rotaciones que incluyeron, de repente, a un olvidado James, y que pasados los meses, de nuevo ante la Real, y estando en juego el liderato de la Liga, Zidane decidiera devolverlo otra vez al mundo de los vivos.





Al menos no lo hizo de interior, eso sí, y colocó a James en la parte derecha del ataque.



La Real, que había empezado esta reanudación liguera muy irregular, quiso mejorar ante el Madrid, sin conseguirlo del todo, y el partido fue distinto a los anteriores, más real, luchado, complejo. También entero, sin lagunas, un partido completo del Madrid.


Desde el inicio se mostró compacto. Lo que mantiene Zidane y no cambia es lo importante: el portero, los centrales y Casemiro, responsables, junto a la ética zidanesca de la solidaridad, de ser e
l tercer equipo menos goleado de la historia del club.


La Real pronto quiso la pelota y se inicio un forcejeo en mediocampo por el balón y por el partido. El Madrid no superaba limpiamente la presión inicial y veía claridad solo en alguna pelota larga a Vinicius; Benzema bajaba poco "a recibir" y James quedaba marginalizado en la banda derecha.


Llegada la pausa de hidratación de la media hora, el Madrid, sin mucho peligro, sí decidía su juego por la banda izquierda. Marcelo tuvo una ocasión y Vinicius, ya el mejor a esa altura del partido, conseguía una amarilla para Gorosabel. Hubo una pequeña ocasión de Benzema al contragolpe, a pase de Valverde, pero el juego del Madrid cargaba sobre todo por la banda brasileña, con un entendimiento bueno entre los dos (Vinicius cubría en algún momento la espalda de Marcelo, espalda larguísima y vertiginosa como la de una estrella hollywoodiense en noche de gala).


La Real hacía dos cosas bien: presionaba fuertemente la salida del juego del Madrid, tartamudeándolo, y alargaba además posesiones suficientes con el triángulo Zubeldia, Merino y Odegaard. Peligro no había, pero con una y otra cosa le quitaba algo de oxígeno al Madrid, que sí acabó la primera parte atornillando el ataque: una buena ocasión de Vinicius, quizás la mejor, tras regate, finta y chut, y luego algún intento por la derecha. A esa banda le faltaba lucidez, aportar algo para terminar de clarificar el ataque. Al descanso, el partido no era aún del Madrid, pero aparecían las virtudes, menores si se quiere, aún no muy cantadas, pero reales del conjunto liguero de esta temporada: seriedad defensiva, equilibrio, y la cualidad de lo compacto. No son virtudes que despierten la automática lírica madridista vigente desde los galácticos. Recuerdan a otros momentos de eso que se llamaba "entreguerras", edades de plata, ramalazos italianos que reaviva Zidane, pues están en su impronta y formación.



Tras el descanso, James y Valverde se permutaron: el colombiano se iba al centro a tocar balón, pero lo serio seguía estando en la izquierda, donde
Vinicius hizo una diablura de extremo, se fue de dos, y bien dentro del área forzó un penalti que marcó Ramos
con esos pasos suyos previos de duelista. Poco después, en una jugada defensiva con Isak, Ramos se lastimó una rodilla y hubo de ser sustituido por Militao tras pasar unos minutos renqueante.


En la Real entró Januzaj para animar un ataque que no inquietaba nada. El partido estaba en ese punto en el que o se lanzaba la Real o el Madrid comenzaría a herirla al contragolpe.


En el 62 ya hubo un chut de Kroos, algo oculto, tras una buena posesión. Vinicius era siempre la marcha adicional, el desencadenante de las cosas.


Era el momento clave del partido, la Real empujaba seriamente y el Madrid se cerraba convertido en un equipo de hoplitas a punto de ser heroicos o decepcionantes. Janujaz marcó en un chut tras jugada ensayada que se anuló correctamente por fuera de juego de Merino. Era un aviso muy serio. El Madrid tenía que recombinar y recuperar la pelota o tendría un difícil final de partido.


Y, efectivamente, reaccionaron de forma inmediata. Valverde hizo una jugada de gran arrastre por su banda, de interior-aluvión, colgó el balón y
Benzema controló de hombro, orientó y remató
. Benzema lleva el balón en el hombro como el pirata lleva su loro. Fue un gol con intriga de VAR, como casi todos ya, que tranquilizaría al Madrid y que devolvía el Benzema goleador de área, el nueve contante y sonante.


Aunque el gol llegó por la derecha, el mejor había sido Vinicius. Lideró en ataque y participó en defensa, disciplinado como si fuera un Callejón, pero en ataque estuvo rápido, como siempre, y además estuvo profundo, alcanzando la hondura del extremo que se va por dentro, por fuera y llega al final, como cuando el peón, acabado el tablero, puede ser canjeado en el ajedrez.


A la altura del 80, y tras unos minutos de más cotragolpe madridista que verosímil peligro local, comenzaron los cambios (tres en la Real, Mariano y Asensio, casi ignotos en el Madrid). El partido no se «pachanguizó», si sirve la expresión, porque la Real, cuando menos convencida parecía,
marcó en un balón colgado al segundo palo que Merino remató con mucha clase
.


Aun hubo unos minutos de intriga, que no de sufrimiento para el Madrid. Tiene la nueva virtud, defensiva, de saber ser imperturbable, como si se hubiera acabado pareciendo al misterioso perfil de su entrenador.

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