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La arquitectura de una Unión que crece: Bruselas se prepara para una nueva ampliación

Tras 13 años sin una sola adhesión al bloque comunitario, la maquinaria de la Unión Europea ha comenzado, desde hace unos meses, a moverse con una agilidad inusual, impulsada por un nuevo escenario geopolítico que no deja margen para demoras.

La comisaria de Ampliación, Marta Kos, ha marcado el paso de este nuevo ciclo al confirmar que la Comisión presentará próximamente propuestas concretas sobre cómo preparar a los Veintisiete para una unión más amplia.

Este anuncio no es solo un trámite administrativo: supone asumir que el marco con el que la Unión ha gestionado sus ampliaciones debe adaptarse a una nueva realidad. La propia Kos ha advertido de que la metodología que se sigue aplicando conserva elementos del modelo utilizado hace ya 40 años, cuando España y Portugal se incorporaron al bloque. Así, la posibilidad de sumar varios países en los próximos años ha reabierto un debate que llevaba tiempo sobre la mesa: cómo evitar que una Unión de más de 30 miembros quede paralizada por sus propias reglas.

Montenegro, el que más cerca está

Montenegro se ha consolidado como el candidato con mayores posibilidades de culminar el proceso a corto plazo. Con el lema "28 para 2028", el pequeño país balcánico ha conseguido que Bruselas pase a la siguiente fase: en abril, la UE creó un grupo de trabajo para redactar su tratado de adhesión, algo que no sucedía desde hacía 17 años.

Montenegro ya ha abierto los 33 capítulos de negociación y, aunque todavía enfrenta retos -como consolidar sus reformas judiciales o combatir la corrupción-, sigue siendo el candidato más avanzado y el único que aparece actualmente con una posibilidad realista.

Desde el punto de vista económico, la Comisión ha intentado calmar los ánimos de los Estados más preocupados por el coste de la ampliación señalando que integrar a Montenegro costaría un euro por habitante de la UE al año, una cifra que Bruselas califica de "modesta" para el retorno que supone en estabilidad regional.

Ucrania y Moldavia

En paralelo, el pasado 14 de julio, Ucrania y Moldavia avanzaron en sus respectivos procesos de adhesión al abrir un nuevo bloque de negociaciones centrado en las relaciones exteriores, que incluye cuestiones de política exterior, seguridad y defensa.

Para Kiev, la entrada en el club comunitario ha dejado de ser una aspiración económica para convertirse en una cuestión de seguridad frente a la agresión rusa. Se trata de una visión compartida por Bruselas, que vincula la futura arquitectura de seguridad del continente con la adhesión de Ucrania, que se ha convertido en una potencia militar en los últimos años.

Estos avances han sido posibles, en parte, gracias al giro político en Hungría. El nuevo Gobierno ha abandonado algunos de los bloqueos que caracterizaron la etapa del prorruso Viktor Orbán y permitió avanzar en julio en la apertura del nuevo bloque de negociación para Ucrania y Moldavia.

Sin embargo, la expansión tiene otra cara que genera inquietud en varias capitales europeas. El ingreso de nuevos socios obligará a revisar la distribución de sus principales partidas.

La entrada de países con una renta per cápita significativamente inferior a la media de la UE y con grandes necesidades de reconstrucción provocaría un cambio en la asignación de los fondos de cohesión. Regiones de miembros como España, Italia o Grecia, que son a día de hoy receptoras de fondos de cohesión, podrían ver cómo gran parte de su financiación se destina para financiar la adhesión de los nuevos miembros.

Otras capitales, como París, Berlín o La Haya, temen que una ampliación acelerada reproduzca en una Unión más grande los bloqueos políticos provocados recientemente por el uso del veto.

Fórmulas innovadoras

Para reducir estos riesgos, la Comisión y varios Estados miembros han puesto sobre la mesa fórmulas de "integración gradual" que permitan a los candidatos incorporarse progresivamente a determinadas políticas de la Unión antes de su adhesión plena. Entre las propuestas planteadas por Francia, Alemania, Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo figura también la posibilidad de establecer límites temporales al derecho de voto de los nuevos miembros en determinadas materias.

El final de 2026 se presenta como un momento decisivo para este proceso. El debate sobre cómo reducir el peso de la unanimidad y el paso a mayorías cualificadas ha cobrado una nueva urgencia. Si una Unión de 27 miembros ya sufre para alcanzar acuerdos rápidos en algunas materias, una de 30 o más exigirá probablemente una reforma de sus mecanismos de decisión.

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