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Josh Wink: inventor del subidón y banda sonora de los canis

La influencia del DJ y productor estadounidense Josh Wink en el sur de España se puede comparar a la de un terremoto. Nacido en Filadelfia en 1970, fue el mayor detonante de la fiebre del breakbeat andaluz a finales de los años noventa, un estilo febril y trepidante que enganchó por completo a la juventud de la época. A finales del milenio fue uno de los principales impulsores del sonido electrónico en los Estados Unidos, inyectando energía tribal y experimental a la escena.

Su gran himno es «Higher state of consciousness» (1995), donde marida acid house y el techno de manera magistral, sobre todo en su remezcla más famosa, «Tweekin acid funk», que cabalga sobre una atronadora línea de sintetizador reforzada con ritmos rotos (breaks). Para muchos, supuso el nacimiento de una religión musical, que fue mayoritaria durante varios años en el sur de España. La euforia creciente basada en percusiones existe desde la noche de los tiempos, pero con este temazo legendario Wink sintetizó el subidón moderno.

Banda sonora de los canis

El breakbeat fue la banda sonora de la cultura cani, aquellos adolescentes a lomos de una vespino que llamaban la atención por sus peinados de cenicero y sus ganas infinitas de fiesta. Combinaban a Wink con The Prodigy, que fueron una especie de Rolling Stones de la generación Playstation. En los alrededores del Guadalquivir, los canis se reunían como tribus de la noche y solo madrugaban para acudir al mercadillo de la Alameda de Sevilla a conseguir casetes piratas de «Music for the jilted generation» (1995), atribuidos a 2The Prodiyi» con letras de Olivetti fotocopiada.

Tanto la discográfica como diversos clubes recibieron con reparos «Higher state of consciousness», debido a su extrema agresividad sónica y a su estructura anticomercial. El himno rompía con los estándares de la música de club de la época por su ensordecedora línea de Roland TB-303. Wink utilizó dos sintetizadores analógicos sin modificar para crear un clímax que subía hasta frecuencias chirriantes y estridentes. Era un latigazo que resultaba ácido para los oídos y que hacía incluso temer por los altavoces. Algunos promotores pensaban que el sonido era demasiado irritante, por lo que podia provocar «malos viajes» o poner a la pista de baile en un estado de caos y tensión excesiva, en lugar de invitar al baile fluido. Wink publicó la pieza como una cara b: quería que llegara solo a quienes realmente la buscaran. Al final fue un éxito en media Europa y se considera seminal en el movimiento Big Beat, de enorme impacto en los noventa y dosmiles. El primer gran éxito de Fatboy Slim, «Everybody Needs a 303», es un tributo directo o una versión «2.0» del sonido «Tweakin’ acid funk» de Wink. Los superventas The Chemical Brothers adoptaron las modulaciones psicodélicas y distorsionadas típicas de Wink, añadiendo baterías cargadas de groove hip-hop en sus producciones. The Prodigy también bebieron de su sonido duro y distorsionado y hasta le encargaron una remezcla de «Smack my bitch up».

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