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El "blindaje" de Sánchez a Marlaska sume a Moncloa en el desconcierto y abre grietas en el Gobierno

La permanencia de Fernando Grande-Marlaska en el Consejo de Ministros se ha convertido en una realidad política incomprensible para buena parte de quienes pululan a diario por el Palacio de la Moncloa. El titular de Interior lleva al frente del departamento desde 2018, cuando Pedro Sánchez se hizo con las riendas del país. Desde entonces, Marlaska ha protagonizado varias crisis políticas que le han llevado incluso a ofrecer su cabeza al presidente del Gobierno, como ya adelantó este diario en exclusiva.

Pero lo cierto es que Pedro Sánchez nunca aceptó su voluntad de poner fin a su etapa en el Ejecutivo, motivo por el que los altos cargos de Moncloa, entre ellos varios ministros, llevan años sumidos en el desconcierto ante lo que ya denominan el «caso Marlaska». «Solo el presidente sabe por qué le mantiene en el cargo», explica una fuente conocedora como pocas de todo lo que ocurre en la trastienda del Gobierno.

Otra fuente, esta muy cercana al presidente, desliza que «se debe tratar de una mera cuestión de afecto personal». Eso sí, la realidad es que nadie puede ir más allá. Mientras, Marlaska sigue acumulando fallos. Su ausencia en el funeral de los dos agentes muertos en acto de servicio la semana pasada en Huelva ha sido la puntilla para la campaña socialista en Andalucía. Si la candidata, María Jesús Montero, ya tuvo un «lapsus» –como lo definen en Moncloa– al referirse a ambos decesos como un «accidente laboral» durante el debate electoral en Canal Sur del lunes, ahora la ira del Instituto Armado se concentra en Marlaska.

Ayer, sin ir más lejos, fue abucheado durante la jura de la bandera de la nueva promoción de agentes de la Academia de Baeza por algunos de ellos. Les bastó escuchar al ministro confesarse «rabioso» por la pérdida de los dos compañeros en una operación contra el narcotráfico; un asunto muy sensible en el cuerpo y en Andalucía, en general. El recuerdo de la tragedia de Barbate está muy reciente.

Por eso, tampoco se entiende que Marlaska «no cogiera un helicóptero» desde Canarias para presentarse a mostrar su respeto a los agentes y acompañar a los suyos. Ayer, el propio ministro, preguntado por su ausencia, casi admite que entendía que se le pudiera recriminar. Aunque corrigió según se justificaba. El ministro, no obstante, defendió que su departamento no dejó la silla vacía, porque estuvieron tanto la secretaria de Estado de seguridad, Aina Calvo, como la directora general de la Guardia Civil, Mercedes González.

Y el Ejecutivo no fue capaz de anticipar que habría una crisis política por este asunto. Fuentes gubernamentales consultadas por este diario explican que hubo un error de cálculo en la dimensión política del accidente que sufrieron ambos agentes.

Marlaska se encontraba al frente del operativo de Protección Civil desplegado por el Gobierno para recibir y repatriar en Tenerife a los pasajeros del barco MV Hondius –el crucero en el que se desató un brote de hantavirus–. El detonante dimisionario de Marlaska fue la compra de balas a Israel; algo que le hundió personalmente, porque sintió que le metieron un gol dentro de su departamento que estaba pagando caro el propio Gobierno y el presidente.

Poco después llegó el demoledor informe de la Guardia Civil contra Santos Cerdán. El ingreso en prisión provisional del ex «número tres» del PSOE fue otro duro golpe para la relación entre el presidente y Marlaska, que no logró información de la investigación. Y esa fue la razón por la que Sánchez, como desveló este diario, le afeó en un grupo de «WhatsApp» que comparte con todos los ministros que siempre son los «últimos» en enterarse de las revelaciones de la Guardia Civil.

Golpe total a la campaña electoral del PSOE andaluz

El PSOE andaluz, por su parte, fue consciente desde el primer momento en que la muerte de los dos agentes – Jerónimo J.M. y Germán P.G.– era un problema político en plena campaña electoral, porque giraría la conversación hacia las condiciones de los agentes en la lucha contra el narcotráfico. Y eso es competencia del Gobierno. Montero lleva tatuado en el rostro su ascendencia dentro del Ejecutivo. De manera que tenía muy difícil evitar que el asunto no se le volviera en contra.

Hasta que llegó el debate del lunes. Y, en riguroso directo, dio más munición a sus adversarios. Fuentes socialistas explican que el partido tiene el ánimo por los suelos y admiten que la candidata- se disparó en el pie «sin querer». Hace días que los socialistas temen una «tragedia» el próximo domingo. Todas las encuestas publicadas hasta este lunes coinciden en señalar la debacle del PSOE, que caería por debajo de los 30 escaños, que ya son su peor registro histórico en una comunidad en la que las siglas socialistas fueron una apisonadora durante décadas.

De hecho, en el PSOE hay unos pocos que conservan cierto ánimo al detectar que alrededor del 40% de los andaluces aún no ha decidido si irá a votar o no. Mientras, tanto en Ferraz como en Moncloa se prepara muy bien la reacción al golpe que recibirá Pedro Sánchez en la comunidad más poblada de España. La verdad es que el veredicto de los andaluces abrirá el camino para la convocatoria de las próximas elecciones generales. Sean o no en 2027.

Cabe recordar que el líder socialista ya ha convocado el comité federal, máximo órgano de decisión entre congresos– para el próximo 27 de junio, lo suficientemente lejos del 18 de mayo como para que la resaca electoral se haya pasado.

Se desconoce si el presidente, en ese comité, se dignará a hacer una reflexión política sobre por qué el PSOE ha sido golpeado con fuerza en cada una de las comunidades en las que se han celebrado elecciones autonómicas en los últimos meses (Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía). Sánchez no ha hecho mención alguna. Y en su partido el cabreo crece con cada bofetón que recibe de los ciudadanos.

Hace tiempo que el secretario general evita llevar dicha reflexión a su partido. Es más, en su día vio con buenos ojos el «apoyo» de los suyos a liderazgos en la izquierda que no fueran del propio PSOE. Sánchez, que esta semana se ha intentado colgar el éxito del operativo del crucero infeccioso, se enfrenta ahora al examen de las urnas en Andalucía con ministros quemados, como Fernando Grande-Marlaska.

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