El «todo incluido» cambia de piel: del cóctel infinito al yoga matutino
Ha llegado el momento de las vacaciones y son muchos los que ya cuentan las horas para disfrutar del verano y los beneficios del «todo incluido». Pero, ¿y si la verdadera barra libre ahora fuera de matcha, café de especialidad o pilates al amanecer? ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?.
Lejos de ser una moda más, el turismo de bienestar no para de crecer. No hace tanto tiempo, el perfil habitual del viajero del all inclusive era el de alguien que exprimía al máximo el buffet y la carta de cócteles a cualquier hora del día; sin embargo, las preferencias de las nuevas generaciones parecen haber dado un giro rotundo. El informe Future of Wellness 2025, elaborado por McKinsey & Company, lo deja aún más claro y asegura que la generación Z y los millennials son quienes más invierten en bienestar y quienes muestran un mayor interés por experiencias relacionadas con el deporte, el descanso, la alimentación saludable y la salud mental. Para ellos, el autocuidado ya no es algo ocasional, sino una forma de entender el día a día. Las rutinas interminables y las horas extra en la oficina también han contribuido a esta tendencia. Muchas veces, las responsabilidades diarias impiden encontrar tiempo para uno mismo, pausar y regalarse. Quizá por eso las vacaciones se entienden ahora como el escenario perfecto para entrenar, descansar de verdad, abrazar el slow living y disfrutar de una gastronomía tan cuidada como consciente. Y es que hoy, tener el privilegio de cuidarse se ha convertido en el mayor de los lujos.
Como respuesta, las grandes firmas de la hotelería premium han sabido interpretar y aprovechar esta nueva demanda. Resorts internacionales como Six Senses, Aman, SHA Wellness Clinic o Club Med llevan años demostrando que el bienestar ha dejado de ser un servicio complementario para convertirse en uno de los grandes pilares de la experiencia vacacional. En Madrid, por ejemplo, este verano hemos sido testigos de colaboraciones como la de Bless Hotel Madrid con KO Urban, o la de Club Med con Fitísimo Concept y La Vida Pádel, vínculos necesarios para satisfacer las tendencias actuales. En esta línea, Daniela Marín, Marketing Project Manager de Club Med España, asegura que en los últimos años se ha producido una evolución evidente en la manera de viajar: «el descanso ya no se entiende únicamente como una desconexión pasiva, sino como una oportunidad para dedicar tiempo a uno mismo, sentirse bien y volver renovado física y mentalmente».
En este contexto, el deporte se ha integrado plenamente en la experiencia vacacional. Los viajeros buscan actividades que les permitan mantenerse activos, descubrir nuevas disciplinas o, simplemente, conectar con el entorno desde una perspectiva diferente. Desde Club Med confirman este interés creciente por unas vacaciones donde el bienestar, el movimiento y la naturaleza forman parte del ADN del viaje: en sus hoteles hay quienes madrugan para hacer power walking, mientras que otros se atreven a lanzarse por el trapecio por primera vez.
«Ya sea practicando pádel frente al mar, haciendo yoga al amanecer o emprendiendo una ruta de senderismo en la montaña, el deporte aporta bienestar, conexión con el destino y una sensación de equilibrio que encaja perfectamente con las expectativas del viajero actual», recalca Marín.
Como bien concluye la directiva: «la clave está en la flexibilidad y en entender que no existe una única forma de viajar. Una misma persona puede tener expectativas totalmente distintas según el momento del día o la etapa de sus vacaciones». Al final, el verdadero lujo contemporáneo ya no consiste en elegir entre el disfrute o el descanso, sino en encontrar la armonía entre ambos. Para muchos, la imagen del verano seguirá siendo el cóctel junto a la piscina, mientras que para otros lo será la esterilla frente al mar antes del desayuno. El all inclusive no ha desaparecido; simplemente ha cambiado de forma.