World News

«Ha venido a un lugar que muchos prefieren ignorar»

Faustin casi no se lo creía cuando le dijeron que el Papa podía visitar su parroquia. Aunque la realidad es que él, como agustino, ya conocía a Robert Francis Prevost. Aún así, lo primero que pensó es que había que limpiar las paredes de la iglesia de San Agustín, en el Raval de Barcelona. El templo está en un barrio duro, ruidoso, lleno de vida y de heridas. Un lugar donde habita la inmigración, la pobreza, la droga, la prostitución… y también la comida repartida a diario, la ropa entregada los miércoles y las personas que llegan buscando papeles, trabajo o simplemente un sitio donde alguien les mire a los ojos. Hasta allí llegó ayer León XIV.

El Papa se ha reunido en San Agustín con realidades de caridad y asistencia diocesanas, en un encuentro que ha puesto el foco sobre una Barcelona que no siempre aparece en los discursos oficiales. “El Papa venido a un lugar humilde, casi ignorado en la ciudad”, explica Faustin. “Para mí es muy importante, porque está llegando a los más humildes”.

San Agustín no es una parroquia al uso. En realidad, dentro del mismo edificio conviven dos comunidades. Por un lado, la parroquia de San Agustín, que atiende sobre todo a fieles de habla castellana y catalana, españoles y muchos inmigrantes latinoamericanos. Por otro, una gran comunidad filipina que llena la iglesia cada domingo con varias misas en tagalo y una en inglés.

“Los filipinos tienen tres misas los domingos y llenan toda la iglesia”, cuenta Faustin. El templo puede acoger a unas 460 personas sentadas, pero en esas celebraciones llegan a entrar unas 600. También hay latinoamericanos de Paraguay, Bolivia, Perú, Ecuador, Chile y otros países. Muchos han formado cofradías y conservan en la parroquia la devoción a los patronos de sus lugares de origen. “Les he dado una capilla a cada uno para que pongan el patrón de su país”, explica.

Por otro lado, la labor social de la parroquia va desde lo más burocrático hasta lo más elemental. “Trabajamos para ayudar a los inmigrantes a que logren tener sus identificaciones aquí en España”, resume Faustin. Asimismo, en los salones parroquiales trabajan las Misioneras de la Caridad, las religiosas fundadas por Teresa de Calcuta. Cada día cocinan y dan de comer a más de 400 personas. Además, una fundación vinculada a la parroquia reparte alimentos y recoge ropa para personas que viven en la calle.

El encuentro, recuerda, no se ha organizado únicamente para mostrar lo que hace San Agustín. La iniciativa, impulsada por el cardenal Juan José Omella, ha querido reunir al Papa con responsables de entidades sociales, Cáritas, comedores, fundaciones y proyectos de asistencia de Barcelona y Cataluña.

Ahora, con la visita del Papa al Raval, el párroco reconoce que se siente “muy animado a continuar haciendo mi misión aquí, aunque a veces sea difícil”. “Para mí es muy importante porque ha llegado a los más humildes”, repite.

Читайте на сайте