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Irán avisa a Trump de que "no habrá ataque sin respuesta" y se replantea abandonar la negociación

La situación en Oriente Medio no ha hecho sino endiablarse desde que comenzara la semana y el flamante memorando de entendimiento que hace no tanto parecía a punto de alcanzarse entre Teherán y Washington -según el cómputo de la CNN hasta en 38 ocasiones ha asegurado el presidente de EE UU, Donald Trump, que el acuerdo estaba "a la vuelta de la esquina"- se antoja hoy más lejos que nunca. El cruce de fuego entre las partes en las últimas y las nuevas amenazas estadounidenses -la nueva ronda de ataques puede ser cuestión de horas- con el telón de fondo de la intensificación de la campaña israelí contra Hizbulá en Líbano, agudiza la confusión generalizada sobre si el cese del fuego del 8 de abril sigue oficialmente vigente o no.

Al mandatario norteamericano parece habérsele acabado el optimismo y la paciencia habituales y anunció que golpearía "muy duro" a Irán después de advertir al régimen de que "pagará el precio" de haber dilatado su respuesta a la propuesta, pero sin dejar de invitarle a "firmar un buen acuerdo".

"No habrá ataque sin respuesta"

Desde Teherán, su cancillería advertía a la Casa Blanca de que "no habrá ataque sin respuesta". "Váyanse de nuestra región si quieren estar a salvo", le avisaba el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, en una nueva muestra de desafío público. Con todo, la visita de una delegación catarí a Teherán deja claro que la actividad diplomática regional continúa activa. Su portavoz, Ismail Bagaei, insinuaba una retirada de las negociaciones. "El proceso diplomático no se desarrolla en el vacío, y para avanzar en cualquier proceso diplomático se necesita un clima mínimo en el que trabajar", afirmó el vocero de Exteriores.

Así las cosas, la Guardia Revolucionaria, unidad de élite de las fuerzas iraníes, reivindicaba en la madrugada el lanzamiento de una oleada de ataques con drones contra bases estadounidenses ubicadas en Bahréin -concretamente contra la sede de la Quinta Flota de la Armada de EE UU- y otros puntos de Oriente Próximo en una acción que calificó de "represalia" y "legítima defensa" por las agresiones estadounidenses de las últimas horas contra diversos puntos de la República Islámica.

21 objetivos en bases aéreas y navales

La otrora temible unidad ideológica del Ejército de la República Islámica y hoy poder de facto del régimen aseveraba además haber alcanzado "21 objetivos en bases aéreas y navales de la región" así como derribado un dron en el sur de Irán, y lanzado misiles contra hangares de aviones caza F-35 en una base estadounidense ubicada en Jordania.

Por otra parte, la Junta de Gobernadores del Organismo Internacional para la Energía Atómica (OIEA), formada por 35 naciones, aprobaba ayer una resolución presentada por EE UU, Reino Unido, Francia y Alemania que insta a Irán a declarar sus reservas restantes de uranio enriquecido y a permitir el acceso de los inspectores a sus instalaciones nucleares. El futuro de las reservas de uranio en manos del régimen ha sido desde el comienzo de las negociaciones entre Teherán y Washington uno de los principales escollos. El régimen no tardaría en descalificarla al poco de trascender.

Violaciones de soberanía

Entretanto, el ambiente existente entre la República Islámica y sus vecinos del Golfo no hace sino emponzoñarse con el paso de los días y los ataques del régimen de los ayatolás a unas monarquías árabes que considera colaboracionistas con el enemigo. El Ministerio de Exteriores saudí denunciaba la última oleada de ataques iraníes a distintos Estados de la región, tildándolos de "flagrantes violaciones" de la soberanía de Kuwait, Bahréin y Jordania.

"La noche pasada no marcó ni el inicio de una guerra a gran escala ni el final de la crisis. Reveló que tanto Irán como EE UU siguen siendo capaces de imponerse costes mutuamente, aunque ninguno ha encontrado la fórmula para transformar éxitos tácticos en ventajas estratégicas. Como sostenía el economista estadounidense Thomas Schelling, el poder reside en moldear los cálculos del adversario mediante la imposición de costes", asegura a LA RAZÓN el politólogo Ehsan Rahimi.

“Irán intenta elevar el precio político y estratégico de la presencia estadounidense en el Golfo, mientras Washington busca preservar la disuasión sin quedar atrapado en una escalada prolongada. Como señaló el que fuera secretario de Estado de EE UU Henry Kissinger, el éxito duradero depende de convertir el poder militar en un nuevo equilibrio político. La verdadera batalla se libra hoy en las percepciones, las alianzas regionales y la capacidad de influir en las decisiones del adversario”, concluye el historiador e investigador doctoral de la Universidad de Alicante.

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